Fritz, el incombustible
Los alemanes temen por el futuro del “cortafuegos” contra la extrema derecha, pero el liderazgo de Friedrich Merz puede sobrevivir a los estragos que él mismo ha provocado
Berlín (Euractiv.de/.es) – El pasado domingo fue uno de esos gélidos días de invierno que los berlineses sensatos prefieren pasar en el interior de sus elegantes apartamentos de antes de la guerra.
Pero esta vez no fue así.
Cerca de 160.000 personas se levantaron para caminar tres kilómetros a temperaturas bajo cero por una ciudad que exhala el encanto de un ataúd de hormigón en invierno.
Todo ello, sobre todo porque no les gusta Friedrich Merz (CDU/CSU/PPE), el favorito para las elecciones alemanas.
La mayoría de la gente corriente se pondría nerviosa si 160.000 personas le desagradaran tanto que estuvieran dispuestas a arriesgarse a una pulmonía para expresarlo.
Más aún si se tiene en cuenta que las protestas contra la extrema derecha que azotan Berlín por segundo fin de semana consecutivo se han quintuplicado con respecto a la semana pasada.
Sin embargo, Merz parece más decidido que nervioso. Y puede que no necesite estar nervioso.
Eso puede parecer contradictorio – chocante incluso – dado que los manifestantes culpan a Merz nada menos que de traer de vuelta la edad oscura de Alemania al derrocar la ley de hierro que ha regido su orden de posguerra durante 80 años: la extrema derecha debe mantenerse alejada del poder a toda costa, para que no surja un cuarto Reich alemán
Desde que Alemania ha vuelto a tener un partido de extrema derecha competitivo en las urnas, esa ley de hierro se ha transformado en un «cortafuegos» (Brandmauer), un cordón sanitario que se supone que impide a los partidos establecidos cooperar con los considerados fuera de lugar.
Merz al menos la ha perforado cuando la semana pasada invitó explícitamente a todos los diputados -incluida la ultraderechista AfD- a ayudarle a aprobar una estricta ley sobre migración.
Sin embargo, mucho más revelador que cuántos urbanitas liberales acudieron a protestar el fin de semana es quiénes no se han echado atrás y quiénes se han volcado con Merz.
La izquierda aún no ha logrado que los democristianos (CDU) se desmoronen en público. Doce diputados se saltaron la votación final del viernes, pero la inmensa mayoría se quedó con Merz, aunque algunos lo hicieran a regañadientes.
En el congreso de la CDU de este lunes, el partido consiguió -en su gran mayoría- mostrar unidad.
Sólo cuando Merz prometió que nunca colaboraría con la AfD, como si no acabara de ponerlo en duda personalmente, algunos asistentes mostraron pancartas hechas por ellos mismos con la palabra «cortafuegos», poco antes de que el servicio de seguridad las retirara.
Algunos en la CDU aguardan con nervios el efecto en las encuestas. Merz aún podría ser víctima de lo que le sucedió al partido de centro-derecha holandés VVD en las elecciones de Países Bajos de 2023: perdió terreno frente a la extrema derecha en el último minuto tras no descartar una alianza postelectoral.
Sin embargo, el primer sondeo que recoge las consecuencias de ese pecado original de Merz del pasado miércoles no refleja ningún “efecto castigo” contra la CDU.
Al contrario: un sondeo señala que la mayoría de alemanes apoyaría la aprobación de leyes migratorias más duras con el respaldo de la AfD.
Puede que un “cortafuegos” ya no sea la máxima prioridad cuando muchos alemanes sienten que su país ya está “ardiendo” por la mala situación económica, la polémica migratoria y el fuerte auge de la extrema derecha.
No obstante, en medio de las llamas que crecen, el liderazgo de Merz ha demostrado hasta ahora ser bastante incombustible.
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(Editado por MM/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)