Tras sus primeros 100 días, Merz se enfrenta a múltiples retos, entre ellos su baja popularidad
Según una encuesta de Forsa publicada en junio, el 56% de los alemanes aprueba la nueva política de Merz en Asuntos Exteriores. Esa aprobación se extiende a otros partidos: casi dos tercios de votantes del SPD (75%) y un 71% de Los Verdes.
Berlín/Madrid (Euractiv.de/.es) – En comparación con la historia reciente, los 100 primeros días de mandato del canciller alemán, Friedrich Merz (CDU/PPE), que se cumplieron el miércoles, han sido un paseo, aunque uno de sus mayores retos, su escaso «tirón» popular, sigue pendiente.
Su predecesor, Olaf Scholz (SPD/S&D), se enfrentó a la invasión rusa de Ucrania a los 78 días de iniciado su mandato.
La excanciller Angela Merkel, que tuvo cuatro períodos distintos de 100 días durante sus 16 años de mandato, tuvo que lidiar con múltiples obstáculos, desde la crisis de la deuda griega hasta la anexión rusa de Crimea, pasando por la política «eurófoba» del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Pero eso no significa que los retos de Merz hayan sido menores desde que juró el cargo el 6 de mayo. La amenaza de Moscú sigue acechando, al igual que el malestar económico en Alemania por el bajo crecimiento, sumado al flujo constante de solicitantes de asilo, además de la tensión internacional por la guerra de Gaza.
Hasta la fecha, Merz ha abordado todos esos retos con declaraciones grandilocuentes, presentando no un programa de 100 días sino un «plan de acción inmediata», con la promesa de que a mediados de este año quedaría «claro para todo el mundo que Alemania avanza».
Después de haber cumplido, el miércoles, 100 días en el cargo, no hay consenso sobre si Merz logró sus objetivos.
Los polémicos 18 votos en el Bundestag
Merz prometió acabar con las luchas intestinas que desgarraron la anterior coalición tripartita «semáforo» (SPD, Verdes y Liberales del FDP).
Pero la coalición, integrada por la formación democristiana CDU (PPE) y el Partido Socialdemócrata SPD (S&D), cuenta con una de las mayorías más exiguas de la historia de la posguerra.
Merz necesitó un segundo intento en el Bundestag (Parlamento), algo sin precedentes, para ser elegido: tuvo 18 votos menos que la mayoría que logró en la primera votación, lo cual le dejó con seis diputados menos.
La votación secreta no aportó información sobre la motivación de los diputados rebeldes para rechazarle, pero no es ningún secreto en Berlín que su estilo polarizador y su débil gestión en varios expedientes sensibles le han granjeado muchos enemigos entre sus filas.
Su repentina decisión de relajar las estrictas normas alemanas de endeudamiento (el denominado «freno de la deuda» anclado en la Constitución), una desviación fundamental de la ortodoxia conservadora, no logró convencer a los frugales democristianos, y muchos diputados del SPD desconfían de su conservadurismo a ultranza.
No obstante, Merz no ha hecho muchos esfuerzos para cambiar su estilo de gobernar. Dio un giro histórico a la postura de Alemania (fiel aliado de Israel), tras cargar contra la operación militar de Tel Aviv en la Franja de Gaza e imponer, la semana pasada, las primeras sanciones alemanas al Estado hebreo desde la masacre terrorista del 7 de octubre de 2023, sin consultar al gabinete ni a sus diputados..
Tampoco logró aplacar una rebelión conservadora que frustró la elección de un juez liberal como jefe del Tribunal Supremo alemán, lo cual provocó el enfado del SPD.
El «hombre del billón de dólares»
Merz ha tomado medidas polémicas incluso antes de llegar oficialmente a la Cancillería, entre ellas cuando apostó por flexibilizar la ortodoxia fiscal que ha marcado hasta la fecha la política alemana desde la crisis financiera de 2008.
El límite constitucional de endeudamiento frenó durante años el margen de maniobra fiscal de la coalición de Scholz y contribuyó, en buena medida, a su fin.
El SPD y la CDU elaboraron antes de asumir el poder una reforma que exime del freno de la deuda al gasto en defensa superior al 1% del PIB, e impulsaron un fondo de infraestructuras dotado con 500.000 millones de euros, al margen del presupuesto ordinario.
El resultado de esas medidas es que Alemania se encamina a acumular una deuda récord de 850.000 millones de euros, -o un billón de dólares-, según los borradores presupuestarios del Gobierno, un tercio más que en los cinco años anteriores. Entre 2014 y 2020, Alemania no contrajo ninguna nueva deuda.
Gran parte de la nueva deuda se destinará a alcanzar el nuevo objetivo de gasto de la OTAN del 3,5% del PIB, seis años antes de la fecha límite de 2035, un giro notable para un país reticente al rearme y que tiene dificultades incluso para alcanzar el anterior objetivo de la Alianza Atlántica, fijado en el 2% del PIB.
