España y Portugal, tan cerca y tan lejos...en el consumo de carne
El debate sobre el impacto medioambiental de la carne no se generalizó hasta 2021, cuando el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, contradijo en público al ministro Alberto Garzón
Bruselas (Euractiv.com/.es) – La Península Ibérica es una potencia culinaria -pensemos en el jamón español y el bacalhau portugués- y figura entre los principales consumidores de carne de la Unión Europea (UE). Pero a medida que el debate mundial sobre el consumo de carne crece, junto con la conciencia climática, España y Portugal toman medidas muy diferentes.
Dado que el sector ganadero es responsable de más del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la agricultura de la UE y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reclama un cambio hacia «dietas más basadas en plantas», los hábitos alimentarios han adquirido un carácter muy político.
La UE también depende en gran medida de las importaciones de proteaginosas, como la soja, para producir piensos destinados a los animales.
En este contexto, la Península Ibérica ofrece un interesante laboratorio de tendencias.
Portugal está dando un paso importante hacia una dieta más ecológica: el país está a punto de convertirse en la segunda nación de la UE, después de Dinamarca, en lanzar una estrategia nacional de fomento de los alimentos de origen vegetal.
En el marco de su recién publicado plan nacional de energía y clima, Lisboa se comprometió a promover una «dieta baja en carbono» con menos consumo de proteínas animales para reducir las emisiones del sector agrícola y fomentar una nutrición más sana.
«Es muy audaz», asegura Joana Oliveira, directora de ProVeg Portugal.
Y lo que es aún más sorprendente, el gobierno de Portugal está dirigido por un partido de centro-derecha (el Partido Socialdemócrata) miembro del Partido Popular Europeo (PPE), un grupo que durante mucho tiempo se ha resistido incluso a entrar en el debate sobre la reducción de las proteínas animales por razones de sostenibilidad o salud.
El clima político tampoco es precisamente favorable al cambio.
Bajo la presión del PPE y las protestas de los ganaderos, la Comisión archivó el año pasado los planes para un marco de dietas sostenibles en toda la UE.
Más recientemente, un grupo consultivo de la UE abogó por una mayor producción de proteínas vegetales y una menor dependencia de los productos animales, pero la Comisión hizo caso omiso de este consejo en una estrategia publicada la semana pasada, evitando compromisos explícitos con una estrategia de proteínas vegetales.
El eurodiputado portugués Paulo Do Nascimiento Cabral, del grupo del PPE, declaró a Euractiv que Bruselas podría inspirarse en el enfoque de Lisboa, que, en su opinión, se basa en una «política nutricional equilibrada e integradora»
Carne y política identitaria
Al otro lado de la frontera portuguesa, en España -uno de los últimos bastiones de la izquierda europea- las cosas no podrían ser más distintas.
El debate sobre el impacto medioambiental de la carne no se generalizó hasta 2021. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (PSOE/S&D), contradijo públicamente a su entonces ministro de Consumo, Alberto Garzón (Izquierda Unida/Sumar), por denunciar el impacto medioambiental de la ganadería industrial y las implicaciones negativas para la salud del elevado consumo de carne, pero nunca llegó a pedir dietas vegetarianas.
La categórica respuesta de Sánchez aún perdura en la memoria de los españoles como una de las frases más icónicas de su mandato: «Para mí, un chuletón en su punto es insuperable».
El ministro de Agricultura, Luis Planas, redobló la apuesta y dijo que los comentarios sobre los efectos de la carne en la salud son «tan erróneos como que el azúcar mata»
Para Samuel Brea, investigador español sobre la percepción pública de los mercados agrícolas en el Instituto Leibniz de Desarrollo Agrícola en Economías de Transición (IAMO), que el gobierno más progresista de Europa adopte una postura conservadora en materia alimentaria está profundamente ligado a la política de identidad.
«La carne forma parte de la identidad nacional (…) si no comes jamón, es casi como si no fueras español», asegura Brea.
