¿Por qué Europa no logra superar su déficit de inversiones?

No parece que Europa vaya a colmar pronto su déficit de inversión

Euractiv
¿Por qué Europa no logra superar su déficit de inversión?
¿Por qué Europa no logra superar su déficit de inversión? [(Fotografía de Thierry Monasse/Getty Images)]

Bruselas (Euractiv.com/.es) – Los debates de los responsables políticos sobre el «déficit de inversión» de Europa recuerdan a menudo a una pareja que discute sobre reparar un tejado con goteras: todos están de acuerdo en que hay que hacer algo, pero nadie tiene ideas prácticas sobre cómo arreglarlo.

Pero, ¿qué es exactamente ese déficit de inversión? ¿Por qué es tan frustrante superarlo? ¿Y cuáles son las perspectivas de que Europa pueda impulsar significativamente la inversión en los próximos años?

Este artículo intenta responder a todas estas preguntas:

  • Las necesidades de inversión de Europa son enormes: se habla de billones de euros.
  • Es probable que los responsables políticos de la UE se equivoquen al centrarse en impulsar la inversión privada.
  • Hay muy pocas perspectivas de que Europa cubra pronto su déficit de inversión.

¿Por qué todo el mundo habla de ello?

Hay varias razones, pero la principal es que la economía europea no va muy bien o, al menos, en muchos aspectos le va bastante peor que a China y Estados Unidos.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la producción total de la Unión Europea creció sólo un 1,1% el año pasado: menos de la mitad que la de Estados Unidos y poco más de una quinta parte que la de China.

La UE se enfrenta además a numerosos obstáculos estructurales que sugieren que seguirá siendo una economía rezagada en el futuro inmediato. Entre ellos figuran los elevados precios de la energía, la debilidad de la demanda interna y externa, las baratas exportaciones chinas y, por supuesto, un presidente estadounidense amante de los aranceles.

A esos problemas económicos se suma la urgencia cada vez mayor de combatir el cambio climático, la necesidad de no quedarse atrás en ámbitos de investigación punteros como la inteligencia artificial y los problemas de seguridad exacerbados por la guerra que Rusia libra  en Ucrania.

«La Unión Europea necesita avanzar en la transformación ecológica, la digitalización de la economía y el refuerzo de su defensa militar», escribieron el año pasado economistas del Banco Central Europeo.

«Eso requiere mucha más inversión que en el pasado», agregaron.

¿De cuánto dinero estamos hablando?

No hay una cifra precisa y generalmente acordada. Pero todo el mundo admite que es mucho dinero.

Los economistas del BCE calculan que Europa debería gastar 5,4 billones de euros más entre 2025 y 2031, lo que equivale a unos 771.000 millones de euros al año.

Mario Draghi, ex presidente del BCE, sugirió el año pasado que Europa debe aumentar sus inversiones ecológicas, digitales, en defensa y en investigación en al menos 750.000-800.000 millones de euros al año.

Sin embargo, el propio Draghi señaló que esta cantidad -equivalente al 4,4-4,7% del PIB anual de la UE- es casi con toda seguridad una «estimación conservadora», en la medida en que no incluye fondos para la adaptación al cambio climático, la recalificación de la mano de obra europea o el refuerzo de la seguridad económica del bloque.

De hecho, otros estudios independientes indican que exclusivamente la adaptación al clima y su mitigación podrían costar hasta 1,6 billones de euros al año.

En definitiva, parece que las necesidades de inversión de Europa podrían acercarse más a 1-2 billones de euros, en lugar de 750-800.000 millones, e incluso podrían ser sustancialmente superiores.

¿Se trata de dinero privado o público?

En esto no hay un consenso generalizado sobre cómo repartir esta carga de inversión entre el sector privado y el sector público. Es probable, sin embargo, que la mayor parte de las necesidades de inversión de Europa tengan que correr a cargo de empresas privadas.

Hasta la fecha, el 80% de las necesidades básicas de inversión de los países han sido cubiertas por el sector privado, mientras que el 20% han procedido del sector público.

Sin embargo, y como ha señalado Draghi, las simulaciones del FMI y de la Comisión Europea sugieren que el coste actual del capital privado en Europa es de cerca de 250 puntos básicos (o 2,5 puntos porcentuales) demasiado alto para que este reparto «80-20» sea factible.

Eso significa que, en el caso de Europa, el reparto de la inversión podría acercarse más al 50-50, con un 50% del dinero procedente cada uno de los sectores público y privado.

En otras palabras, los gobiernos de la UE podrían tener que desembolsar (al menos) 400.000 millones de euros más al año: bastante más que el PIB anual combinado de Lituania, Letonia, Estonia, Malta, Chipre y Luxemburgo.

Los funcionarios de la UE confían en que la carga financiera del sector público no sea tan grande. De hecho, dado que el BCE está bajando los tipos de interés y que la integración de la Unión de Mercados de Capitales (UMC), estancada desde hace tiempo, está cobrando impulso, cabe pensar que este deseo se basa, al menos parcialmente, en la realidad.

Sin embargo, los analistas siguen mostrándose escépticos ante la posibilidad de que estos factores reduzcan el coste del capital privado lo suficiente como para mantener el tradicional reparto 80-20.

En palabras de Maria Demertzis, analista de The Conference Board, un grupo de reflexión: «No va a ocurrir»

¿Cuál es la estrategia de la Comisión para impulsar la inversión?

A pesar de las repetidas exhortaciones de Draghi sobre la importancia de la financiación pública, en los últimos meses Bruselas se ha centrado sobre todo en colmar el déficit de inversión a través del sector privado.

