La realidad de Merz
Sí, Merz será, con toda probabilidad, el próximo canciller de Alemania. Pero seamos sinceros: ganar unas elecciones para el principal partido de la oposición nunca ha sido tan fácil
El sueño anhelado por Friedrich Merz durante décadas de liderar Alemania está, por fin, a su alcance.
Es una buena noticia para este democristiano de 69 años, pero no tanto para el resto de Europa.
Hay una razón por la que Merz fracasó durante tanto tiempo en su intento de entrar en la primera división de su partido. Es la misma razón por la que fue superado por Angela Merkel a principios de la década de 2000, cuando ambos se disputaban el liderazgo de los democristianos (CDU), y de nuevo en 2018 por Annegret Kramp-Karrenbauer, y de nuevo en 2021 por Armin Laschet.
Y es la misma razón por la que la CDU de Merz, en liza con el canciller menos querido de la historia de la Alemania de posguerra (alias Olaf Scholz), mejoró apenas cuatro puntos porcentuales respecto a 2021 en las elecciones de este domingo.
La razón es que Merz nunca ha tenido realmente lo que hay que tener.
Sí, los democristianos ganaron las elecciones. Sí, Merz se convertirá, con toda probabilidad, en el próximo canciller de Alemania.
Pero seamos sinceros: ganar unas elecciones para el principal partido de la oposición nunca ha sido tan fácil.
La economía alemana lleva cinco años estancada y dos en recesión; la industria estrella de Alemania -la fabricación de automóviles- está sumida en una profunda crisis; el desempleo aumenta; y el actual gobierno fracasó por completo a la hora de abordar eficazmente la migración.
Con un abanderado mejor, el partido habría arrasado. En cambio, obtuvo un 28,5%, el segundo peor resultado de la historia del partido.
A finales de 2021, tras la derrota de Laschet en las últimas elecciones, los cristianodemócratas nombraron líder a Merz, no porque creyeran que les sacaría de las ruinas de la era Merkel, sino porque no tenían a nadie más. El domingo pagaron el pato.
A pesar de que Merz consiguió su triunfo el domingo y saldó su antigua cuenta pendiente con Merkel, no se garantizó el mandato que necesitaría para la remodelación a fondo de Alemania, que él y su partido han asegurado que es tan urgente.
Como resultado de ello, es probable que se vea atrapado en una coalición no tan ambiciosa con los socialdemócratas (SPD), que le exigirán su «peaje».
Aun así, Europa, que ha sufrido el vacío de poder dejado por el ausente Scholz, mira a Berlín con gran expectación ante los audaces planes de Merz para la UE, que el domingo calificó de «prioridad absoluta».
Bruselas debería moderar sus expectativas.
Hay que tener en cuenta que la mayor organización que ha dirigido Merz es su propio partido, desde hace dos años. A diferencia de la práctica totalidad de los anteriores cancilleres alemanes, nunca fue primer ministro de un estado federado, ni ministro federal, ni alcalde, ni siquiera ministro de un «land».
Abogado de empresa de formación, pasó varios años en consejos de administración, incluida la filial alemana del grupo de inversión estadounidense Blackrock. Pero en esos puestos no tenía ninguna responsabilidad operativa.
Merz, que alcanzó la mayoría de edad durante la era de Helmut Kohl, nunca pierde la oportunidad de subrayar su admiración por el ex canciller alemán.
Sin embargo, Merz, a quien Kohl tachó en una ocasión de «inmaduro político», no es Helmut Kohl.
Esa realidad quedó dolorosamente patente el domingo por la noche en la televisión alemana, cuando Merz, en una tertulia postelectoral junto a Scholz, decidió ir por libre sobre sus «prioridades absolutas»
«Fortalecer Europa para que pueda, paso a paso, liberarse lo antes posible de Estados Unidos es una prioridad absoluta», dijo Merz antes de confesar que «nunca pensé que tendría que decir algo así en televisión»
Esa, por supuesto, es la cuestión. Merz no tenía por qué decirlo de improviso en una ronda de tertulias en directo. El hecho de que lo hiciera delata su profunda falta de experiencia y un preocupante grado de ingenuidad en lo que se refiere a asuntos internacionales y de Estado.
Pero no se quedó ahí.
«Tengo mucha curiosidad por saber, de cara a la cumbre de la OTAN de finales de junio, si seguiremos hablando de la OTAN en su forma actual o si tendremos que acelerar las capacidades de defensa de Europa. Para mí es una prioridad absoluta, y no me hago ilusiones sobre lo que está ocurriendo en Estados Unidos», aseguró.
Al menos tiene «curiosidad». Pero incluso si uno cree en la palabra de Merz sobre su falta de ilusiones, no puede dejar de preguntarse qué desencadenó su asombrosa y delirante visión de la seguridad europea.
El probable futuro líder de Alemania parecía sugerir que si las cosas no funcionaban con Donald Trump, Europa podría dedicarse a construir ese gran «pilar de defensa» del que todo el mundo ha estado hablando tanto. (Es una pena que Christo ya no esté para envolverlo en «autonomía estratégica»).
Bromas aparte, ninguna persona seria que entienda de defensa cree que Europa, y en especial Alemania, tenga alguna posibilidad realista de defenderse por sí misma sin la ayuda de Estados Unidos en un futuro próximo. Construir ese tipo de capacidad llevaría décadas. Eso no significa que Europa no deba empezar a independizarse, pero nosotros (y especialmente los líderes políticos) debemos ser realistas.
Por qué Merz, de quien se dice que es un gran admirador de Estados Unidos, decidió salirse del guión y atacar a Trump apenas unas horas después de que el presidente estadounidense le felicitara públicamente por su victoria, es algo que nadie sabe.
Sin embargo, también ilustra el mayor peligro que plantea Merz: que lejos de ser una figura integradora en la escena europea como Kohl, se convierta en otra figura de transición como Scholz, cuya incompetencia empujará a Europa aún más por el camino sin retorno.