La UE y la ONU buscan recuperar el liderazgo mediador en Libia ante Turquía y Rusia

Libia

La ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González-Laya (i), durante la reunión mantenida con el jefe del Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU (GNA), Fayez al Serraj (d), el 7 de septiembre de 2020, en Trípoli. [EFE/Carlos Pérez]

Trípoli/Túnez (EuroEFE).- La Unión Europea y la ONU tratan de recuperar el liderazgo en la mediación del conflicto en Libia, arrebatado por Rusia y por Turquía, que en los últimos seis meses se ha convertido en un actor principal al desplegar oficiales, barcos y drones, firmar acuerdos económicos en Trípoli y comenzar a establecer bases militares en el oeste del país.

A este esfuerzo, que inició hace tres semanas el ministro alemán de Exteriores, Heiko Maas, y que continuó el alto representante de Política Exterior y Seguridad de la UE, Josep Borrell, se sumó hoy la jefa de la diplomacia española, Arancha González Laya, que al igual que su compatriota prevé visitar a los dos Ejecutivos en conflicto.

Una renovada estrategia que parece tener como objetivo fomentar a los actores políticos y tratar de arrinconar al mariscal Jalifa Hafter, tutor del Gobierno no reconocido en el este y hombre fuerte del país, y que ya fracasó en el anterior esfuerzo de la ONU, en 2015, fecha en la que se agudizó la guerra civil que desde hace una década ensangrienta Libia.

“Ahora se abre una ventana de oportunidad, que puede llevarnos o hacia la paz y un proceso político que nos conduzca a buen término o a la continuidad de los combates”, explica a Efe el teniente coronel Jorge Alonso, adscrito a la Célula de Planificación y Enlace de la Unión Europea (EULPC), en alusión al alto el fuego prometido por las partes hace tres semanas.

“La influencia internacional en el conflicto será la que lleve a un lado u otro. Pero este debe ser un proceso liderado por los libios. Cuando las partes internacionales comprendan que deben respetar la voluntad de los libios, este pueblo quedará tranquilo”, explicó en su sede en Túnez.

Un conflicto multinacional privatizado

La guerra civil se agudizó tras aquel acuerdo interlibio auspiciado por la ONU en la ciudad marroquí de Sjirat que desembocó en la creación “ad hoc” del Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido en Trípoli (GNA), incapaz desde entonces de extender su autoridad ni siquiera en la capital, aún controlada por las milicias.

Al margen quedó Hafter, quien no reconoció el pacto y que meses después inició una ofensiva que le permitió apropiarse del golfo de Sirte, corazón de la industria petrolera, conquistar la región del sur y, con ayuda de mercenarios rusos, colocar a sus milicias a las puertas de Trípoli.

Pero hubo de replegarlas el pasado junio al eje Sirte Al Jufrah, actual línea del frente, a causa de la entrada en el conflicto de Turquía, principal apoyo del GNA junto a Catar.

Hafter recibe, por su parte, el respaldo económico y militar de Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Arabia Saudí, Sudán y Rusia, que al igual que Ankara han enviado miles de mercenarios sirios y de otras nacionalidades a combatir en una guerra que ha devenido en un enfrentamiento multinacional privatizado, sin ejércitos regulares, librado por milicias locales y Compañías Privadas de Seguridad Militar (PSMC) extranjeras.

Naciones como Estados Unidos y Francia, igualmente implicadas en el conflicto, mantienen vínculos con ambos contendientes.

La vigencia de Berlín

En este contexto, González Laya advirtió este lunes de que la salida al conflicto pasa por “una solución entre libios”, en la que “no puede haber ganadores, ni perdedores, ni injerencias extranjeras”, una frase similar a la utilizada el domingo en la nueva reunión interlibia auspiciada por la ONU en la ciudad marroquí de Bouznika.

“No se puede perder esta oportunidad para estabilizar la situación en Libia. La solución es una solución entre libios, no es una solución que venga de fuera. Los libios la tienen que construir”, afirmó González Laya, que alabó la tregua y defendió la vigencia de la Conferencia de paz de Berlín, celebrada el pasado enero sin hasta la fecha resultados tangibles.

A este respecto, observadores internacionales alertan de que la situación actual ya no es la misma y debe repensarse, pues antes Turquía no había comenzado a asentarse política, económica y militarmente con intención de permanecer en el oeste de Libia, punto de partida de la migración irregular hacia Europa, y otras administraciones como la estadounidense estaban más distantes.

“No existe ni una sólida ni una seria determinación por parte de Estados Unidos de impedir que los rusos mantengan su influencia política y militar en Libia”, asegura Jalel Harchaoui, investigador del centro neerlandés de estudios Clingendael.

“Aunque es posible que se logre una desmilitarización parcial de Sirte, del resto no se discutirá probablemente mucho más”, agrega el experto que coincide con muchos otros en que, si no se aborda el desarme de las milicias, no será posible lograr una solución duradera, como pasó en 2015, cuando ese controvertido punto también quedó aplazado.