Bratislava impone límites a las libertades civiles y "premia" a Fico

Bratislava dio este jueves una nueva vuelta de tuerca a la limitación de la libertad de los ciudadanos eslovacos después de que el Parlamento aprobara una nueva norma que limita notablemente la libertad de reunión.

/ EUROEFE EURACTIV
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Bratislava (Euractiv / EuroEFE).- Bratislava dio este jueves una nueva vuelta de tuerca a la limitación de la libertad de los ciudadanos eslovacos después de que el Parlamento aprobara una nueva norma que limita notablemente la libertad de reunión.

La Cámara dio luz verde a un polémico paquete de medidas legislativas, muy criticado por la oposición y por varias ONG, el cual, según defiende la coalición de gobierno, tiene por misión apuntalar la seguridad del país tras el intento de magnicidio en mayo pasado del primer ministro prorruso,Robert Fico (Smer).

Entre las medidas que contempla la nueva norma,  que entrará en vigor el próximo 15 de julio, figuran nuevos supuestos legales para desautorizar, prohibir o cancelar reuniones públicas.

Según la nueva ley, se prohibirán las reuniones frente a los domicilios. También se podrán prohibir las concentraciones públicas que se celebren cerca del domicilio de una persona cuya profesión o cargo esté directamente relacionado con el propósito de la concentración.

Entre otras, la ONG Amnistía Internacional criticó duramente la nueva norma.

«Este proyecto de ley presenta las reuniones públicas o protestas como una amenaza para el orden público y la seguridad. En lugar de facilitar el derecho a la protesta, el gobierno ha decidido restringirlo», advirtió Radoslav Sloboda, director de la rama eslovaca de la ONG.

Otros motivos para prohibir las manifestaciones son la posible vulneración del derecho a la intimidad y al disfrute pacífico del hogar.

También se prohibirán  las concentraciones si existe riesgo de enfrentamientos entre participantes en actos que compitan entre sí.

La nueva legislación también establece que los tres altos cargos del Estado -el presidente, el presidente del Parlamento y el primer ministro- deben tener derecho a un alojamiento «adecuadamente equipado» proporcionado por el Ministerio del Interior.

Además, los presidentes del Parlamento y los primeros ministros que ejerzan más de dos mandatos electorales completos tendrán derecho a un sueldo vitalicio y a guardaespaldas.

Este punto fue especialmente cuestionado al considerar la oposición que fue redactado “a la medida” de Fico, el único político eslovaco que se ajusta a la descripción.

La nueva norma aprueba la contratación de personal de seguridad para todos los líderes de los partidos con representación parlamentaria, el Presidente del Tribunal Constitucional de Eslovaquia y el Fiscal General.

Temor a un «Estado policial»

La polémica norma se enfrenta al firme rechazo de la oposición, de ONGs y de expertos juristas. La coalición gobernante ha tenido que dar marcha atrás en varias propuestas cuestionadas por la Fiscalía General, el Defensor Público de los Derechos y la Asociación Eslovaca de Ciudades y Comunidades (ZMOS).

Durante un debate celebrado el pasado sábado en la radiotelevisión estatal, RTVS, el ministro de Defensa, Robert Kaliňák (Smer-SD), afirmó que la nueva ley mejorará la seguridad en Eslovaquia.

En cuanto al sueldo vitalicio a Fico, consideró que la norma fue redactada en términos generales y no mencionaba ningún nombre concreto.

«Tenemos esta costumbre en el caso del presidente, así que no veo por qué no podría ser el caso de los primeros ministros que llevan mucho tiempo en el cargo», argumentó Kaliňák.

Mária Kolíková, ex ministra de Justicia y diputada de la oposición del partido liberal SaS, rechazó los argumentos de Kaliňák y expresó su temor a que el país se vea envuelto en «un Estado policial».

La norma «tal y como fue presentada, está redactada de manera interesada y allana el camino hacia un Estado policial. No tiene nada que ver con la mejora de la seguridad. Fue un error no sentarse en una mesa común (para debatir el contenido de la norma)», sostuvo Kolíková.

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Editado por Fernando Heller