Eurodiputados y especialistas piden respuesta penal y compromiso de las grandes tecnológicas contra los bulos

Quiosco de venta de periódicos de la Plaza del Castillo de Pamplona. EFE/Jesús Diges/Archivo

Madrid (EuroEFE).- Eurodiputados y especialistas alertaron este miércoles de cómo la desinformación en internet pone en riesgo la democracia en Europa y plantearon estrategias para prevenirla y combatirla, desde el derecho penal hasta el compromiso de las grandes tecnológicas, además de la alfabetización digital de niños y la educación en el pensamiento crítico.

“Tiene que haber una respuesta penal europea” contra la dinámica “extremadamente peligrosa” para la convivencia que supone los contenidos falsos con la intención de distorsionar la democracia y los valores de la UE, apuntó el presidente de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo (PE), el español Juan Fernando López Aguilar.

“No es verdad que la libertad de información permita difundir cualquier cosa”, no protege la mentira y la calumnia ni la radicalización, precisó en un foro telemático organizado por el Parlamento Europeo en Madrid y el Observatorio Europeo de Análisis y Prevención de la Desinformación (ObEDes).

 

Dijo que la UE convoca a todas esos “gigantes tecnológicos” de la red a ser parte en la remoción de los contenidos falsos que buscan influir en los procesos electorales.

También se refirió a la futura regulación europea de servicios digitales para poner orden en la “ley de la jungla” que han impuesto esas plataformas y la “presión individualizada” y “campaña de asedio” que ejercen contra los miembros del PE cuando se trata de tomar decisiones que afectan a su modelo de negocio.

La eurodiputada española Mayte Pagazaurtundua valoró que las instituciones europeas están intentando hacer frente a la magnitud de la amenaza para la salud y la democracia que pueden tener esa desinformación en forma de “injerencia extranjera”.

Citó el confinamiento de la población española durante la primavera para frenar la Covid, cuando en las redes se introducían mentiras de manera sutil, “muchas muy peligrosas”.

Son narrativas para “romper Europa”, analizó, y, de paso, debilitar a cada uno de los países miembros. A medida que las instituciones europeas daban respuestas, la posibilidad de la desinformación disminuía. Es lo primero que tienen que hacer, “dar respuestas”, aseveró.

Esos ataques eran de plataformas digitales, la mayoría fuera de la UE, de escasa trazabilidad y transparencia y mensajes conspiranoicos, indicó.

 

Igualmente, el Presidente del Comité de Expertos del ObEDes, el español Ramón Luis Valcárcel, reclamó que las tecnológicas den una respuesta “adecuada y comprometida” contra la desinformación.

VERIFICAR, CONTRASTRAR

La investigadora y profesora de Periodismo de la Universidad de Zaragoza (noreste español) Carmen Marta Lazo constató que las noticias falsas son “materia prima para ignorantes”, así que “saber filtrar” y contrastar la información es más necesario que nunca.

Mariluz Congosto, doctora en Telemática y experta en análisis de redes sociales, resaltó la importancia de los verificadores independientes de hechos en los medios de prensa tradicionales para evitar sesgos ideológicos.

El investigador Jorge Bustos, coautor del informe “Fuentes verificadas ante las ‘fake news'”, aseguró que los principales gigantes tecnológicos han intentado ser el primer filtro de la desinformación durante la pandemia, pues vuelven a los “pilares clásicos del periodismo”, como contraste de información y fuentes oficiales e identificables,

En Perú, las redes sociales, sobre todo Twitter, han influido “notablemente” en la toma de decisiones, especialmente de grupos económicos, y han sido utilizadas por el Gobierno para la manipulación de la “población” durante la pandemia.

Son conclusiones de una investigación de Iván Hidalgo Romero y otros autores de la Universidad San Martín de Porres, en Lima.

Y en las elecciones argentinas de 2019, corrieron por las redes bulos sobre el mala gobernanza, apagones o infraestructuras en mal estado, apuntó Raúl Magallón Rosa, de la Universidad Carlos III de Madrid.

Editado por Miriam Burgués