El “brexit” ya está aquí, pero falta por negociar lo más difícil

El primer ministro británico, Boris Johnson (d), posa durante el encuentro bilateral que ha mantenido este miércoles con la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen (i), en el número 10 de la calle Downing, en Londres. [EFE/SIMON DAWSON]

Londres (EuroEFE).- El “brexit” será una realidad el próximo 31 de enero. Y después, qué. Pues una negociación tan o más difícil que la anterior: se trata de acordar una relación duradera entre la UE y el Reino Unido. Y en teoría en un tiempo récord, sólo once meses. Pero no solo en los plazos. También en el alcance hay divergencias.

Londres y Bruselas afrontan la que promete ser la fase más compleja del “brexit”, la negociación sobre su futura relación comercial, en la que tratarán de encajar el deseo británico de divergir de las normas europeas con un intercambio de bienes y servicios con las menores fricciones posibles.

Una vez el Reino Unido abandone la Unión Europea (UE), el próximo día 31, comenzará oficialmente una negociación contrarreloj de once meses para forjar un nuevo tratado que evite un escenario similar a un “brexit” sin acuerdo al término de este año.

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Sobre la mesa estarán no solo el intercambio de mercancías y los arreglos arancelarios, sino también otras cuestiones clave como el acceso a servicios financieros, derechos de aviación y asuntos de seguridad compartida.

“La Unión Europea mantiene un superávit comercial en cuanto a bienes. El Reino Unido podría utilizar esa palanca para intentar lograr un mejor acceso (al mercado único) para sus servicios”, indicó a Efe Catherine Barnard, profesora de Derecho Comunitario en la Universidad de Cambridge.

Pese al escepticismo en Bruselas sobre la posibilidad de llegar a un amplio pacto en el corto plazo que está disponible a priori, Johnson asegura que no tiene intención de solicitar una prórroga.

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Los ritmos de la negociación vendrán marcados por las posiciones que adopten el Gobierno británico y la Comisión Europea (CE), así como por la unidad que muestren los 27 socios comunitarios restantes.

En función de lo ambicioso que sea el acuerdo, puede ser necesario que lo ratifiquen los parlamentos nacionales y algunos regionales de la UE, lo que dificultaría su entrada en vigor a tiempo.

En reconocimiento del Reino Unido como un país tercero a la UE, el diálogo bilateral no se llevará a cabo tan solo en Bruselas, como hasta ahora, sino que algunas sesiones se celebrarán en Londres.

El primer problema: el plazo de negociación

La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, advirtió en su última visita a Londres de que es “imposible” lograr un acuerdo comercial completo antes de que termine este año, el plazo establecido para negociar la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE).

El diálogo formal solo puede comenzar una vez el Reino Unido haya abandonado la Unión Europea (UE), lo que se producirá el próximo 31 de enero. Y debe quedar aprobado el próximo 31 de diciembre, si no se solicita una extensión.

Dado que el primer ministro británico, Boris Johnson, insiste en que no tiene intención de pedir esa prórroga, Von der Leyen subrayó que en ese caso deberán establecerse prioridades en la negociación: “Es básicamente imposible negociarlo todo”, esgrimió.

El diálogo no será un escenario de “todo o nada”, según la presidenta de la CE. Su objetivo es lograr  “un nuevo tratado verdaderamente amplio y ambicioso”.

“Estamos preparados para diseñar un nuevo acuerdo con cero tarifas, cero cuotas, y cero ‘dumping’ (competencia desleal)”, una relación bilateral que vaya “mucho más allá del comercio y tenga un alcance sin precedentes”, declaró Von der Leyen en una intervención en la London School of Economics (LSE).

La postura del gobierno británico es clara: el periodo de transición en el que el Reino Unido continuará integrado en las estructuras comunitarias concluirá en diciembre de este año y no tiene intención de pedir una extensión. Ese plazo marca en la práctica el límite de tiempo para firmar un nuevo tratado bilateral que evite un escenario similar al de un “brexit” sin acuerdo.

Además lo que hay que negociar, según Londres, es un tratado de libre comercio (TLC) y no un acuerdo que deje al Reino Unido alineado con todas las normativas de la Unión Europea.

El comisario de Comercio de la Unión Europea (UE), Phil Hogan, quien llevará la negociación con el Reino Unido como país tercero cree también que el plazo es corto y que lo “más sensato” sería no poner límites temporales a la negociación.

Hogan detalló que la posición negociadora de la UE se fijará en el Consejo Europeo el próximo 25 de febrero.

Competir en igualdad de condiciones

El mercado único europeo funciona en base a una serie de normas y estándares diseñados para asegurar que las empresas operan en un ambiente similar en cualquiera de los Estados del bloque.

A ese conjunto de regulaciones se lo conoce en inglés, en el argot comunitario, como “level playing field” -algo así como “campo de juego en igualdad de condiciones”-.

El grado de divergencia del Reino Unido respecto a ese libro de reglas será uno de los principales caballos de batalla de las negociaciones.

La UE quiere “garantías suficientes” de que se mantendrá esa igualdad de condiciones para firmar un acuerdo comercial “ambicioso y amplio”, según ha expresado en sus directrices negociadoras preliminares, mientras que Johnson ya ha avanzado su intención de que Londres deje de estar alineado con los estándares comunitarios.

Los países del bloque están especialmente preocupados ante la posibilidad de que el Reino Unido establezca una política más agresiva de ayudas a las empresas y relaje sus normas sobre competencia.

También existe temor a que el Gobierno británico, una vez desatado de las restricciones europeas, reduzca el impuesto de sociedades para impulsar la competitividad de sus compañías.

La UE aspira asimismo a obtener garantías de que el Reino Unido continuará cumpliendo con los estándares medioambientales que rigen en el resto de países europeos.

