España, a la cabeza de los graduados con empleo de menor cualificación

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Madrid (EuroEFE).-  España sigue a la cabeza de la Unión Europea (UE) de graduados con empleo de menor cualificación. Ahora bien, ese ascenso continuo de sobrecualificación que se registra desde 2011 entre los universitarios españoles con empleo, es decir, que trabajan en unos puestos con un nivel inferior al de sus estudios, ha tenido por primera vez un cambio de tendencia en 2018.

Ana Botin aboga por más conexión entre universidad y empresa

Es, al menos, lo que apunta la decimoquinta edición del Informe CYD 2018 de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, presidida por Ana Botín, que este lunes ha asistido a la presentación del trabajo junto al presidente de los rectores CRUE, José Carlos Gómez Villamandos.

La alta sobrecualificación de los graduados superiores españoles se refleja en que el pasado año, el 34,8 % de sus contratos (según grupos ocupacionales) fueron para desempeñar tareas que no eran de alta cualificación, pues no estaban incluidos en los grupos de directores y gerentes, técnicos y profesionales científicos e intelectuales, según datos del Servicio Público de Empleo.

Se trata de casi un punto porcentual por debajo del registrado el año precedente, lo que “supone un cambio de tendencia respecto a lo que se venía observando desde inicios de década”, resalta el estudio.

No obstante, los autores del trabajo, Martí Parellada y Francesc Solé Parellada, han advertido que ese cambio de tendencia “puede no consolidarse”.

Por géneros, el nivel de sobrecualificación de los hombres fue superior al de las mujeres en 2018, aunque la diferencia era mínima, inferior al medio punto porcentual.

Una visión internacional empeora los datos sobre cualificación de los universitarios en España.

La mitad de graduados superiores en España desempeñan tareas inferiores a su cualifcación

En 2018, del total de ocupados en el mercado de trabajo español que eran graduados superiores, el 37,6 % (datos Eurostat) estaba desempeñando tareas que no eran de alta cualificación y estaban en ocupaciones que no pertenecían a los grupos de directores y gerentes, técnicos y profesionales científicos e intelectuales y técnicos y profesionales de apoyo.

Ese dato es la cifra más elevada de todos los países de la UE.

El estudio explica que el notable porcentaje de graduados superiores en España que han de emplearse en ocupaciones que no son de alta cualificación se debe a una elevada proporción de población adulta, de 25 a 64 años, en posesión de una titulación superior (en 2018, el 37,3 %, cinco puntos porcentuales por encima de la UE) y también a la reducida proporción de ocupaciones de alta cualificación del sistema productivo.

La importancia de la formación universitaria dual

Parellada y Solé han sugerido que se necesita más colaboración entre Universidad y empresas para reducir la sobrecualificación de los universitarios empleados.

Por ejemplo, con una formación universitaria dual (que implique prácticas en empresas), doctorados industriales (aquellos que no solo sirvan para dar clase sino que sean valorados por las empresas) y más correspondencia entre universidades y Formación Profesional.

Por otro lado, el informe de la Fundación CYD señala que aunque los indicadores del sistema universitario “han mejorado en los últimos años”, aún “no logran alcanzar los niveles previos a la crisis”, y se ha instado a una reforma del marco legal para que la Universidad se gestione de una manera “más ágil, flexible y autónoma”.

El trabajo ofrece otros muchos datos interesantes de 2018 como el desfase en la oferta universitaria pública-privada, ya que se registra un aumento continuo de universidades privadas en España.

Asimismo, hay una disminución en el número de matriculados en las universidades públicas y un aumento en las privadas, en especial para hacer un máster.

Se ha incrementado el personal docente pero la edad media de este colectivo sigue siendo alta, de 50 años.

En cuanto a las principales barreras que impiden el desarrollo y mejora de la Universidad, el informe destaca las siguientes carencias: internacionalización, excelencia en la investigación, capacidad de adaptación de las titulaciones a la demanda de los ocupadores o la celeridad en la mejora de la docencia.

Por Pilar Rodríguez Veiga (edición: Catalina Guerrero)

Para saber más: 

► Informe CYD 2018