El Gobierno español se adentra en el laberinto de los presupuestos

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, al inicio de la sesión de control al Ejecutivo en el Congreso. EFE/Chema Moya

Madrid (EuroEFE).- El Gobierno español busca que la inyección prevista de 140.000 millones de euros del fondo europeo de recuperación tras la pandemia le dé estabilidad para afrontar su minoría parlamentaria y le permita adentrarse en un auténtico laberinto, el de los Presupuestos Generales del Estado.

Debido a la fragmentación del Parlamento, el Ejecutivo, el primero de una coalición izquierdista, se ve obligado a realizar auténticas obras de aritmética para sacar adelante sus propuestas.

Ahora, y tras el agónico acuerdo logrado en la cumbre de la UE de Bruselas, de cinco días de duración, el primer paso para el Gobierno español es la elaboración de un nuevo presupuesto estatal, algo para lo que el Ejecutivo comenzó ya a buscar entendimientos con idea de trazar acuerdos en septiembre.

Y es que debido a la inestabilidad políticas de los últimos años, el Ejecutivo se rige todavía por los propuestos anuales de 2018, cuando todavía estaba en el poder el conservador Partido Popular (PP), lo que han las cuentas públicas en las más longevas de la historia de España.

OBJETIVO: PRESUPUESTO PROGRESISTA

El objetivo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (PSOE, socialista), es intentar pactar unos presupuestos progresistas con medidas alimentadas por el dinero europeo que puedan atraer a buena parte de la mayoría de su investidura (con pequeños partidos nacionalistas e izquierdistas) pero a su vez que puedan ser aceptables para la formación liberal Ciudadanos (C’s).

Sánchez reconoció hoy, en un debate en el Congreso, que ve “imposible” que el conservador Partido Popular, primera formación opositora, apoye los presupuestos.

Uno de los líderes de Ciudadanos, Edmundo Bal, urgió a Sánchez a promover una mesa de trabajo con la oposición política, empresas y sindicatos, para preparar unos presupuestos “moderados, razonables” y acordar las reformas necesarias para emplear adecuadamente los nuevos fondos europeos.

“El Gobierno tiene una gran responsabilidad histórica para aprobarlos y necesita a Ciudadanos”, afirmó.

VETOS CRUZADOS Y RECHAZOS RECÍPROCOS

Sin embargo, el socio del Partido Socialista (PSOE) en el Ejecutivo de coalición, la formación izquierdista Unidas Podemos (UP), descarta pactar con PP y C’s, debido a que esos partidos tienen acuerdos de gobierno regionales y municipales con el ultraderechista Vox.

El líder de UP y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, consideró hoy “legítimo” que el PSOE “mantenga conversaciones con las formaciones de la derecha” pero recalcó que pactar con quien pacta con la ultraderecha “es incompatible” con la presencia de su partido en la coalición.

Eso mismo piensan otras formaciones de izquierda o nacionalistas. Y, para complicar aún más el rompecabezas, Bal advirtió desde C’s que no admitirán cesiones a nacionalistas vascos y catalanes que fomenten “desigualdad” entre los españoles.

Y el Partido Nacionalista Vasco, tal vez el socio más fiable de la coalición del Gobierno, recalcó a Sánchez que no cuente con él si antes no cumple compromisos previos, algo que rechaza Ciudadanos.

La portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, que es también la ministra de Hacienda encargada de elaborar los presupuestos, considera que la cantidad de dinero que llegará de la UE es “extraordinaria” y pide apartar “intereses partidistas” a la hora de elaborar las nuevas cuentas del Gobierno.

Y a pesar de que algunos de los socios, actuales o potenciales, plantean a Sánchez condiciones a priori contrapuestas, Sánchez y sus ministros confían en poder articular unos presupuestos con medidas que sumen potenciales socios sin importar su etiqueta política.

El modelo que buscaba el Gobierno era el de las conclusiones de la comisión de reconstrucción nacional tras la pandemia, votadas hoy en el Congreso.

Sin embargo, en el Congreso se aprobaron tres documentos –economía, sanidad y Unión Europea– y se rechazó por solo tres votos el texto con propuestas sociales, lo que adelanta vetos cruzados e intereses contrapuestos, a veces más basados en etiquetas políticas que en el apoyo o rechazo real a medidas concretas.

Así pues, la llegada de la lluvia de millones de la UE, la mitad de ellos transferencias directas que no deberán devolverse, puede ayudar a cuadrar el presupuesto, pero pactar las medidas concretas que contenga se presenta como otra cámara de tortura para el Ejecutivo.

Editado por Miriam Burgués