Rubén García-Quismondo: “España jamás podrá tener superávit comercial con China”

Logo de Huawei

Logotipo de la multinacional china Huawei, en una imagen de archivo. [EFE-EPA]

Madrid (EuroEFE).- España, y gran parte de los socios de la Unión Europea (UE), jamás podrán tener superávit comercial con el gigante chino, embarcado en una agresiva política exportadora, y cuyas apetencias económicas no parecen tener fin, afirma Rubén García-Quismondo, experto en internacionalización de empresas en mercados asiáticos y gran conocedor de esa parte del globo.

En entrevista con EuroEFE, García-Quismondo, quien es uno de los mayores expertos españoles en temas de economía y empresa  tanto en la región de Asia-Pacífico, como en asuntos europeos, asegura que las recientes revelaciones en la prensa internacional sobre violaciones de los derechos humanos en China no son, lamentablemente, nuevas.

Una relación con China cada vez más difícil de manejar

“La situación de China y el respeto a los derechos humanos en ese país será cada vez más difícil de manejar a la par que se aborda el capítulo comercial”, opina el experto español. “La relación comercial con China se seguirá manteniendo, pero también se va a ir dificultando cada vez más” por el tema de los derechos humanos, subraya.

En opinión de García-Quismondo, Occidente ha pasado de puntillas en ese sensible asunto: “hemos estado mirando hacia otro lado sabiendo el régimen con el que estábamos tratando”, subraya. “En ese sentido, China tampoco nos ha mentido nunca. No hemos querido escucharla (…)” El régimen chino “nunca ha dado muestras de querer abrirse: todo lo contrario”, afirma.

La economía de China (con 1.350 millones de habitantes) tiene características muy peculiares: “ellos la conciben como una economía de mercado con características chinas (una “economía tutelada de mercado”, aunque parezcan términos contradictorios), hay que tener en cuenta la tradición de China, un país que jamás ha sido una democracia”, recuerda.

“La mayor parte de los sectores económicos de China estratégicos están en manos de empresas públicas, y en los sectores que no son estratégicos y que se han ido abriendo a la competencia, lo han hecho con un control completo”, explica García-Quismondo, quien cuenta con más de veinte años de experiencia en la zona de Asia-Pacífico.

Uno de los asuntos más polémicos en el gigante asiático es el de los medios de comunicación y las redes sociales: “en eso, China jamás ha abierto nada, ni ha habido ninguna posibilidad de entrar en redes sociales o radios o cualquier otro medio que permita dirigir un mensaje a la población”, apunta.

Una relación comercial cargada de obstáculos

“No nos engañemos: en China la libertad de competencia está limitada a lo que ellos consideran que es importante. Yo diría que ya han obtenido la necesaria información y tecnología y “know how” (conocimiento) y destrezas que necesitaban y cada vez la dependencia es menor respecto a Occidente”, subraya.

En medio de las recientes tensiones entre Washington y Pekín por cuestiones comerciales (el “veto” del presidente estadounidense, Donald Tump, al gigante tecnológico Huawei, por ejemplo), el horizonte parece cargado de nubarrones, opina.

“Las relaciones comerciales (de Occidente) con China y con otros países asiáticos (sobre todo Corea del Sur y Japón) son siempre muy complejas. Si uno ve la balanza de pagos española, siempre es deficitaria con ellos, pero lo es estructuralmente a lo largo del tiempo: por ejemplo, la relación comercial España-China es de 20.000 millones de importación y de 2.000 de exportación”, explica el experto, quien vaticina una prolongación de esta situación.

“Si alguien cree que vamos (la UE, España) a llegar a una tasa de cobertura del 60% cuando estamos ahora en un poco más del 11% o del 12% creo que está confundido. No está pensada ninguna de esas economías (asiáticas) para otra cosa que no sea exportar todo lo que pueda e importar el mínimo imprescindible. Están pensadas para poner todas las dificultades que sean necesarias para que sea muy difícil penetrar a sus economías”, agrega.

“Todos los países de la UE, excepto Alemania y Países Bajos, tienen un déficit gigantesco con China. Los trenes (con mercancías chinas) vienen llenos (de allí) y se van vacíos. No creo que podamos pensar nunca que eso pueda llegar a cambiar”, sentencia.

Dudas sobre el impacto del “brexit” para la economía española

El Reino Unido celebra el próximo 12 de diciembre (2020) elecciones generales, bajo la sombra del “brexit”, la probable salida del país del bloque comunitario europeo, la cual, si se produce, según García-Quismondo no tendrá un impacto tan severo como se teme en la economía española, al menos no de inmediato.

“Las elecciones están muy reñidas. (el primer ministro conservador) Boris Johnson tendría que aliarse con el partido del “brexit”, y probablemente con los unionistas irlandeses porque -a priori- nadie prevé que vaya a tener una mayoría absoluta. Sí se prevé que pueda ser el partido conservador el más votado, aunque sin llegar a la mayoría. Si esos tres partidos sumados tienen mayoría absoluta podremos ver probablemente el acuerdo al que Johnson llegó con la UE, o sea una salida con acuerdo el 31 de enero de 2020”, explica.

“Si no se produce esa mayoría absoluta, lo que podríamos encontrarnos es, quizás, un gobierno laborista con demócratas-liberales y tal vez con el apoyo puntual del Partido Nacionalista Escocés que lo único que pretende con eso es que, más tarde o más temprano, le dejen volver a celebrar un segundo referéndum.

“Por lo tanto, haya “brexit” o no (en caso de que se celebre un segundo referéndum) en el plazo máximo de seis meses, y dependiendo de lo que saliera en esa consulta, ya veríamos en qué escenario nos encontramos. Y es que el Partido Laborista tampoco se ha definido con claridad en su último congreso, aunque, históricamente, siempre hayan sido proeuropeos”, afirma.

Respecto al impacto del “brexit” en la economía española (sobre todo en el sector agroalimentario), García-Quismondo se muestra cauto, aunque, en principio, no cree que vaya a ser tan drástico  como algunos vaticinan.