Por qué Europa no plantará cara a Trump en materia comercial, ni siquiera cuando los tribunales lo hacen

Un varapalo judicial en Washington alteró el panorama jurídico, pero no el cálculo político de Europa, en el que la dependencia en materia de seguridad respecto a Estados Unidos supera el interés económico propio.

Euractiv
GettyImages-2261520706-e1771825109872
Marco Rubio y Viktor Orbán. [Foto: Robert Nemeti/Anadolu via Getty Images]

Bruselas (Euractiv)- La sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos del viernes, que declaró ilegales la mayoría de los aranceles impuestos por Donald Trump, supuso una humillante derrota para el presidente. Pero la respuesta de la UE fue posiblemente igual de embarazosa.

En una declaración publicada apenas 25 minutos después del anuncio del tribunal, la Comisión Europea reafirmó su compromiso de reducir los aranceles sobre las exportaciones estadounidenses, tal y como exigía el acuerdo comercial entre la UE y EE. UU. de julio, a pesar de que el máximo tribunal estadounidense acababa de anular el acuerdo.

«Seguimos abogando por unos aranceles bajos y trabajando para reducirlos», afirmó Olof Gill, portavoz de la Comisión para asuntos comerciales. Aparentemente insegura de que Washington hubiera captado el mensaje, la ejecutiva de la UE reiteró su promesa casi palabra por palabra el domingo.

Total y previsible humillación de Europa

La razón de la total —y previsible— humillación de Europa se puede resumir en una palabra: Ucrania. Desesperada por garantizar el apoyo continuo de Estados Unidos a los esfuerzos bélicos de Kiev contra Rusia, Bruselas ha capitulado repetidamente ante Washington desde el regreso de Trump a la Casa Blanca el año pasado.

Esta dinámica política ha sido reconocida abiertamente por funcionarios de la UE, entre ellos el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, y, de forma más explícita, la directora general de Comercio, Sabine Weyand. «La decisión fue que necesitábamos mantener a Estados Unidos cerca de nosotros en términos de seguridad y preservar su compromiso con Ucrania», dijo Weyand el pasado mes de agosto, un mes después de que se acordara el notoriamente desigual Acuerdo de Turnberry.

Trump respeta la fuerza, no la debilidad

Esta política de apaciguamiento siempre tuvo muchas posibilidades de fracasar: Trump, como muchos han señalado, respeta la fuerza, no la debilidad. Además, ha dejado claro que, en su opinión, poner fin a la guerra en Ucrania en términos favorables a Moscú es un paso necesario para alcanzar un objetivo estratégico más amplio, aunque posiblemente erróneo: «desunir» a Rusia y China y contener así el auge económico y militar de Pekín.

Pero los acontecimientos recientes, en particular la creciente confianza de Hungría en torpedear la política de la UE respecto a Ucrania, ponen de relieve hasta qué punto ha flaqueado la estrategia del bloque.

Tras pronunciar a principios de este mes en Múnich un discurso proimperialista en el que solo mencionó una vez a Ucrania, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, voló a Budapest para reunirse con el líder pro-Moscú de Hungría, Viktor Orbán, sin poner un pie en Bruselas.

Marco Rubio elogia a Hungría

Junto al autócrata húngaro, Rubio elogió al país centroeuropeo como «esencial y vital para nuestros intereses nacionales», sin mencionar en absoluto a Ucrania.

Este apoyo inquebrantable de Washington probablemente explique por qué, pocas horas después de la decisión del Tribunal Supremo del viernes, el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, se sintió lo suficientemente envalentonado como para anunciar el equivalente político y económico de una bomba nuclear.

Hungría, dijo Szijjártó, vetaría un préstamo de 90.000 millones de euros de la UE a Ucrania que los líderes del bloque, incluido el propio Orbán, habían acordado en diciembre pasado, a menos que Kiev reanude el transporte de petróleo a través del oleoducto Druzhba, que, en una dolorosa ironía, la propia Rusia había dañado recientemente.

