¿El último esfuerzo de Alemania?
Lo que empezó como un noble esfuerzo por defender la democracia parece ahora oportunismo político.
La democracia alemana está amenazada.
Más de 100 miembros de los 733 escaños del Bundestag lo saben y están impulsando una moción para excluir a la formación de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), una medida que solo ha tenido éxito dos veces en la historia de posguerra del país.
¿Por qué esta iniciativa? La AfD (miembro del grupo ultra Europa de las Naciones Soberanas) está acusada de trabajar activamente para socavar la democracia alemana.
Si la mayoría está de acuerdo, el Bundestag pedirá al más alto tribunal del país que investigue y, tal vez, prohíba al partido. La AfD ya es objeto de investigaciones por parte del servicio de inteligencia nacional, y está considerada un partido de extrema derecha en algunos estados federados alemanes (länder).
De tener éxito, el partido, que actualmente cuenta con un 22% de intención de voto en las encuestas y sólo es superado por la conservadora CDU/CSU (PPE), sería ilegalizado, sus secciones locales disueltas y sus fondos confiscados.
Es poco probable que suceda. Aunque la moción es, en principio, un noble esfuerzo por defender la democracia, el momento elegido empaña la causa.
Los 113 miembros del Bundestag tenían dos opciones: retrasar la moción y arriesgarse a que el próximo parlamento alemán, probablemente más derechista, anulara la iniciativa, o acelerar los esfuerzos y rezar para que se aprobara antes del próximo 23 de febrero, el día de las elecciones generales.
Eligieron esta última opción, lo cual alimenta la idea de que se trata de una maniobra de campaña.
Tampoco ayuda mucho a la causa que los servicios de inteligencia parezcan estar retrasando la publicación de un esperado informe sobre las actividades de la AfD, para evitar interferir en las elecciones de febrero.
En lugar de un paso decisivo contra el radicalismo de extrema derecha, la moción parece ahora más bien un rezo, que hace mucho más mal que bien.
No cabe duda de que la democracia necesita una defensa activa. Pero este movimiento precipitado juega directamente a favor de la AfD.
Para un partido que ha apostado por el victimismo y ve una conspiración en su contra acechando en cada esquina, prohibirlo radicalizará aún más a sus seguidores.
Presentarse como un mártir nunca ha sido tan fácil, como tampoco lo ha sido descartar la moción como una mera estratagema electoral.
Algunos de sus impulsores perderán sus escaños en pocas semanas. Podría ser el último legado de su carrera política. Podrían ganarse un lugar en los libros de historia, y la AfD un fuerte apoyo en las urnas.
[Editado por VB/MM/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es]