Regular la Inteligencia Artificial y la producción casera de bienes, tareas urgentes de la pospandemia

El diseñador David Grifols trabaja en su estudio con una impresora 3D en piezas para las mascarillas adaptadas a partir de unas gafas de buceo. EFE/Enric Fontcuberta/ARCHIVO

Madrid (EuroEFE).- El mundo pospandemia no puede seguir ignorando la “revolución” de la Inteligencia Artificial (IA), capaz de creaciones sujetas a derechos de propiedad intelectual, y tampoco la necesidad de regular la producción casera de bienes con herramientas como las impresoras 3D.

Así lo cree el grupo de expertos que participó recientemente en un foro digital de la Fundación FIDE y TIPSA (Transatlantic Intellectual Property Academy) sobre el rol de la propiedad industrial e intelectual una vez superada la crisis global provocada por la pandemia de coronavirus.

“La Inteligencia Artificial ya estaba en nuestras vidas”, pero con la COVID-19 ha quedado claro que el teletrabajo o el cuidado de los enfermos ha sido posible gracias a “máquinas, redes y robots”, argumentó el profesor Laurent Manderieux, de la Universidad Bocconi de Milán (Italia).

“No podemos seguir escapando de la revolución de la Inteligencia Artificial”, que “sin ninguna duda” en la actual crisis experimentará una “aceleración” en sectores como la medicina, la robótica o el comercio, según Manderieux.

A su juicio, hay que aceptar el hecho de que la IA puede dar lugar a creaciones susceptibles de “estar sujetas a derechos de autor”, algo sobre lo que han mantenido silencio hasta ahora todas las convenciones internacionales.

Urge que académicos y legisladores empiecen a debatir al respecto, de acuerdo con Manderieux, quien sostuvo que la propuesta de reglamento sobre la IA en la que está trabajando el Parlamento Europeo “quizá pueda ser una base para soluciones legales y efectivas”.

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Hay otro auge junto al de la Inteligencia Artificial que también es necesario tomar en cuenta, porque “quizá sea una forma de garantizar que el público tenga acceso a nuevos dispositivos y descubrimientos”, comentó por su parte el profesor Anselm Kamperman-Sanders, de la Universidad de Maastricht.

Se trata de la fabricación casera con herramientas como las impresoras 3D, centrada durante la pandemia en material sanitario pero susceptible de expandirse a muchos otros ámbitos.

El “hazlo tú mismo, en casa” obliga a preguntarse “quién es responsable” de los derechos de propiedad intelectual, indicó al respecto la profesora Jane Ginsburg, de la estadounidense Universidad de Columbia.

Anotó, asimismo, que cambios que ya estaban ocurriendo y a los que el virus ha dado “ímpetu”, como el aumento del teletrabajo o la reducción del uso de dinero en efectivo, “son fuertemente dependientes del software y de la conectividad a internet”, lo que también tiene implicaciones para la propiedad intelectual.

Reconocimiento a los artistas y simplificación de leyes

¿Y qué pasará con los creadores y artistas que han dado su trabajo “gratis” durante la pandemia? “Es una gran vergüenza que sean valorados moralmente y económicamente devaluados”, opinó Ginsburg.

A su juicio, hay que buscar “formas más robustas de garantizar” un pago justo y el reconocimiento a su creatividad, al “valor de la reputación artística”.

“La cuestión del valor reputacional de nuestros artistas” se mantendrá tras la crisis y nos seguiremos “conmoviendo” con el arte, que nos recuerda que “todos somos humanos”, reflexionó por su parte Kamperman-Sanders.

Los derechos “exclusivos” son “un incentivo para crear” y es necesario rediseñar el sistema que regula la propiedad intelectual para que “encaje” en la nueva coyuntura social y económica, de acuerdo con Ginsburg.

Las actuales leyes de propiedad intelectual generalmente “no funcionan” porque “se vuelven demasiado específicas” y terminan sirviendo a “grupos de interés para hacer lobby”, denunció la profesora de Columbia.

En la misma línea, Manderieux abogó por normas “más claras y más simples”, así como por buscar el “equilibrio” entre el interés público y los derechos privados de creadores e inventores.

Edición: Catalina Guerrero

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