Para subrayar este punto, la tan cacareada «Brújula de la competitividad» del ejecutivo de la UE, publicada el mes pasado, se centra en gran medida en la generación de inversión privada adicional mediante la «reducción de la burocracia» y la integración de la UMC del bloque.

Sin embargo, el plan – descrito por Ursula von der Leyen como la «estrella polar» de la nueva Comisión – no contiene prácticamente ningún detalle sobre cómo debe Europa impulsar la inversión pública.

«Subraya que se necesita dinero público y privado, pero la mayor parte de la parte dedicada a la financiación se limita a debatir [cómo] debemos atraer el dinero privado», asegura Zsolt Darvas, investigador principal del «think tank» Bruegel, con sede en Bruselas.

Por otro lado, Darvas advierte de que el hecho de que Bruselas se centre en atraer dinero privado constituye un grave defecto en el plan de financiación global de la Comisión.

«A partir de esta estrategia, veo una pequeña esperanza de que se pueda cerrar una parte considerable del déficit de inversión», comenta..

Por su parte, Demertzis alerta de que los efectos de la desregulación y la integración en la UMC tardarán muchos años en notarse, mientras que las necesidades de inversión de Europa son urgentes.

«Toda la agenda de reformas, incluida la UMC y similares, son bienvenidas – pero no se puede hacer de inmediato (…) no es para ya mismo», subraya.

¿Cuál es el problema del dinero público?

Hay varias razones que explican la reticencia de la Comisión a presentar planes detallados de inversión pública adicional, pero la principal es la frugalidad.

Como han señalado en repetidas ocasiones funcionarios de varios socios comunitarios, entre ellos de Países Bajos y Alemania, muchos miembros del bloque ya sufren elevados déficits presupuestarios y violan ipso facto las nuevas y estrictas normas fiscales del bloque.

Ocho países, entre ellos grandes economías como Francia e Italia, son actualmente objeto de un «procedimiento de déficit excesivo«, o amonestación formal, por parte de la Comisión por rebasar el umbral presupuestario del 3% del PIB anual.

Sin embargo, los analistas restan importancia a la idea de que los Estados miembros de la UE están tan endeudados que carecen de capacidad fiscal para cubrir las necesidades de inversión de Europa.

«Desde el punto de vista fiscal, debería ser sostenible», comenta Darvas, al tiempo que añade que los estudios académicos demuestran que el necesario aumento de la inversión pública «no provocará una subida vertiginosa de los tipos de interés».

«Desgraciadamente, las nuevas normas fiscales no son realmente favorables a la inversión», subraya.

Otra motivo para que Bruselas se centre en el dinero privado es que su principal fuente de fondos públicos – el fondo de recuperación de la pandemia COVID-19 «NextGenerationEU»- dotado con 800.000 millones de euros, expira en 2026.

Los socios más «frugales» rechazan de plano renovarlo.

El plan, que se financia mediante deuda suscrita conjuntamente por los Estados miembros, apunta a estimular las economías de los Estados miembros financiando inversiones ecológicas y digitales cruciales a cambio de reformas específicas.

Para agravar más el asunto de la presión fiscal, los Estados miembros tendrán que desembolsar cerca de  30.000 millones de euros al año para devolver la deuda acumulada a partir de 2028, lo que equivale aproximadamente a una quinta parte del presupuesto ordinario de la UE.

Muchos analistas, incluido Draghi, sostienen que renovar el plan NextGenerationEU es esencial para que Europa pueda superar su déficit de inversión.

«Una parte de la deuda común puede ser inevitable, pero es controvertida, aunque sólo se utilice para inversiones que aumenten la productividad en bienes públicos de la UE, entre ellos innovaciones punteras, defensa e infraestructuras energéticas transfronterizas», escribieron analistas del Centro para la Reforma Europea en un informe reciente.

¿Cuáles son las otras opciones?

Una posibilidad sería activar un fondo de defensa «optativo», suscrito mediante deuda conjunta a la que podrían adherirse países no miembros de la UE.

Darvas señala que activar un sistema de ese tipo podría ser «bastante viable», pero que no sería tan eficaz como NextGenerationEU, cuyo objetivo es impulsar la inversión en un abanico más amplio de ámbitos.

Otra posible opción son los «nuevos recursos propios», es decir, fuentes de ingresos adicionales para el presupuesto de la UE, generados a través de sistemas innovadores, entre ellos un nuevo impuesto sobre el carbono.

No obstante, Darvas también lo descartó por insuficiente. Aunque esos recursos podrían «ayudar marginalmente» en el futuro, en última instancia no supondrán una gran diferencia a menos que se amplíe el presupuesto ordinario -de siete años- de la UE, que sólo representa el 1% del PIB anual del bloque.

«La mayoría de estos nuevos recursos propios cambiarían la forma en que los países contribuyen al nuevo presupuesto, pero no modificarían realmente el importe global de los ingresos a menos que se aumente el techo de gasto del presupuesto de la UE«, explica el experto.

No obstante, Demertzis asegura que una forma para que Europa pueda satisfacer sus necesidades de inversión a corto plazo es aprovechando las capacidades del Banco Europeo de Inversiones (BEI).

El  BEI -el mayor prestamista multilateral del mundo- podría ayudar si se le permitiera realizar inversiones más arriesgadas que «atraigan» dinero privado, comenta.

«Si financian (el BEI) los tramos más arriesgados de proyectos interesantes, el dinero privado podría fluir, porque el dinero privado no quiere asumir riesgos», puntualiza.

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[Editado por Owen Morgan/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es]