El proteccionismo no salvará a Europa: lo importante son las asociaciones
La cartera de Šefčovič apunta a la seguridad económica, pero la UE debe equilibrar protección con apertura de mercados y asociaciones.
El designado Comisario Europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, asume una cartera que, por primera vez en décadas, incluye no solo el comercio, sino también la seguridad económica como componente central. Este cambio envía un mensaje claro, escribe Claudia Schmucker
Claudia Schmucker dirige el Centro de Geoeconomía del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP)
La política comercial de la UE se está alejando de su enfoque tradicional de apertura de mercados y fomento de las asociaciones mundiales, para orientarse hacia un programa más proteccionista centrado en los instrumentos de defensa comercial y la capacidad de resistencia. Sin embargo, aunque las medidas de seguridad económica puedan parecer prudentes en el turbulento entorno geopolítico actual, centrarse en la protección podría ser contraproducente y perjudicar la competitividad global de Europa a largo plazo.
Ya en los últimos cuatro años se ha descuidado el aspecto socio de la política comercial europea en la tríada «promover, proteger y asociarse». Ante la creciente incertidumbre mundial y la escalada de tensiones entre EE.UU. y China, la UE ha introducido varias medidas destinadas a nivelar el terreno de juego y reforzar su seguridad económica. Entre ellas figuran el Instrumento de Contratación Pública Internacional (agosto de 2022), el Reglamento sobre Subvenciones Exteriores (julio de 2023) y el Instrumento de Lucha contra la Coerción (diciembre de 2023).
Más recientemente, en enero de 2024, la UE publicó un libro blanco sobre seguridad económica que propone controles más estrictos sobre la inversión extranjera directa y el control de las exportaciones. Se espera que la aplicación y ampliación de las medidas propuestas definan el mandato de Šefčovič como Comisario de Comercio.
Pero este estrecho enfoque en «proteger» es erróneo. En una época marcada por la «desvinculación» de Rusia y la «reducción de riesgos» frente a China, la UE no puede permitirse refugiarse tras muros de protección económica. Por el contrario, debería impulsar con más fuerza que antes una mayor apertura comercial y unas asociaciones mundiales más sólidas.
El comercio no es sólo un vehículo para impulsar la competitividad y crear empleo, sino también el pilar más importante en las relaciones de la UE con terceros países. Por esta razón, la UE debe volver a buscar activamente acuerdos de libre comercio (ALC) con socios fiables.
Estos acuerdos son esenciales para construir nuevas alianzas, sentar las bases de un comercio transparente y basado en normas, y están reduciendo nuestra dependencia de China gracias a la diversificación.
Por desgracia, las actuales negociaciones de ALC muestran escasos avances. Más allá de los recientes éxitos con Nueva Zelanda y Chile, las negociaciones con las principales economías emergentes -como Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), India e Indonesia- siguen en gran medida estancadas. Y con la posible excepción de Mercosur, no hay indicios de que se produzcan avances a corto plazo. En el contexto geopolítico actual, estos acuerdos son más importantes que nunca, no sólo por el acceso a los mercados, sino también por razones geopolíticas, para evitar que China monopolice estas relaciones.
Los obstáculos que dificultan estos acuerdos son numerosos, pero también están ligados a la dinámica interna de la UE. Una postura más proteccionista por parte de Estados miembros como Francia, la falta de suficiente respaldo político por parte de Alemania y un enfoque excesivamente rígido de las negociaciones comerciales son factores significativos.
Mientras tanto, la aplicación a ultranza por parte de la UE de normativas sobre sostenibilidad, como el Mecanismo de Ajuste en la Frontera del Carbono (CBAM) y el Reglamento sobre Deforestación, ha añadido fricción con los socios potenciales, que consideran estas medidas unilaterales y desequilibradas. Para negociar en igualdad de condiciones, la UE debe tener en cuenta las preocupaciones en materia de desarrollo de sus homólogos del Sur Global y acompañar la introducción de sus medidas de sostenibilidad con una amplia labor de divulgación y apoyo a la creación de capacidades.
La estrategia comercial de la UE no debe limitarse a estos acuerdos comerciales ambiciosos y a gran escala: también es necesario un enfoque más flexible y pragmático, y el bloque La UE debe buscar acuerdos más pequeños y específicos que puedan avanzar en el acceso al mercado y profundizar en las asociaciones.
Entre las posibles vías de avance se encuentran los denominados acuerdos de reconocimiento mutuo (ARM), que, al eliminar barreras no arancelarias como las normas y los requisitos de certificación y centrarse en mejorar la interoperabilidad de los mercados, podrían ser ideales para socios como EE.UU., que sigue mostrándose reacio a entablar conversaciones sobre ALC a gran escala.
Otra opción serían los acuerdos sectoriales, que pueden facilitar una gran parte del comercio al margen de los ALC tradicionales y podrían resultar especialmente útiles en ámbitos de rápido crecimiento como el comercio digital. Un ejemplo reciente es el acuerdo de comercio digital de la UE con Singapur, finalizado en julio de 2024. Todavía está pendiente un acuerdo similar con Corea del Sur.
Una tercera vía es fomentar una mejor alineación entre las políticas comerciales y de desarrollo: la UE debe aprovechar las iniciativas de desarrollo -como las financiadas a través del programa Global Gateway de la UE- para integrar mejor a los países en desarrollo en las cadenas de valor mundiales, promover la diversificación y reforzar el comercio mundial. Esto requerirá una coordinación mucho mejor entre la Comisión Europea y los Estados miembros, así como dentro de los Estados miembros. Esto también es válido para Alemania.
En resumen, la Comisión Europea debe replantearse su enfoque del comercio. La cartera de Šefčovič puede señalar un giro hacia la seguridad económica, pero la UE no debe perder de vista el panorama general. Centrarse únicamente en la protección y la seguridad sin alimentar las oportunidades de apertura del mercado y las asociaciones podría ser un camino peligroso. La UE debe aprovechar su poder comercial para crear alianzas no sólo con socios tradicionales como Estados Unidos o los países del G7, sino también con países del Sur Global. La nueva Comisión deberá adoptar una estrategia comercial innovadora y con visión de futuro para seguir siendo relevante y dar forma a la agenda comercial mundial.
Si Europa quiere mantenerse en cabeza en un entorno mundial competitivo y fragmentado, es hora de volver a lo básico: apertura comercial, asociaciones mundiales y acuerdos comerciales basados en normas. Todo lo que no sea eso corre el riesgo de marginar a la UE como actor comercial mundial.