La UE desaprovechó el crecimiento de 2018 para reducir deuda, según la Junta Fiscal

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Bruselas (EuroEFE).- Los países de la Unión Europea (UE) con altos niveles de deuda desaprovecharon el crecimiento mejor de lo previsto que se registró en 2018 para construir reservas fiscales y aumentaron el gasto público sin que se tradujese en un aumento de las inversiones, según informó este martes la Junta Fiscal Europea (JFE).

El informe anual de 2019 publicado este martes por el cuerpo de asesores independientes de la Comisión Europea analiza la aplicación de las normas comunitarias de disciplina fiscal -el Pacto de Estabilidad y Crecimiento- durante el año pasado y reivindica una simplificación de las mismas.

 

“Los resultados presupuestarios fueron mejor de lo planeado gracias a unos ingresos y ahorro en intereses mayores de lo esperado. Como en los pasados años, las ganancias inesperadas solo se utilizaron parcialmente para construir colchones fiscales, especialmente en los países más endeudados”, dice el documento.

Los asesores destacan que el gasto público fue mayor de lo esperado, pero no sirvió para aumentar la inversión pública puesto que la mayor parte se destinó a gastos corrientes. Esto fue así, señalan, a pesar de la “flexibilidad” mostrada por la Comisión con muchos países.

Destacan que Bruselas evitó sancionar a Italia a pesar de que incumplió las normas gracias a un acuerdo entre la Comisión y el Gobierno basado en compromisos futuros, “en contra de la práctica establecida”.

En este sentido, apuntan a que las “consideraciones políticas interfieren con la evaluación económica” y que la vigilancia por parte del Ejecutivo comunitario es cada vez más “bilateral”, como mostró el caso italiano.

Apuntan también a que las reglas son “complejas y opacas”, basadas en muchos indicadores diferentes, algunos de ellos “inobservables”, lo que permite que los países tengan margen para decidir cuál eligen como referencia.

Necesaria simplificación de las normas de disciplina presupuestaria

En este contexto, la Junta aboga por una “simplificación radical” de las normas de disciplina presupuestaria europeas, que se endurecieron durante la crisis y han sido objeto de críticas por su complejidad y por el margen de discreción que dejan a la Comisión.

Los asesores proponen pasar de indicadores homogéneos para todos a orientaciones específicas para cada país. Así, se fijaría un techo al aumento del gasto público neto ligado a un objetivo de deuda pública.

En lugar de la regla vigente de que la deuda no supere el 60 % del PIB, la Junta propone fijar metas individuales para cada país a siete años, de modo que los que tengan una deuda elevada se comprometan a reducirla, y los que tengan un nivel bajo, a aumentar el gasto favorable al crecimiento.

Además, proponen introducir una “regla de oro” que permitiría excluir del cálculo del gasto aquellas inversiones que sean favorables al crecimiento -por ejemplo con fines climáticos-, para favorecer que se mantenga la inversión también en momentos difíciles.

La cuestión de la simplificación de las normas fiscales europeas gana relevancia puesto que el Ejecutivo comunitario está llevando a cabo su revisión periódica de las mismas y el futuro comisario de Economía, el italiano Paolo Gentiloni, se ha mostrado a favor de modificarlas.

España debe centrarse en reducir deuda

En el caso de España, debería centrar su política fiscal en la reducción de la deuda pública tras haber llevado su déficit por debajo del 3 % del PIB en 2018 gracias a la buena coyuntura económica y pese a no haber hecho esfuerzos estructurales, según la JFE.

El informe destaca que el Ejecutivo comunitario cerró el procedimiento por déficit excesivo al país después de que el déficit nominal bajase al 2,5 % del PIB, a pesar de que no se cumplió con la exigencia de llevarlo al 2,2 % ni se redujo el déficit estructural, como exigía Bruselas.

El procedimiento “se cerró gracias a los ingresos imprevistos”, apunta el informe, que subraya que España siguió una estrategia basada en reducir su déficit nominal por debajo del umbral del 3 % “gracias a los vientos de cola del ciclo económico”, en concreto un crecimiento económico mejor de lo previsto, “más que cumpliendo con el esfuerzo estructural requerido”.

Mientras al medir el déficit nominal se tiene en cuenta el efecto del ciclo económico, al estimar el estructural se tiene en consideración solo el ajuste que se realiza con medidas permanentes, independientemente del impacto que tenga la buena o mala situación económica en cada momento.

“España tuvo un crecimiento muy rápido cuando empezó a recuperarse de la crisis. El objetivo (nominal) del 3 % se convirtió en uno cada vez más suave, porque era fácil de cumplir gracias al rápido crecimiento”, dijo a los medios el presidente de la JFE, Niels Thygesen, recordando que la Comisión le ha venido pidiendo que aproveche la buena situación para construir colchones fiscales.

Para Thygesen esto muestra que el objetivo del 3 % “no es particularmente relevante en países con buen desempeño, como España”.

“La estrategia de reducción de la deuda debería ser el principal objetivo de la política fiscal en España”, dijo.

Tras salir del brazo correctivo del procedimiento por déficit excesivo, España ha pasado a estar bajo el preventivo, que ya no fija objetivos de déficit nominales, sino que exige una cierta reducción del déficit estructural.

En el caso de España, Bruselas pide un ajuste equivalente al 0,65 % del PIB (unos 7.600 millones) tanto para este año como para el que viene, un esfuerzo que no va en camino de cumplirse, según advirtió la semana pasada la Comisión.

Editado por Miriam Burgués