Líder opositora: Lukashenko demostró su debilidad al recurrir a Putin

Bielorrusia

Maria Kolesnikova durante una rueda de prensa en Minsk, el 18 de agosto de 2020. [EFE/EPA/TATIANA ZENKOVICH]

Minsk (EuroEFE).- La única líder de la oposición bielorrusa que no está en el exilio, María Kolésnikova, es optimista sobre el futuro de las protestas democráticas. Y es que cree que, al recurrir desesperadamente al Kremlin, el presidente, Alexandr Lukashenko, demostró su debilidad a ojos de sus ciudadanos.

“Es una muestra de la debilidad de Lukashenko, que intenta convencernos con un Kaláshnikov en la mano que es un hombre fuerte, pero todos saben que no es así”, comentó en el cuartel general de la oposición en Minsk.

Kolésnikova cree que esa imagen que dio la vuelta al mundo -Lukashenko con un fusil- tuvo un efecto totalmente contrario al que pretendía el autoritario dirigente, admirador de Stalin y que llegó al poder en 1994.

“Los bielorrusos están preparados para el maratón de protestas”, comentó después de que el domingo más de 100.000 personas inundaran por tercer domingo consecutivo las calles de Minsk en una marcha pacífica que desafía las amenazas de Lukashenko.

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Intervención rusa, un crimen

“Lukashenko pidió ayuda a un país vecino. La injerencia en los asuntos de otros países es un crimen”, insiste la opositora.

El presidente ruso, Vladímir Putin, admitió la pasada semana que acordó con Lukashenko crear una fuerza policial conjunta que sería desplegada en Bielorrusia en caso de necesidad.

Kolésnikova rechaza las supuestas “obligaciones” contraídas por Rusia en virtud de acuerdos bilaterales y multilaterales.

En su opinión, ni la Unión Estatal entre Moscú yMinsk ni la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, conocida como el brazo armado del espacio postsoviético, contemplan una intervención policial en otro país.

Además, llama a leer atentamente y entre líneas el mensaje de Putin, quien también recomendó a Minsk que escuche las demandas de su pueblo.

“En las declaraciones de Putin todos recogen la primera parte e ignoran la segunda, aunque es mucho más importante. Putin dice que si la gente sale a la calle, significa que están descontentos y que hay que escucharles y alcanzar un compromiso”, indicó.

En lugar de eso, Lukashenko se sube a un helicóptero vestido con uniforme de las fuerzas especiales, arenga a los efectivos antidisturbios y llama “ratas” a los manifestantes.

Una hoja de ruta flexible

Kolésnikova cree que la clave del éxito de las protestas antigubernamentales es que no hay una hoja de ruta fija y que la oposición no aspira a tomar el poder, sino cambiar el país, proceso que no puede consumarse de la noche a la mañana.

“Nuestro objetivo no es luchar por el poder. No somos un partido político”, dice sobre el Consejo coordinador opositor, considerado anticonstitucional por las autoridades.

Hay tres aspiraciones que comparten todos los bielorrusos: nuevas  elecciones, liberación de todos los presos políticos e investigación de los asesinatos y actos de violencia contra los detenidos.

“Lo que tenemos claro es que somos una mayoría y que nuestra conciencia como pueblo ha cambiado totalmente. Ahora, los bielorrusos tienen dignidad y exigen ser respetados. Y ese es un sentimiento de libertad que no puede ser extinguido de ninguna forma”, apuntó.

Kolésnikova esconde sus cartas. Y es que insiste en que en Bielorrusia “no hay política”, que “todo cambia muy rápido” y que no hay una fórmula ya escrita que garantice la victoria sobre un régimen con 26 años de experiencia autoritaria.

“Es difícil hablar de planes a largo plazo, ya que cada día ocurre algún cambio en la propia Bielorrusia. También recibimos comentarios de otros países y, por supuesto, debemos reaccionar”, afirmó.

El Consejo coordinador opositor asumió la función de expresar la opinión de la mayoría de bielorrusos y de crear mecanismos de diálogo con el poder a todos los niveles, explica la opositora.

En una clara apuesta por el diálogo no sólo con Lukashenko sino con las autoridades locales, el Consejo coordinador opositor tiene previsto abrir sucursales en cada una de las regiones del país.

“La sociedad bielorrusa se encuentra en una nueva fase de su desarrollo y ellos tendrán, tarde o temprano, que aceptarlo”, indica.

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Revocación de diputados

Aunque no hay una hoja de ruta definida, los activistas opositores no pierden el tiempo. Han lanzado una iniciativa para revocar a los diputados de la Cámara de Representantes del Parlamento bielorruso.

Kolésnikova destaca que, aunque son suficientes 150 firmas para abrir el proceso de revocación, la oposición ha recabado en algunos casos miles de signaturas.

“Esto es muy importante y de ninguna forma desvía la atención de lo que está ocurriendo ahora -las protestas contra Lukashenko-, sino que lo completa con acciones concretas”, explica.

Considera que este es uno de los grandes logros del proceso en marcha en Bielorrusia -la oposición evita hablar de revolución-: la gente que se encuentra en el poder debe responder de sus acciones ante el pueblo.

Si no están de acuerdo con su función, que consiste defender los intereses de sus electores en el Parlamento federal y las asambleas locales, “entonces hay que cambiarlos”, señala.

“Se puede salir a la calle, se pueden regalar flores, se puede acudir a las iglesias y hospitales, o se puede demostrar a cada diputado que ‘usted está en el poder gracias a  nuestro dinero’”, explica.

La sonrisa de la revolución

Kolésnikova, música de formación y de profesión, es la única de la troika de mujeres que plantaron cara a Lukashenko durante la campaña electoral que sigue en Minsk, ya que la líder opositora, Svetlana Tijanóvskaya, está en Lituania, y Verónika Tsepkalo también se exilió tras las elecciones del 9 de agosto.

“Sentimos la presión, pero yo creo que nos encontramos en la misma situación que nueve millones de bielorrusos. Cada uno de nosotros entendemos perfectamente lo que pasa y todos sentimos la misma presión. Esto no nos frena”, subraya.

Por el hervidero en el que se ha convertido el cuartel general de la oposición, con un constante trajín de activistas, abogados, reporteros y gente común deseando contribuir al cambio democrático, Kolésnikova parece tener razón.

Regresó como una hija pródiga de Alemania (2019), donde había vivido los últimos doce años, a petición del empresario Víctor Babariko para dirigir un proyecto cultural y acabó convirtiéndose con su sempiterna sonrisa en uno de los rostros de la ilusión de millones de bielorrusos.

“Siento una gran responsabilidad. Yo no estaba preparada para esto, pero ahora creo que a mí me ocurre la misma transformación que a la mayoría de bielorrusos”, confiesa.

Dice no tener miedo a que la detengan, aunque Babariko, el candidato que tenía más opciones de derrotar a Lukashenko en las urnas, está en prisión desde hace tres meses y podría ser condenado a varios años de cárcel por presuntos delitos económicos.

“Conozco demasiado bien los últimos 26 años de historia de Bielorrusia. Para mí fue una elección y un riesgo que tomé con todas las consecuencias. Pero el futuro de Bielorrusia merece luchar por él y sacrificar algunas comodidades. No lo lamento”, señaló.

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