Aunque todavía no se ha elaborado una estimación del impacto económico de las medidas, hay algunos primeros signos de optimismo. La confianza empresarial ha aumentado levemente desde la elección de Merz, lo cual confirmó una tendencia al alza, y las últimas encuestas prevén un crecimiento -aunque modesto- para el período 2025-26, tras dos años de recesión.
Sin embargo, los aranceles impuestos por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a las importaciones de la UE, especialmente a los automóviles, amenazan ahora a la economía alemana, muy dependiente de la exportación, al tiempo que numerosos expertos advierten de que el aumento del gasto no se ha visto acompañado de las necesarias reformas estructurales.
Merz, el «viajero»
En viajes al extranjero, Merz ha superado a todos sus predecesores: fue el primer canciller de la posguerra en visitar nueve capitales europeas en su primer mes en el cargo, y en visitar Polonia en su primer día en la Cancillería.
Según los analistas, se trata de señales claras de su deseo de recuperar el liderazgo alemán en Europa. En general, Merz ha cumplido con esas expectativas: siempre que Europa necesita coordinarse, está dispuesto a convocar y guiar a sus homólogos en el bloque comunitario.
Sin embargo, eso no siempre beneficia a Bruselas: Merz prefiere ejercer el liderazgo en pequeños círculos -generalmente con Reino Unido, Francia y a veces Polonia- en lugar de trabajar con las pesadas instituciones de la Unión Europea (UE).
No obstante, las buenas intenciones no siempre se traducen en resultados: la amistad de Merz con el presidente francés, Emmanuel Macron, y su matrimonio de conveniencia con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (CDU/PPE), ya se han topado con obstáculos políticos.
Polémico rechazo de solicitantes de asilo
En los primeros 100 días de Merz, Alemania ha devuelto a casi 500 solicitantes de asilo que intentaban entrar al país. En total, cerca de 23.000 personas solicitaron asilo en lo que va de año, lo cual hace que la prometida Migrationswende (giro en la política migratoria) parezca un simple anuncio.
Durante la campaña electoral, Merz prometió cerrar la frontera a todos los refugiados, al hilo de varios atentados, algunos protagonizados o relacionados con solicitantes de asilo cuyas demandas fueron rechazadas. La medida entró en vigor en su primer día en el cargo, pero hasta la fecha no se han notado muchas diferencias.
Sin embargo, el gobierno de coalición está redoblando esfuerzos para bajar las cifras de la inmigración irregular que impulsó el anterior Ejecutivo de Scholz.
La nueva política exterior alemana
Según una encuesta del instituto Forsa publicada en junio, el 56% de los alemanes aprueba la nueva política de Merz en Asuntos Exteriores. Esa buena nota se extrapola a otros partidos: casi dos tercios de votantes del SPD (75%) y un 71% de Los Verdes.
De hecho, la prensa alemana ha apodado a Merz el Außenkanzler, una amalgama entre ministro de Asuntos Exteriores y canciller federal, por su prolífica diplomacia.
Se especula con que la astucia de Merz para tratar a Trump tiene parte del mérito de la decisión del presidente estadounidense de permitir que los europeos compren nuevas armas para Ucrania, y todo ello a pesar de que el canciller no cumplió su promesa electoral de entregar misiles de crucero Taurus de fabricación alemana a Kiev.
Su reciente decisión de limitar las exportaciones de armas a Israel supuso otro cambio drástico respecto a la anterior posición de Berlín, aunque acompaña la postura de la opinión pública: el 73% de los alemanes respalda establecer algunas limitaciones a la entrega de armas a Tel Aviv.
Sin embargo, el mayor problema de Merz no ha cambiado en estos primeros 100 días: le cae mal a muchos alemanes.
Su bajo nivel de aceptación es mayor ahora que en los 100 primeros días de Scholz: un 65% frente a un 40%, según la última encuesta de Deutschlandtrend.
Uno de los principales motivos son sus numerosos titubeos y cambios de opinión, sobre todo la reforma del «freno de la deuda», que los sectores más críticos de la CDU consideran una promesa incumplida (no tocar esa política). Su muchas veces errática gestión de la coalición con el SPD ha alimentado algunas dudas previas acerca de sus dotes de liderazgo.
Por ello, sus vaivenes han ensombrecido parcialmente su sólida trayectoria política y le han hecho perder buena parte del apoyo que los votantes le dieron en las urnas.
Su única esperanza de reconquistar esa simpatía popular sería una rápida recuperación económica. Pero si fracasa en el empeño, es probable que la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), la segunda fuerza del país, pueda llenar ese vacío.
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(Editado por Martina Monti/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)