El camino de Moldavia hacia la UE muestra cómo defender la democracia en una lucha desigual

"En esta lucha injusta, Moldavia es un símbolo de resistencia y determinación. A pesar de que nos superan en armamento y financiación, no nos hemos rendido", afirma Gherasimov.

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La lucha de Moldavia consiste en asegurar un futuro libre y democrático en Europa, pero para terminar el viaje necesitamos el apoyo constante de nuestros socios europeos y mundiales, escribe Cristina Gherasimov.

Cristina Gherasimov es Viceprimera Ministra de Integración Europea de Moldavia.

El domingo 20 de octubre, el pueblo de Moldavia se encontraba en una encrucijada crucial. En un referéndum marcado por una injerencia exterior sin precedentes, una estrecha mayoría votó a favor de consagrar en la Constitución el camino de nuestro país hacia la adhesión a la Unión Europea (UE).

Fue una decisión democrática forjada en las circunstancias más difíciles: un voto justo en una lucha injusta. Este resultado consolida nuestro compromiso con la adhesión a la UE, una elección hecha por los ciudadanos para el futuro que se merecen.

El camino hasta este referéndum no ha sido nada fácil. En los últimos meses, Moldavia ha sufrido un ataque coordinado y bien financiado para desestabilizar su democracia.

Fuerzas extranjeras hostiles a nuestros intereses nacionales, que trabajan codo con codo con grupos delictivos nacionales, han desatado una campaña de desinformación, manipulación y corrupción destinada a hacer descarrilar nuestro progreso.

Alrededor de 100 millones de euros fueron canalizados hacia Moldavia por agentes respaldados por Rusia, no para construir nuestro futuro, sino para comprar votos, difundir mentiras y sembrar el miedo. Estos ataques pretendían atraparnos en un ciclo de inestabilidad, sacudir los cimientos de nuestra democracia y alejarnos de nuestro camino europeo.

Sin embargo, la respuesta de Moldavia fue clara y decidida. A pesar de la extraordinaria presión externa, nuestro pueblo acudió a votar y sus voces fueron escuchadas. La mayoría de los moldavos eligió Europa, afirmando que nuestro futuro pertenece a la familia europea.

Aunque estrecho, este resultado refleja la voluntad de una nación decidida a superar sus retos y abrazar un futuro de democracia, paz, libertad y prosperidad.

No nos hacemos ilusiones. La batalla que libramos no fue sólo en las urnas: fue por el alma de nuestra democracia. Las tácticas desplegadas por actores extranjeros buscaban explotar nuestras vulnerabilidades, fracturar nuestra sociedad y debilitar nuestras instituciones.

El objetivo último de Rusia era alejar a Moldavia de sus aspiraciones europeas y devolverla a una zona gris donde el Estado de Derecho es frágil y prospera la corrupción. Pero su pueblo se negó a dejar que estas fuerzas dictaran nuestro futuro.

Este referéndum también puso a prueba la resistencia de Moldavia, y lo superamos. Demostró nuestra voluntad colectiva de asegurar un futuro que ninguna potencia extranjera ni ninguna fuerza nacional pueda arrebatarnos.

Pero nuestra lucha dista mucho de haber terminado. Dentro de dos semanas, los moldavos tendrán que elegir en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre la proeuropea Maia Sandu y su rival, apoyada por Rusia.

La votación del 3 de noviembre decidirá el próximo Presidente de Moldavia y marcará el tono de las elecciones parlamentarias del año que viene, que definirán aún más nuestra trayectoria europea.

Lo que está en juego no podría ser mayor, y los ojos del mundo están puestos en nosotros. La integridad de esta votación es crucial, no sólo para Moldavia, sino también para las democracias de todo el mundo. Las lecciones aprendidas aquí resonarán mucho más allá de nuestras fronteras.

Sabemos que las fuerzas alineadas contra nosotros no descansarán. Utilizarán todas las herramientas a su disposición -mentiras, dinero sucio e intentos de dividirnos- para inclinar la balanza a su favor. Nuestro pueblo ya ha demostrado su resistencia en la defensa de la democracia, y estoy seguro de que volverá a hacerlo.

A nuestros amigos y socios de todo el mundo: Moldavia está en primera línea de una lucha global por la democracia.

En esta lucha injusta, Moldavia es un símbolo de resistencia y determinación. A pesar de que nos superan en armamento y financiación, no nos hemos rendido. Nuestro camino hacia Europa se basa en valores: paz, seguridad y democracia.

La lucha de Moldavia consiste en asegurar un futuro libre y democrático en Europa, y con el referéndum hemos dado otro paso valiente.

Pero para terminar el viaje, necesitamos el apoyo continuo de nuestros socios europeos y mundiales, desde la inversión en nuestra economía e instituciones y la ayuda en la lucha contra la desinformación hasta la solidaridad.

Mientras avanzamos, recordemos que la democracia es frágil, pero que merece la pena defenderla. Con la determinación de nuestro pueblo y el apoyo de nuestros socios, Moldavia asegurará su lugar en la UE, y nuestro futuro será más fuerte y brillante.