La especulación con la tierra desalienta a los jóvenes agricultores en el este de Alemania

Manifestación de jóvenes agricultores alemanes, en una imagen de archivo. [EFE-EPA]

En Alemania oriental, los jóvenes agricultores se topan cada vez con más problemas para adquirir tierras porque los grandes inversores no compran terrenos para dedicarlos al cultivo, al tiempo que las antiguas cooperativas de la extinta Alemania del Este se están privatizando a ritmo acelerado, según queda patente en este reportaje del portal europeo EURACTIV.de, socio de EFE.

Los agricultores de la granja de Bienenwerder en Berlín oriental cultivan hortalizas en terrenos que no son de gran calidad. La tierra en Brandeburgo oriental no sólo es arenosa, sino que lleva los últimos dos años sufriendo el impacto de las sequías.

Pero, pesar de los problemas, Julia Ber-Tal está orgullosa de lo que ella y los trabajadores de su granja han logrado crear en esa zona. Ahora cultivan hortalizas ecológicas en 45,5 hectáreas y venden más de 40 cultivos diferentes a varias tiendas de productos ecológicos de Berlín.

Hay mucho esfuerzo invertido en la agricultura orgánica, donde los agricultores trabajan con caballos y ponys en lugar de tractores, para cuidar y proteger los terrenos.

El hecho de que Bar-Tal posea 45,5 hectáreas de terreno se debe a su abuela, que era propietaria de tierras situadas en el noroeste de Brandeburgo, y que fueron expropiadas luego por el régimen de la Alemania excomunista.

Esto concedió a la nieta el derecho de “primer rechazo”, que le permitió comprar la mayor parte de su tierra cultivable a un precio preferente.

Esto fue sólo pura suerte familiar. Otros jóvenes agricultores simplemente no tienen posibilidades de hacerse con tierras, independientemente de qué nivel de formación tengan”, explica Bar-Tal.

Es por eso que los precios de la tierra se han disparado al alza en los últimos 15 años. Según cifras oficiales del gobierno local, el coste de una hectárea de tierra en Brandeburgo fue, en 2004, de 2.500 euros.

Pero, ya en 2017, ese guarismo se había elevado hasta los 11.000 euros por hectárea. Es una verdadera espiral de precios, que se desató pocos años después de la reunificación de Alemania, tras la caída del Muro de Berlín (en noviembre de 1989).

Tierras demasiado caras

Con el colapso de la Alemania excomunista, las extensas regiones agrícolas, propiedad del Estado, fueron desmanteladas, y se fueron privatizando gradualmente las granjas. Hasta la fecha, la empresa de administración y procesado de la tierra (Bodenverwertungs- und Verwaltungs-GmbH, BVVG) sigue siendo la responsable.

La venta de grandes extensiones de tierra pronto atrajo a los inversores extranjeros, muchos de los cuales no tienen una formación en cuestiones agrícolas pero especularon con el aumento del precio.

Mientras tanto, el precio por hectárea ya ha alcanzado cifras astronómicas. Un vistazo a la base de datos de la BVVG muestra que el precio por hectárea en la región donde está situada la granja de Bienenwerder alcanza ya los 26.000 euros.

Los precios de la tierra se han ido distanciando progresivamente de los precios relacionados directamente con las ganancias derivadas de la agricultura”, asegura Julia Bar-Tal.

Como resultado, muchas explotaciones agrícolas se han quedado sin actividad, lo cual se traduce en que las zonas en las cuales están situadas, se convierten automáticamente en lugares donde el capital puede especular libremente con el terreno.

Se trata de un incremento virtual de valor que ya no se corresponde con la realidad”, agrega.

Justo después de la reunificación alemana, la tierra todavía podía arrendarse a precios asequibles, lo cual, sobre todo, beneficiaba a las grandes cooperativas agrícolas.

Actualmente, no obstante, los períodos de arrendamiento son más cortos, y se necesita mucho más capital para establecer una granja rentable.

Dado que la tierra es la base de cualquier inversión en el futuro, el establecimiento de una granja supone un gran riesgo si no se garantiza su viabilidad a largo plazo.

Si quieres comenzar con la explotación de una granja, necesitas mucha voluntad para asumir riesgos, además de una gran dosis de idealismo”, apunta Bar-Tal.

El problema de las licitaciones públicas

A los agricultores especializados en cultivos orgánicos les preocupa cómo el BVVG distribuye la tierra porque las parcelas se otorgan en licitaciones públicas abiertas a todos. Y nadie sabe quién está presentando una solicitud o el valor de otras pujas.

Si esas son zonas de las cuales depende tu subsistencia, y no sabes quién más está pujando por ellas, entonces, obviamente, juegas al alza”, asegura.

Según el BVVG, el sistema es lo más transparente posible. “Si las ofertas se hicieran públicas, entonces los precios serían todavía más elevados”, subraya.

Aparte de eso, existen las así llamadas invitaciones limitadas para licitar, las cuales tienen como destino específico a los jóvenes agricultores o a quienes practican la agricultura orgánica. El 80% de las asignaciones de tierras por parte del BBVG van a parar a agricultores regionales.

Los grandes inversores no adquieren terrenos directamente.

Por el contrario, suelen comprar cooperativas agrícolas y, con ello, se convierten legalmente en agricultores regionales, con derecho a participar en las licitaciones.

Benjamin Meise destaca la escasa utilidad de las licitaciones limitadas a jóvenes agricultores. Meise gestiona una granja convencional cerca de la explotación de Bienenwerder, de la cual 1.500 de sus 3.500 hectáreas están arrendadas al BVVG.

Cuando se pusieron en arrendamiento 350 hectáreas para una licitación, él quiso participar, pero el precio mínimo era demasiado elevado. Dado que los terrenos eran de gran calidad, Meise mantuvo 70 hectáreas a “precios supra-regionales”, según explicó a EURACTIV.de, socio de EFE.

Sequía, brexit y pagos directos de la UE muy reducidos

A consecuencia de eso, tuvimos que despedir a trabajadores y vender maquinaria. Fue culpa de las sequías, el brexit y la perspectiva de una caída de los pagos directos de la UE”. Meise también es pesimista sobre el futuro, y opina que habrá otra caída de los precios de la tierra. “Han alcanzado su punto máximo”, agrega.

Debido a que no quieren esperar a que eso suceda, los aprendices y jóvenes agricultores de la región llevan años participando en una asociación que defienda sus intereses, la “Bündnis Junge Landwirtschaft”.

Con sus acciones de protesta, pretenden poner en el foco de la atención pública los métodos inversores agresivos de los especuladores de tierra, y, de esa manera, forzar un cambio en el actual sistema de reparto de tierras.

Julia Bar-Tal también forma parte de esa organización.

A Bar-Tal le gustaría que se promoviera el debate sobre si los terrenos cultivables de Brandeburgo deberían o no venderse. Como alternativa, preferiría una limitación en los montantes de la compra y arrendamiento de tierras, al igual que ocurre en Francia.

Con ello, el panorama sería mucho menos atractivo para los especuladores”, concluye.