Acuerdo limitado en una primera fase

Ante la complejidad de los objetivos y el estrecho margen de tiempo, existe la posibilidad de que ambos equipos negociadores decidan limitar en una primera fase el diálogo a aquellas cuestiones que son competencia exclusiva de las instituciones comunitarias.

Con esa estrategia, no se requeriría el asentimiento de los parlamentos nacionales, lo que aceleraría un eventual proceso de ratificación.

Entre los asuntos que pueden ser gestionados directamente por la CE y el Parlamento Europeo se incluyen cuestiones aduaneras, normas de competencia, políticas monetarias y acceso a servicios financieros, entre otras cuestiones.

Quedarían fuera, sin embargo, aspectos como la libre circulación de datos, clave para ciertas cuestiones de seguridad, esgrimió Barnard.

Aunque un “acuerdo mixto”, que incluya competencias nacionales, sería más completo, presenta dificultades específicas para lograr su aprobación en pocos meses.

“Por ejemplo, quizás existe alguna dificultad entre partidos nacionales que no tiene nada que ver con el ‘brexit’, pero que empuja a una formación minoritaria a bloquear el acuerdo comercial para tratar de lograr sus intereses”, señaló Barnard.

“También puede ocurrir que un parlamento como el español esté preocupado por cuestiones como la de Gibraltar y utilice el proceso de ratificación como una vía para intentar expresar sus inquietudes en ese sentido”, agregó la experta de la Universidad de Cambridge.

El ministro británico de Economía advierte a las empresas que no habrá armonización normativa

El ministro británico de Economía, Sajid Javid, advierte a las empresas de que deben prepararse ante el hecho de que no habrá una armonización normativa con la Unión Europea (UE) después del “brexit”, en una entrevista con el diario Financial Times.

Ante un sector manufacturero que presiona para mantener un comercio fluido y sin aranceles, el ministro confirma lo que el primer ministro, Boris Johnson, ya había indicado: que el Reino Unido quiere desligarse del bloque.

“No habrá armonización, no acataremos órdenes, no estaremos en el mercado único y no estaremos en la unión aduanera, y lo haremos para final de año (al fin del periodo de transición)”, afirma Javid.

El canciller del Exchequer insta a la compañías farmacéuticas, automovilísticas, aeroespaciales o alimentarias a “ajustarse” a la nueva realidad y recuerda que han tenido tiempo para hacerlo desde que los británicos votaron por salir de la UE en un referéndum en 2016.

Aunque no especifica qué normativas europeas desearía mantener o descartar, Javid indica que para los servicios financieros buscará una equivalencia normativa “enfocada a los resultados”, es decir, que lo importante será obtener el mismo fin aunque el marco sea diferente.

El ministro explica que su visión para la economía posterior al “brexit”, que se reflejará en el primer presupuesto del Estado el 11 de marzo, se basa en un “capitalismo humano”, donde quiere potenciar las cualificaciones de los británicos y el progreso de las zonas más retrasadas del país.

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Intereses nacionales

Cada miembro de la UE tratará de presionar para cumplir sus objetivos particulares. Alemania y Polonia estarán interesadas en facilitar el comercio en el sector de la automoción, mientras que países como Francia y España pondrán el acento en la agricultura y la pesca, entre otros aspectos.

“A España le interesa que la agricultura esté lo más abierta posible a los intercambios. Eso requiere algún tipo de alineamiento en cuanto a normas sanitarias y fitosanitarias”, indicó a Efe Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano.

El Banco Santander y el Sabadell mantienen intereses en el Reino Unido, un argumento de peso para que Madrid sea partidaria de mantener con los menores cambios posibles el actual acceso a los servicios financieros entre ambos lados del canal de la Mancha.

El turismo británico es también especialmente relevante para España, que previsiblemente querrá ir “más allá” de un acuerdo elemental que se limite a asegurar la entrada de visitantes del Reino Unido, sostuvo Steinberg.

“Cabe la posibilidad de que, una vez esté firmado un acuerdo básico, se haga después algún tipo de pacto bilateral que favorezca al turismo”, señaló el investigador.

La negociación puede ser asimismo la ocasión para que algunos países pongan en juego cuestiones más amplias. España, por ejemplo, puede poner sobre la mesa el estatus de Gibraltar, territorio al sur de la península ibérica administrado por el Reino Unido.

“Si el Reino Unido sale de la Unión y opta por no mantenerse en el mercado interior, el modelo económico de Gibraltar, tal como está planteado, no es viable”, afirmó Steinberg, que consideró que “a España se le presentan algunas oportunidades interesantes” en ese terreno.

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Gibraltar

España y Reino Unido  acordaron mantener reuniones técnicas en Madrid a mediados de enero para abordar la negociación sobre la situación en la que quedará Gibraltar una vez que se haga efectivo el “brexit”. Pero la negociación tuvo que ser suspendida porque España estaba inmersa en el proceso de formación de un nuevo gobierno.

El “brexit” es uno de los principales objetivos de la nueva ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.

Esta negociación es consecuencia de los cuatro memorandos firmados en noviembre del año pasado por los entonces ministros de Exteriores de ambos países (Josep Borrell por parte española y David Lidington por el lado británico) y que son anexos al acuerdo de salida del Reino Unido de la UE.

Según aseguró el Ministerio de Asuntos Exteriores español al firmar esos memorandos, se garantiza con ellos una salida ordenada de Gibraltar, incluyendo el periodo transitorio, así como los derechos de los ciudadanos y trabajadores de la zona.

Los cuatro memorandos firmados por España y Reino Unido sobre Gibraltar abordan los derechos de los ciudadanos, la cooperación policial y aduanera, el tabaco y el medio ambiente.

Edición: Luis Alonso