Guerra de Ucrania: Macron tiene el enchufe pero no el "tomacorriente"
Al igual que sus vecinos europeos, los retos a los que se enfrenta la economía francesa se derivan de la debilidad de la demanda interna, la competencia de China y los elevados precios de la energía
Francia parece evolucionar, a veces, en realidades paralelas.
Durante la cumbre sobre Inteligencia Artificial (IA) de la semana pasada en París, el presidente Emmanuel Macron anunció con orgullo 109.000 millones de euros en inversiones privadas destinadas a financiar la apertura de gigantescos centros de datos en los próximos años.
«No hace falta perforar. Solo hay que enchufar, enchufar. La electricidad está disponible, se puede enchufar, está listo», dijo, muy satisfecho de hacerse eco del canto de Trump «drill baby drill». (perforar y perforar)
El problema de la metáfora es que la economía francesa lleva tiempo «desenchufada» y parece destinada a seguir así en un futuro próximo.
La producción manufacturera, por ejemplo, registró un descenso interanual del 1,9% en el cuarto trimestre de 2024, según las cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INSEE).
Peor aún, el nivel de producción industrial en diciembre fue un 8% inferior al de enero de 2020, antes de la pandemia.
Aunque el retroceso no es ninguna sorpresa, sobre todo para los sectores metalúrgico, automovilístico y químico de Francia, las cifras -y la pérdida de puestos de trabajo- hablan por sí solas.
En 2024, el país cerró más fábricas de las que abrió, y ya en enero se registraron 20 nuevas quiebras, según datos de Le Monde.
En diciembre, los talleres 7Fashion, especializados en lencería y trajes de baño de alta gama y herederos de la prestigiosa marca Lejaby, cerraron sus puertas.
«Nuestro principal cliente trasladó su producción al norte de África y no pudimos encontrar otros socios», explica a Euractiv Agathe Diaconu, directora general de la empresa desde 2014.
«Para reindustrializar Francia, las empresas, los minoristas y el Estado tendrían que hacer un esfuerzo, pero aún estamos lejos de ello», añadió.
Al igual que sus vecinos europeos, los retos a los que se enfrenta la economía francesa se derivan de la debilidad de la demanda interna, la competencia de China y los elevados precios de la energía.
Para Francia, sin embargo, la situación se complica aún más por las dificultades financieras a las que se enfrenta el presupuesto del Estado, lo que hace improbable una política ambiciosa de recuperación del país.
En un informe publicado el 13 de febrero, el Tribunal de Cuentas francés confirma un «deterioro excepcional y sin precedentes» de las finanzas públicas en 2024, con un déficit de 175.000 millones de euros (6% del PIB), frente al 5,5% del año anterior.
El estudio señala una «pérdida de control sobre el gasto público básico», debido sobre todo al aumento del gasto de las administraciones locales y a un incremento sostenido de las prestaciones sociales, y recomienda un ajuste de 110.000 millones de euros para garantizar que Francia cumpla su compromiso de déficit con la UE del 3% en 2029.
Esos recortes presupuestarios también deberían dificultar mucho el aumento del presupuesto de defensa, que actualmente apenas supera el 2% del PIB.
El pasado mes de octubre, durante una reunión al margen de una cumbre de la ONU en Nueva York, Macron trató de tranquilizar a los principales banqueros de Wall Street sobre las finanzas públicas de Francia. Una medida obvia y necesaria, ya que el 50% de la deuda pública francesa está en manos de inversores extranjeros.
Lejos de Wall Street, ahora le toca a Macron convencer a sus conciudadanos de que fabricar en Francia es algo más que una quimera.
[Editado por DE/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es]
/// Esta edición tiene el apoyo de la Comisión Europea ///