Crece la tensión en la Europa balcánica por el estatus de Kosovo

EUROEFE EURACTIV
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Belgrado (Euractiv)/(EuroEFE).- La votación sobre la solicitud de adhesión de Kosovo al Consejo de Europa (CdE)  ha destapado numerosas tensiones y delicados equilibrios geopolíticos en la Europa balcánica, además de poner más piedras en el camino en los intentos de la Unión Europea (UE) por calmar las tensiones en la convulsa región.

El primer paso de Kosovo en el proceso de adhesión al CdE se aprobó con 33 de los 46 votos a favor, suficientes para remitirlo a la Asamblea Parlamentaria para su tramitación.

Pero Serbia ha acusado al CdE de violar los procedimientos al aceptar la solicitud de Kosovo, y ha prometido cambiar su postura en relación con Ucrania por su abstención en la votación, así como sobre otros países que no siguieron su línea.

Entre ellos están Grecia y Eslovaquia, que no reconocen la independencia de Kosovo de Serbia en 2008 pero decidieron no participar en la crucial votación, lo que apunta a una postura más blanda hacia el CdE y la UE.

¿KOSOVO, UN “ESTADO”?

El paso de Kosovo de cara a su adhesión al CdE fue muy celebrado, salvo en Belgrado. El ministro serbio de Asuntos Exteriores, Ivica Dacic, se apresuró a alegar que se violó el Estatuto del Consejo de Europa, ya que, en su opinión, ”algo que no es un Estado no puede ser miembro de la organización”.

«Esta decisión representa definitivamente el ‘crepúsculo’ de los estatutos del Consejo de Europa porque es la primera vez que se hace una petición para un territorio que no es un Estado y que no está reconocido por Naciones Unidas», subrayó Dacic.

El ministro agregó que Serbia cambiaría su línea en política exterior, sobre todo con los países que se abstuvieron o votaron a favor de Kosovo.

Montenegro, por ejemplo, “podría abstenerse y mostrar cierto respeto hacia nuestros problemas. Montenegro apoyó la candidatura de Kosovo. Necesitarán nuestro voto, pero ya no deben esperar un enfoque positivo por nuestra parte», declaró Dacic.

LA POSTURA DE UCRANIA

Ucrania también está bajo la lupa de Belgrado por su abstención con Serbia.

«Serbia condena la violación de la integridad territorial de Ucrania en todas las resoluciones, y cuando se trata de la nuestra, se frenan (Ucrania), lo que afectará a (la postura de Belgrado) con ese país, porque la política exterior se basa en la reciprocidad», subrayó Dacic.

El delegado de Ucrania en el CdE, Oleksiy Goncharenko, pidió en octubre de 2022 que Kosovo se convirtiera en miembro de pleno derecho de la organización, y añadió que también debería ser reconocido como país independiente.

«Kosovo debería ser reconocido por todos los países del Consejo de Europa… Les hago un llamamiento, por favor, reconozcan a este país como un Estado independiente por el que lucharon por su futuro y su independencia. Deberían sentarse aquí con nosotros, formar parte del Consejo de Europa, y sólo así seremos más fuertes, y este país también florecerá», declaró ante el pleno.

Ucrania es uno de los países que no reconocen la independencia de Kosovo, sobre todo por sus disputas territoriales internas.

En el ámbito de la UE, los únicos países que no han reconocido la declaración de independencia de Kosovo de Serbia en 2008 tras la guerra de 1998-1999 son España, Grecia, Eslovaquia, Chipre y Rumanía, todos por diferentes motivos.

¿UN CAMBIO DE POSTURA?

Pero ese grupo de países se dividió en la votación sobre Kosovo, y mostró por primera vez una tendencia al cambio. Por ejemplo, la abstención de Grecia sugiere una suavización de la postura, quizá tras una serie de recientes visitas de alto nivel de funcionarios estatales a Pristina.

En cambio, Hungría votó en contra.

Hungría reconoce la independencia de Kosovo, pero sus roces crecientes con la UE, unidos a lo que algunos perciben como “simpatía” con Rusia y Serbia, deja dudas sobre su línea futura en este asunto.

En enero de 2023, el ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Peter Szijjarto, anunció que «Hungría votará en contra de la adhesión de Kosovo a todas las organizaciones europeas hasta que se llegue a un acuerdo con Serbia».

Por su parte, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Kosovo, Petrit Selimi, calificó la postura húngara de «lamentable» y «mala noticia», al tiempo que elogió la abstención de otros países no reconocidos.

Dacic dio las gracias a Hungría porque, según dijo, es un gran problema que alguien que reconoció a Kosovo vote en contra junto con Azerbaiyán y, Georgia, Armenia. También señaló que España, Chipre y Rumanía se mantuvieron en su postura.

LA GRAN DECEPCIÓN

La «gran decepción» a ojos de Belgrado vino de Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Grecia, Eslovaquia y otros países que cambiaron de actitud absteniéndose en la votación.

«Montenegro podría haber mostrado un poco de respeto por nuestros problemas, después de esto, no podrán contar con nuestro voto, al igual que los que se abstuvieron», enfatizó Dacic.

En el caso de Grecia, un alto funcionario del ministerio serbio de Asuntos Exteriores declaró a EURACTIV.gr el pasado enero que el país mediterráneo ha sido, en los últimos años, uno de los partidarios «más ligeros» entre quienes no reconocen a Kosovo.

La abstención de Atenas irritó especialmente a Belgrado, sobre todo teniendo en cuenta que la presidenta griega, Katerina Sakellaropoulou, aseguró recientemente que la postura de su país sobre Kosovo se mantiene «constante y sin cambios», tras una reunión con su homólogo serbio, Aleksandar Vucic.

Sobre la afirmación de Dacic de que Serbia cambiará su actitud respecto a Ucrania, Vucic subrayó que la relación no cambiará por un voto, pero «si alguien no respeta nuestra integridad territorial, nosotros tampoco respetaremos la suya».

“No somos un país que vaya a cambiar todas sus relaciones con el mundo entero en un día o una noche por culpa de un voto. Hubo decepción. Quiero informarles de que los representantes ucranianos pidieron un receso y decidieron abstenerse en la cuestión de la integridad territorial de Serbia», aseguró.

En una entrevista con EURACTIV-Serbia en enero pasado, Dacic insinuó por primera vez que Belgrado podría cambiar de rumbo e imponer sanciones a Rusia.

Otro dato que podría apuntar a que la postura sobre Rusia, considerada como el aliado tradicional de Serbia, puede estar cambiando, es que la primera ministra serbia, Ana Brnabić, habló el mismo día de la «agresión rusa contra Ucrania», una expresión que Serbia no utilizaba anteriormente.

Para Dacic, la secuencia de los acontecimientos en el CdE evidencia que no fue un procedimiento normal porque se trataba de recompensar a Pristina por algo que, al parecer, Alemania prometió al primer ministro de Kosovo, Albin Kurti.

«¿Por qué el CdE no ha declarado que hay que formar la Asociación de Municipios Serbios que Catherine Ashton firmó en nombre de la UE?», se preguntó Dacic, al tiempo que añadió que Kurti condicionó a Occidente (acerca) de las conversaciones sobre la Asociación de Municipios Serbios, lo que es –dijo- «ridículo, hipócrita, y grosero».

«Debemos continuar el diálogo, no dictar los intereses de Pristina […] Existe la posibilidad de que el presidente tome la decisión de participar el jueves en nombre de Serbia en la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Kosovo», subrayó Dacic.

Editado por F.Heller