La prosperidad global alcanza su máximo, con países europeos encabezando la lista

Dinamarca

Varias mujeres se celebró la conferencia internacional Women Deliver, en Copenhague, el 15 de junio de 2016. EFE/Jèssica Martorell

Londres (EuroEFE).- La prosperidad a nivel global se sitúa hoy en su nivel más alto en los últimos diez años, con Dinamarca a la cabeza, en 148 países de 167 que durante ese periodo registraron cotas más altas, impulsados por economías más abiertas y mejores condiciones de vida. España ocupa el puesto 25.

El dato se desprende del llamado Índice de Prosperidad del Instituto Legatum 2019, publicado este lunes en Londres, que explica que el aumento ha sido motivado por factores como el hecho de que las economías sean ahora más abiertas y a mejoras vitales en salud, educación y condiciones de vida en todo el mundo.

No obstante, esos niveles podrían ser aún superiores si no fuera porque quedan frenados por libertades personales “más debilitadas” y el “deterioro” de los gobiernos, según explicó el Instituto en un comunicado.

Pese a que la prosperidad global sigue mejorando, la distancia entre los países más fuertes y los más débiles continúa ampliándose.

Nueve de los diez primeros países, europeos

Dinamarca, Noruega, Suiza, Suecia, Finlandia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Alemania, Luxemburgo e Islandia son los diez países más prósperos, mientras que Sudán del Sur, Yemen, República Centroafricana, Chad, Afganistán, República Democrática del Congo, Somalia, Eritrea, Burundi y Sudán son los diez con los peores niveles globales.

Economías abiertas

De acuerdo con ese índice, las economías son más abiertas por las mejoras en los entornos de inversión y la conectividad digital, así como por la reducción en las cargas administrativas.

Otro hallazgo apunta a que las personas son ahora más tolerantes globalmente, pero hay menos libertad para hablar, asociarse y reunirse.

En la última década, todas las regiones del mundo han experimentado ascensos positivos, dándose el mayor cambio en Asia Pacífico.

Alrededor del mundo, el acceso al mercado y las infraestructuras ha mejorado, con más del doble del acceso a internet y con la banda ancha alcanzando niveles seis veces superiores a los de 2009.

El estudio también revela que las condiciones de vida globales, la salud y la educación han elevado su calidad y se encuentran ahora en sus máximos niveles. De todas las regiones, excepto en Norteamérica, se han notado mejoras en esas tres áreas.

Philippa Stroud, consejera delegada del Instituto Legatum, indicó que la prosperidad es “mucho más que riqueza material; también engloba bienestar, seguridad, libertad y oportunidad”.

“Pero sin una economía abierta y competitiva, es muy complejo crear bienes sociales y económicos duraderos”, advirtió.

La importancia del bienestar institucional

Pese a que la prosperidad alcanza un nuevo máximo, el índice alerta de que en lo tocante a bienestar institucional, aunque las regiones de Asia Pacífico, Europa Occidental y América Latina y el Caribe han registrado mejoras, todas las otras han sufrido un declive, con Oriente Medio y Norte de África (MENA) con el mayor deterioro.

En este punto, resalta que el gobierno ha decaído globalmente al tiempo que las libertades personales se han deteriorado en esa década.

Menos seguridad en Medio Oriente y norte de África 

Otros datos revelan que, si bien los niveles de seguridad han repuntado desde 2017 al reducirse la violencia y el terrorismo políticos, siguen estando por debajo de los niveles de 2009; y han caído significativamente en la región de MENA ( acrónimo del inglés que se refiere al Medio Oriente y el norte de África) por el aumento en los últimos diez años en el número de nuevos conflictos y de actividades terroristas en esas regiones.

Sin embargo, durante el mismo periodo el mundo se ha vuelto más tolerante hacia otros grupos sociales, particularmente con la comunidad LGBT.

Stephen Brien, director de política del Legatum Institute, opinó que los hallazgos de este índice “refuerzan también la creencia de que la fortaleza de las relaciones personales y sociales, las normas sociales y la participación cívica, son componentes inherentes y esenciales de una “sociedad próspera”.

Edición: Catalina Guerrero