Tensión en la frontera greco-turca, pero la situación se mantiene estable

Grecia

Agentes de policía griegos apartan a un grupo de refugiados que vive en el campamento de Moria, el 3 de marzo de 2020, en Mytilene (Grecia). [EFE-EPA]

Atenas (EuroEFE).- Cuando se cumple una semana de la suspensión de facto del acuerdo migratorio Unión Europea-Turquía tras la apertura de las fronteras por parte de Ankara, la crispación en la frontera griega se mantiene estable, pero sin visos de distensión.

A primera hora del viernes fuerzas policiales griegas cargaron con gases lacrimógenos y cañones de agua contra pequeños grupos de migrantes y refugiados que intentaron cruzar hacia Grecia junto al puesto fronterizo de Kastaniés.

La parte turca respondió también con gases, atrapando a los que se encontraban entre ambas verjas, algo que lleva ocurriendo toda la semana.

El resto del día la tensión se disipó, lo que evitó mayores enfrentamientos.

GRECIA REFUERZA LAS FRONTERAS

En total, desde el viernes pasado Grecia afirma que ha impedido la entrada de mas de 36.000 migrantes y refugiados y ha detenido a cerca de 300.

Muchos migrantes han relatado que, tras ser apresados por soldados griegos al cruzar el Evros, el río que funciona como frontera natural entre Turquía y Grecia, estos les golpearon y despojaron de todas sus pertenencias, a veces incluso de la ropa y los zapatos, antes de obligarles a regresar a Turquía.

El portavoz del Gobierno griego, Stelios Petsas, anunció hoy en una entrevista a la televisión privada ANT1 que se va a ampliar la valla que protege la frontera terrestre cerca del río Evros.

“La parte más vulnerable de la frontera terrestre en la región de Evros está en el sur. Eso lo arreglaremos los próximos días. Cerraremos esa parte”, aseguró Petsas.

Según fuentes del Ministerio de Defensa, esta ampliación de la valla podría alcanzar los 40 kilómetros de longitud en los puntos más vulnerables de la frontera, donde las aguas del río van más bajas o la orografía permite el cruce con mayor facilidad.

Hasta ahora la valla tiene unos 12,5 kilómetros de largo en torno al paso fronterizo de Kastaniés, donde miles de personas se han instalado esta semana con la esperanza de llegar a Europa.

Turquía está trasladando a gente del punto más conflictivo de la frontera a Uzunköprü, a unos 100 kilómetros al sur, donde se les reparte por la zona, posiblemente para facilitar su cruce.

Las fuentes del citado ministerio griego dicen que hay temor a que se les lleve a las costas turcas frente a las islas del mar Egeo, desde donde hasta ahora apenas han salido embarcaciones con refugiados.

Desde el martes hasta hoy la Guardia Costera sólo ha registrado 59 llegadas a estas islas, todas el jueves, cuando los fuertes vientos y la lluvia dieron un pequeño respiro a la zona.

EL ALTO EL FUEGO DE IDLIB NO DA TREGUA A GRECIA

Estos supuestos traslados de migrantes a distintos puntos de la frontera greco-turca han reducido la esperanza de que el alto el fuego en la provincia siria de Idlib negociado ayer entre Turquía y Rusia sirva para reducir la escalada de la crisis migratoria.

Además, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, aseguró hoy en el avión de vuelta de Moscú que mantendrá la política de “puertas abiertas” para los que quieran dirigirse a Grecia.

“No tenemos tiempo de discutir con Grecia sobre si la puerta está abierta o cerrada. Eso se ha acabado. Hemos abierto las puertas. Los refugiados irán como puedan, no estamos expulsándolos del país”, aseguró.

Este recrudecimiento de la situación que los griegos llevan viviendo años por su papel de puerta de Europa ha disparado la preocupación entre la población.

Según una encuestas realizada por el instituto demoscópico Pulse, al 83 % de los entrevistados le preocupa los refugiados. Además, el 84 % se declaró muy o bastante preocupado por la actitud de Turquía.

ATENAS CAMBIA LAS REGLAS DE LA PROTECCIÓN INTERNACIONAL

El Gobierno griego liderado por el conservador Kyriakos Mitsotakis ha endurecido aún más el trato que da a los refugiados y, con la excusa de descongestionar los abarrotados campos de las islas del Egeo, ha reducido drásticamente de seis meses a treinta días el tiempo máximo que pueden pasar en una vivienda pública las personas a las que ya se les ha otorgado el estatus de asilado.

Las personas que han llegado desde el pasado día 1 no tendrán derecho a solicitar protección internacional y, además, serán devueltas a sus países de origen a la mayor brevedad.

El portavoz del Gobierno dejó abierta hoy la opción de que se construyan centros cerrados para migrantes en islas deshabitadas.

Uno de los planes del Ejecutivo es construir varios de estos centros en las islas del Egeo y cerrar los actuales campos, pero la población local se ha pronunciado frontalmente en contra.