El domingo, Szijjártó anunció que Hungría también bloquearía el vigésimo paquete de sanciones de la UE contra Rusia, que Bruselas se había apresurado a ultimar antes del cuarto aniversario de la invasión a gran escala de Rusia el martes.

Escalada sin precedentes en la disputa entre Kiev y Budapest

Estas medidas suponen una escalada sin precedentes en la disputa diplomática que desde hace tiempo se viene gestando entre Kiev y Budapest. Orbán, cuyo partido Fidesz va a la zaga en las encuestas por unos 10 puntos porcentuales antes de las elecciones parlamentarias del 12 de abril, ha acusado repetidamente a Ucrania, sin pruebas, de apoyar al partido opositor Tisza, liderado por Péter Magyar.

Orbán siempre ha dado marcha atrás en sus anteriores amenazas de bloquear los paquetes de sanciones. Pero nunca ha vetado la política de la UE después de prometer explícitamente que no lo haría, lo que sugiere que, esta vez, puede que no esté fanfarroneando.

La amenaza de Budapest de retirar el apoyo financiero a Ucrania también llega en un momento crítico. El país devastado por la guerra se quedará sin dinero en abril y ha sido golpeado por feroces ataques rusos contra su infraestructura civil este invierno, dejando a muchos ucranianos sin calefacción en condiciones de frío extremo.

Es revelador que Robert Fico, el líder eslovaco afín a Moscú, también se comprometiera el sábado a recortar el suministro eléctrico de emergencia a Ucrania por motivos similares, menos de una semana después de que Rubio, en una visita a Bratislava entre sus viajes a Múnich y Budapest, elogiara la «extraordinaria oportunidad de cooperación y asociación» entre Eslovaquia y Estados Unidos.

El día de la marmota

Sin embargo, algunos responsables políticos de la UE han expresado su frustración con la estrategia de Bruselas respecto a Washington en los últimos días.

El Parlamento Europeo, por ejemplo, dijo el domingo que suspendería el acuerdo comercial entre la UE y EE. UU. hasta que haya «claridad y seguridad jurídica» sobre cómo se aplicará finalmente el impuesto general del 15 % de EE. UU. sobre los productos de la UE. Francia, el eterno amigo-enemigo de Estados Unidos en Europa, ha llegado incluso a amenazar con disparar contra Washington el tan cacareado «bazuca comercial» del bloque.

Sin embargo, la historia reciente sugiere que es poco probable que estas duras palabras se traduzcan en acciones.

Después de que Trump retirara su amenaza de invadir Groenlandia el mes pasado, muchos eurodiputados se negaron igualmente a ratificar el acuerdo hasta que hubiera «claridad» sobre el futuro de la isla ártica. Días más tarde, dieron marcha atrás, sin que se ofreciera ninguna aclaración.

Mientras tanto, la petición de Francia de disparar el bazuca —conocido oficialmente como «instrumento anticoercitivo», que en teoría permitiría a la UE sancionar a los gigantes tecnológicos estadounidenses— en respuesta a las amenazas de anexión de Trump el mes pasado se topó con una feroz resistencia por parte de muchas capitales y, lo que es más importante, de la Comisión, que supervisa la política comercial de la UE.

Volver al statu quo en las próximas semanas

De hecho, es probable que la política de la UE hacia Estados Unidos, y su acuerdo comercial, simplemente vuelva al statu quo en las próximas semanas.

Trump ya ha aumentado los aranceles globales al 15 %, el mismo arancel al que se enfrentan la mayoría de las exportaciones de la UE en virtud del Acuerdo de Turnberry, que puede imponer durante 150 días en virtud del artículo 122 de la Ley de Comercio de Estados Unidos.

En una rueda de prensa celebrada el viernes, Trump también se comprometió a introducir nuevos aranceles a través de mecanismos legales alternativos, entre ellos el artículo 232 (por motivos de seguridad nacional) y el artículo 301 (para combatir las prácticas comerciales «desleales»).

«Al final, el resultado probablemente no será mejor para la UE», afirmó Varg Folkman, analista del European Policy Centre.

Tampoco es probable que sea mejor para Ucrania.

///

(Editado por cz/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.es)