Karen Donfried, presidenta del GMF: China supo ocupar el vacío que dejó EE.UU. en el liderazgo de la crisis del coronavirus

Karen Donfried,

Karen Donfried, presidenta del German Marshall Fund (GMF) de Estados Unidos. [German Marshall Fund (GMF)]

Berlín (EA.de)/Madrid (EuroEFE) .- Las respuestas nacionalistas a la expansión del coronavirus han acelerado la fractura en la ya deteriorada relación entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE), pero hay motivos para el optimismo ya que la pandemia probablemente contribuya a poner todavía más de relieve la importancia del vínculo transatlántico, asegura Karen Donfried, presidenta del “German Marshall Fund” (GMF), en entrevista con el portal EURACTIV.de, socio de EFE.

Antes de asumir su cargo en el GMF, Karen Donfried trabajó como directora “senior” de asuntos europeos en el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos entre 2013 y 2014.

La expansión del coronavirus ha supuesto una restricción de los viajes y embargos comerciales a productos sanitarios esenciales entre Europa y Estados Unidos, lo cual ha agregado más presión al ya tensionado vínculo transatlántico. ¿El coronavirus ha ampliado la brecha o es solo el último capítulo de las tensiones que ya existían?

Tiene toda la razón acerca de que la relación transatlántica ya estaba afectada antes de que estallara la pandemia, y esta, en muchos sentidos, ha acelerado algunas de esas tendencias. También destacaría que tanto la incertidumbre en torno a las próximas elecciones en Estados Unidos cómo la duda sobre cómo desplegamos nuestra respuesta, afectarán sensiblemente al futuro de la relación transatlántica.

Muchos países han tenido una respuesta muy nacionalista. El presidente Trump se ha reafirmado en su política de “América primero” (America first), pero también hemos visto a países europeos adoptar una respuesta nacionalista, en primera instancia. Mientras la UE ya se posicionó hace un mes, existen auténticos roces entre los Estados miembros sobre cómo gestionar la crisis de la manera más adecuada.

Es difícil hablar de “Europa” en el contexto de la relación con Estados Unidos. Los franceses intentan persuadir con la autonomía estratégica, mientras el gobierno de Merkel lo hace por la paciencia estratégica. Por otro lado, Polonia siente afinidad con Donald Trump y se ha alineado con la garantía de seguridad de Estados Unidos, por sus preocupaciones sobre Rusia.

Las respuestas en Europa son diversas y la crisis las está acelerando de distintas maneras. No sé si incluso las está cambiando radicalmente.

¿Ve señales que puedan dar esperanzas a quienes apuestan por el vínculo transatlántico, a favor de una mayor cooperación y una mejor relación bilateral a corto plazo, en especial durante la Administración Trump?

Yo soy de las que prefieren ver el vaso medio lleno, y creo que la relación transatlántica es absolutamente clave para ambas partes. Si no funciona, es malo para Estados Unidos, Europa, y el mundo, porque cuando Estados Unidos y Europa trabajan juntos, podemos impulsar una acción global más amplia, lo cual, creo, es lo que necesitamos durante una pandemia.

Ahora, a corto plazo, es difícil que eso cambie, pero considero que a medida que pase el tiempo, los hechos demostrarán que la única manera de gestionar de manera eficaz una pandemia es trabajando juntos. Independientemente de si el presidente Trump es reelegido o si Joe Biden entra a la Casa Blanca, quienes apostamos por el vínculo transatlántico deberíamos seguir dando prioridad a las recomendaciones políticas que, a nuestro entender, sean fuerzas positivas en ese sentido.

En un artículo reciente que usted escribió con el exembajador (de Alemania en EE.UU.) Wolfgang Ischinger ambos apostaban a que la OTAN tuviera un renovado papel en la lucha contra la pandemia. ¿Qué función cree que debería desempeñar la Alianza Atlántica en este terreno?

Bueno, tanto Wolfgang como yo intentamos ser constructivos, eso es un ejemplo. Una de las ideas fue decir que el hecho de que todos estemos sufriendo esta pandemia debería llevarnos a una definición más amplia de seguridad y defensa, que incluya la salud pública, y (debería hacernos) pensar en maneras de responder a la pandemia.

Una idea fue que dado que la OTAN posee reservas de material militar en distintos puntos de la geografía transatlántica, quizás deberíamos hacer acopio de equipos sanitarios de cara a una futura pandemia.

Con la creciente tendencia a adoptar soluciones nacionalistas en Estados Unidos y en algunos países europeos, China ha asumido un papel de líder mundial en esta pandemia, enviando mascarillas y material sanitario a los países más afectados. ¿Cree que ese nuevo papel de China se prolongará en el tiempo?

Cuando las cosas empezaron a ponerse realmente mal en marzo y Estados Unidos desistió de desempeñar un papel de liderazgo global, comprobamos lo que ya sabemos de la ley de la física: cuando hay un vacío, este se acaba llenando. En este caso, China vio una oportunidad de prestar ayuda a Europa enviando equipos de protección personal y otros suministros. Pero, como sabe, ha habido críticas porque, aparentemente, parte de esos equipos eran defectuosos. Pero no cabe duda de que China consiguió una importante victoria diplomática al aumentar su presencia pública de esa forma.

Ninguno de nosotros sabe cuál será el impacto a largo plazo de esta crisis en ese desplazamiento del poder global que se viene produciendo desde hace un par de décadas. Hasta ahora mi posición es que el auge de China ha supuesto un declive relativo del poder de Estados Unidos, pero no un declive absoluto. ¿Cómo seguirán las cosas?

Algunos sostienen que, al final, esta crisis podría acabar reforzando a China, al tiempo que otros análisis sólidos afirman que será su ocaso, pero hay muchas preguntas para las cuales no tenemos respuesta. No sabemos lo que está pasando dentro de China o que implicaciones a largo plazo tendrá (la crisis) en la economía china.

Hay quien sugiere que la pandemia expone abiertamente las limitaciones de las sociedades democráticas: Estados Unidos y los gobiernos europeos combaten para frenar el virus, mientras que los estados autoritarios pueden ejercer mayor control sobre sus poblaciones. ¿Qué lectura tiene eso para la relación transatlántica ahora, y más adelante?

La crisis del coronavirus ha acelerado esa carrera evidente entre democracia liberal y populismo autoritario. En muchos aspectos, pone a prueba a ambos modelos, y no creo que ya esté claro quién es el ganador de ese combate.

Parece que Alemania está gestionando esta crisis de manera admirable. No hay duda de que son muchos los elementos que entran en juego, pero Alemania también es una democracia liberal de primer orden.

Hacer ahora un balance provisional de la crisis sería sin duda prematuro, ya que todavía nos queda mucho, pero contamos con algunos ejemplos bastante relevantes de democracias que la están gestionando muy bien.

Democracias que cuentan con la confianza de sus ciudadanos, que escuchan a su gobierno y siguen sus instrucciones. Eso es muy potente. El método que conduce a esa cooperación no es la coacción ni el miedo. Es la confianza.

Para saber más:

¿Qué es el German Marshall Fund?

Karen Donfried, presidenta del GMF