«Y eso es algo difícil de superar, especialmente en política: hay muy poco que ganar», añade.
Pero no se trata sólo de la identidad española, añade Brea. Los alimentos cárnicos también están profundamente arraigados en las identidades regionales, desde el cachopo de ternera en Asturias hasta el fuet en Cataluña.
«Creo que la política refleja bien la sociedad. No estamos realmente en una situación en la que la sociedad española exija más acción», comenta Brea.
Pioneros del etiquetado
Lejos de apoyar un cambio hacia una dieta más vegetal, Madrid sólo ha optado por reconocer tímidamente algunas tendencias de consumo que favorecen las alternativas a la carne y los lácteos en su nueva Estrategia Alimentaria Nacional, presentada en diciembre.
El plan señala que los consumidores españoles eligen cada vez más alternativas a la carne, impulsados por «cuestiones sanitarias, medioambientales y de bienestar animal», con un sorprendente aumento del 55% en productos como el tofu y el seitán desde 2018.
La única mención a una dieta más verde es un sutil reconocimiento de que el emergente sector de los alimentos de origen vegetal «debe tener su lugar en el mercado» debido al aumento de la demanda, pero no se compromete a impulsar la producción nacional ni a mejorar el acceso a estos productos.
Mientras algunos países de la UE lideran un impulso a los alimentos de origen vegetal, España ha sido pionera en lo contrario, y fue de las primeras en imponer restricciones legales al uso de términos como hamburguesa o salchicha para productos vegetales que los imiten.
Mucho antes de que los tribunales franceses prohibieran el filete vegetariano, Madrid aprobó en 2014 una ley que define más de 80 productos cárnicos y prohíbe su uso como alternativas vegetales.
Ahora, España planea ir más allá y evaluar si es necesario modernizar la legislación tras una reciente sentencia del máximo tribunal de la UE (TJUE) sobre el asunto, según han informado a Euractiv fuentes del Ministerio español de Agricultura.
El secreto está en la moderación
Para Brea, la clave para evitar una respuesta radical a medidas como las de Portugal radica en cómo se enmarcan los cambios, sobre todo evitando presentar al sector cárnico como el culpable.
En esta línea, el eurodiputado Do Nascimiento Cabral aseguró que su país garantizará «la coexistencia de diversas fuentes alimentarias» y no excluirá la carne y el pescado, que calificó de «componentes esenciales» del patrimonio cultural y culinario del país.
El gobierno portugués se compromete a fomentar la producción y el consumo de leguminosas, afirmando que esto podría ayudar a garantizar «la autosuficiencia de los cultivos y la soberanía alimentaria»
Dado que este último concepto ha ganado impulso político en la UE, su mención podría leerse como un guiño al papel de los agricultores en el setor agro-alimentario del país.
Las ONG también presentan el próximo plan como una oportunidad para el sector agrícola.
«Las legumbres están profundamente arraigadas en la cultura culinaria de Portugal, y sin embargo el país sólo produce el 14% de las legumbres que consume», afirma Oliveira.
«Eso es una gran oportunidad para que los agricultores amplíen la producción», agrega.
Pero los agricultores portugueses no están tan contentos con la formulación del Gobierno. Aunque aplauden las medidas para aumentar la producción de proteínas vegetales, la Confederación de Agricultores Portugueses rechaza que se haga «en detrimento» de las proteínas animales.
A la espera de que se materialice la nueva estrategia, Oliveira insta a que se actualicen las directrices dietéticas del país, que tienen 20 años de antigüedad, para incluir alternativas como el tofu y las bebidas vegetales.
En el resto de la UE, las recomendaciones nutricionales ya han avanzado en esta dirección.
Mientras tanto, Brea señala que ésta podría ser una oportunidad para recuperar las tradiciones alimentarias españolas.
«La tradición no tiene por qué ser chorizo y morcilla, sino que un potaje de garbanzos o unas berenjenas fritas de Córdoba son tradición en estado puro», asegura.
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[Editado por ADM/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es]