La Europa de las mujeres frente al lobby antielección

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Mª Eugenia R. Palop

Fotografía cedida por GUE/NGL de la eurodiputada de Unidas Podemos, Mª Eugenia R. Palop interviniendo en un pleno del Parlamento Europeo. EFE

El Parlamento Europeo aprobó este jueves una resolución en la que reconoce que “asistimos a una ofensiva visible y organizada a escala mundial y europea contra la igualdad de género y los derechos de las mujeres”. El texto, que ha salido adelante con una amplia mayoría (y el voto en contra de la extrema derecha), “condena categóricamente las tentativas de algunos Estados miembros de retirar medidas ya adoptadas en aplicación del Convenio de Estambul para la lucha contra la violencia contra las mujeres”, así como “los ataques y las campañas contra el Convenio” mediante “la malinterpretación intencionada y la presentación sesgada de sus contenidos a la población”. Así están las cosas.

A pesar de las evidencias, las fuerzas negacionistas de la violencia de género proliferan por todas partes. Formaciones de extrema derecha que, en connivencia con otras, incitan al odio por motivos de género y se dedican a minar continuamente el Convenio de Estambul. Polonia, Bulgaria, Hungría y Eslovaquia lideran hoy una brutal resistencia contra la llamada “ideología de género”: un lobby antielección que ha declarado la guerra contra las mujeres.

Esta semana, durante los debates en el pleno, varios eurodiputados de Identidad y Democracia (ID) y Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), grupo al que se ha incorporado Vox, han puesto en cuestión el concepto de “género”, han afirmado que el matrimonio solo tiene cabida entre un hombre y una mujer, que el Convenio trata de imponer una “ideología negativa” y que existe un vínculo entre violencia de género y personas migrantes. Se ha llegado a afirmar que la violencia tiene su origen en “los flujos migratorios incontrolados”, o que son los extranjeros los que cometen la mayor parte de los feminicidios y las violaciones. ID y ECR repiten como un mantra que son los varones los que están criminalizados y amenazados por el solo hecho de serlo. Las víctimas, dicen, son ellos.

Negar continuamente la existencia de violencias machistas tiene consecuencias letales para millones de mujeres que residen en la Unión Europea. Aún hay siete países que no han ratificado el Convenio (Bulgaria, República Checa, Hungría, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Reino Unido), y la UE como institución tampoco lo ha hecho. Todo ello gracias a los obstáculos que genera el rígido bloqueo del lobby antielección. Sin embargo, seguimos sin contar con una Directiva sobre violencia de género, a pesar de que, según un estudio del Parlamento Europeo, reduciría la violencia contra las mujeres, al menos, en un 10%.

A esto se une que los Estados que sí lo han ratificado no lo han incorporado a sus ordenamientos o no lo cumplen en su totalidad. De hecho, hay ciertas formas de violencia contra las mujeres que son abiertamente cuestionadas, como las que afectan a los derechos sexuales y reproductivos, uno de los grandes caballos de batalla en el seno de la Unión. El derecho al aborto legal, seguro y gratuito no está garantizado en toda Europa. La resolución aprobada “afirma categóricamente que la denegación de servicios de salud sexual y reproductiva y derechos afines es una forma de violencia contra las mujeres y las niñas”. Como ha señalado varias veces el Tribunal de Derechos Humanos Europeo, las leyes de aborto restrictivas y su incumplimiento vulneran gravemente los derechos humanos de las mujeres. Aunque la resolución de este jueves no menciona directamente el aborto, no hay duda de que su adopción es una paso adelante de especial trascendencia.

Finalmente, sabemos que la falta de armonización legislativa y de políticas públicas genera enormes disparidades entre unos Estados y otros, de tal modo que hay mujeres de primera y de segunda categoría, y en los países en los que el discurso racista y xenófobo es seña de identidad, como en Polonia, las mujeres enfrentan situaciones adicionales de vulnerabilidad. Lo cierto es que, hoy por hoy, las mujeres no estamos completamente a salvo en la Unión Europea, o no lo estamos todas por igual. El nivel de protección frente a la violencia que sufrimos varía notablemente en función del lugar en el que cada una ha nacido, vive o reside.

Por todo ello, tras esta resolución necesitamos que la Unión Europea ratifique de manera urgente el Convenio de Estambul; que los Estados que todavía no lo han hecho lo ratifiquen también; que se adopte una Directiva que reconozca todas las formas de violencia de género, incluya medidas de prevención, protección y reparación a las sobrevivientes, sea sensible a las formas interseccionales de discriminación y contribuya a homogeneizar los tipos penales. Hay que llamar a las cosas por su nombre, aplicar penas adecuadas y escuchar a las mujeres. Tomarse en serio sus vivencias y sus testimonios, otorgarles el valor jurídico y el peso específico que hoy no tienen. “No es abuso es violación”, “Hermana, yo sí te creo”, coreaban las mujeres en España tras la sentencia de La Manada. Hay mucho trabajo que hacer en la justicia.

Hoy en Europa tenemos que levantar más que nunca la bandera del feminismo, frente a la misoginia, el machismo y el negacionismo de la extrema derecha y de quienes pactan con ella. “Ni una menos”, compañeras.

 

Mª Eugenia R. Palop es eurodiputada de Unidas Podemos y vicepresidenta primera de la Comisión para los Derechos de la Mujer e Igualdad de Género (FEMM) del Parlamento Europeo. Es activista feminista, ecologista y por los Derechos Humanos, y autora de varios libros sobre estos temas. Antes de entrar en política era profesora titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.