Los derechos LGTBIQ+, contra las cuerdas en Europa del Este
Los derechos del colectivo LGTBIQ están cada vez más bajo presión en los socios de la UE que pertenecían al ex bloque del Este, con amenazas constantes a sus derechos con nuevas normas aprobadas por sus gobiernos prorrusos.
Bratislava / Budapest (Euractiv/EuroEFE).- Los derechos del colectivo LGTBIQ están cada vez más bajo presión en los socios de la UE que pertenecían al ex bloque del Este, con amenazas constantes a sus derechos con nuevas normas aprobadas por sus gobiernos prorrusos.
Tras la reciente aprobación por Georgia de una polémica norma contra los derechos del colectivo LGTBIQ+ un número creciente de Estados post soviéticos de la UE, entre ellos Eslovaquia, Bulgaria y Hungría, parece que también se mueven en ese mismo sentido, lo cual ha provocado honda preocupación en Bruselas.
Pocas semanas antes de las elecciones parlamentarias del 26 de octubre, Tiflis aprobó una polémica ley anti-LGTBIQ+ que fue comparada con la represiva ley rusa de «propaganda gay».
La nueva ley georgiana, impulsada por el partido Sueño Georgiano, restringe la «propaganda sobre relaciones homosexuales y el incesto» en las escuelas y en la televisión, prohíbe la reasignación de género y prohíbe la adopción por parte de parejas homosexuales.
Georgia has approved a series of anti-LGBT amendments ahead of the country's parliamentary elections this month.
This legislation violates the basic rights of LGBT people. pic.twitter.com/NCVGNa0v9O
— Human Rights Watch (@hrw) October 6, 2024
Todas esas medidas han hecho saltar las alarmas de Bruselas y de las organizaciones internacionales de derechos humanos, que han advertido de que restringirán gravemente los derechos de las personas LGTBIQ.
Al adoptar esta legislación, Georgia se acerca un paso más a su vecino ruso y se aleja aún más de la UE, una dirección que contrasta fuertemente con las aspiraciones de la inmensa mayoría de la población georgiana.
Por otro lado, los derechos LGTBIQ+ están cada vez más amenazados en otros Estados post soviéticos del bloque europeo, entre ellos Eslovaquia y Bulgaria.
En agosto pasado, Bulgaria aprobó una ley propuesta por el partido prorruso Revival que prohíbe los programas educativos sobre «orientación sexual no tradicional» en las escuelas, desoyendo los llamamientos del Consejo de Europa y de activistas de la sociedad civil para que no se aprobara esa norma.
La Comisaria de Igualdad, Helena Dalli, escribió a la ministra búlgara competente en el caso, con una llamada de advertencia.
«A la Comisión Europea le preocupa cualquier acontecimiento que pueda poner en peligro la aplicación efectiva de la legislación de la UE, incluido el respeto de los derechos fundamentales consagrados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE», comentó la alta funcionaria.
At this year’s #G7 on #GenderEquality & Women’s Empowerment ministerial meeting I am addressing:
– gender-based violence
– strengthening victim support
– women’s empowerment #UnionOfEquality #G7 pic.twitter.com/HDNRZgaihm— Helena Dalli (@helenadalli) October 5, 2024
Por otro lado, el partido de extrema derecha SNS, en el gobierno eslovaco, ha presentado su propia ley anti-LGBTIQ+, que pretende establecer una definición clara de «orientación sexual no tradicional» y prohibir su «promoción» y la difusión de ideas relacionadas con ello en las escuelas, con multas que pueden llegar hasta los 30.000 euros.
Los políticos eslovacos se hicieron eco de los postulados de Sueño Georgiano, y citaron la necesidad de «proteger los valores morales tradicionales del país consagrados en la Constitución».
Por ahora la propuesta no ha prosperado por las continuas disputas en el seno de la coalición del primer ministro eslovaco, Robert Fico.
Un paralelismo con la ley de agentes extranjeros
A principios de este año, Georgia aprobó otra «ley de agentes extranjeros» al estilo soviético, la cual en última instancia desembocó en la suspensión de la candidatura para la adhesión de Georgia a la UE.
La Ley georgiana de Transparencia de la Influencia Extranjera, al igual que su homóloga rusa de 2012, exige que los medios de comunicación, las ONG y otras organizaciones sin ánimo de lucro se registren definiendo sus objetivos bajo la descripción «que persiguen los intereses de una potencia extranjera» si reciben más del 20% de su financiación del extranjero, lo que supone estigmatizarlas de hecho.
Tanto la ley anti-LGTBIQ+ como la de agentes extranjeros ya se han aplicado en Hungría, lo cual ha derivado en un duro enfrentamiento entre el primer ministro del país, Viktor Orbán, y Bruselas.
Como resultado de ello el partido Fidesz de Orbán tuvo que retirar la norma y ahora se enfrenta a acciones legales por parte de la Comisión Europea por la legislación anti-LGTBI+ del país magiar.
#HUN anti-money laundering regulations violate EU law, as they do not include information on the actual owners of private equity funds, according to the latest release of @Transparency_HU . Thus, the @EU_Commission initiated infringement proceedings against Hungary in July 2024
— TI Hungary (@Transparency_HU) September 17, 2024
Ello no ha sido impedimento para que Eslovaquia y Bulgaria intenten seguir su ejemplo, con su propia legislación contra la influencia extranjera actualmente en tramitación.
El proyecto de ley de Bratislava exigiría clasificar a las personas que reciban más de 5.000 euros anuales de financiación extranjera, mientras que Sofía ha fijado el umbral en 500 euros.
Aunque quedar por ver qué pasará en Bulgaria, Eslovaquia ha decidido suspender su propuesta ante la reacción negativa de la sociedad civil y las protestas de la UE y de varias ONG.
«Estamos trabajando en una nueva propuesta», comentó recientemente Peter Kmec (Hlas-SD/NI), Viceprimer Ministro para el Plan de Recuperación.
«La nueva legislación tendrá en cuenta las conclusiones relacionadas con el precedente húngaro», subrayó.
///
Editado por Fernando Heller