¡Crecimiento sí, pero sostenible!

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Fotografía cedida por el Comité Económico y Social Europeo (CESE) de Anne Demelenne . EFE

El clima de incertidumbre dentro y fuera de la Unión Europea perjudica al crecimiento, que es un factor de desarrollo económico y, en general, de bienestar de los ciudadanos europeos, siempre y cuando se haga sostenible acompañándolo de medidas sociales y medioambientales.

A tal fin, conviene invertir más en el sector de la producción que en el financiero o inmobiliario, cuya vocación es más especulativa. También es esencial que la UE invierta masivamente, y de forma coordinada entre los Estados miembros, en sectores clave como la innovación, la I+D, la tecnología digital y la inteligencia artificial para relanzar nuestra economía; en la movilidad, el ahorro energético y las energías renovables para contrarrestar el cambio climático; y en infraestructuras sociales, vivienda al alcance de todos, educación y formación, así como en salarios, puestos de trabajo y protección social de calidad para luchar, por una parte, contra la fuga de cerebros —y mantener así una mano de obra muy necesaria en algunos países—, y por otra, contra el aumento de las desigualdades sociales dentro de los Estados miembros y entre ellos.

La UE debe dotarse de una estrategia común, utilizando por ejemplo el Semestre Europeo, una herramienta de gran valor para lograr una convergencia al alza. El Semestre Europeo es un ciclo de coordinación que permite a los Estados miembros de la UE adaptar sus políticas económicas y presupuestarias. Sus tres pilares se centran en las reformas estructurales (crecimiento y empleo), las políticas presupuestarias (finanzas públicas) y los desequilibrios macroeconómicos excesivos.

En cuanto a la financiación necesaria para activar estas inversiones orientadas hacia el crecimiento sostenible, existen varias fórmulas innovadoras que pueden contribuir a ello, como por ejemplo:

 

  • animar encarecidamente a los países con superávit por cuenta corriente a invertir en su propio territorio y fuera de él, pero también permitir una mayor flexibilidad a los Estados miembros que se ven limitados en sus inversiones por restricciones derivadas del Pacto de Estabilidad;
  • no contabilizar como gasto público determinadas inversiones productivas, sociales o medioambientales;
  • utilizar los tipos de interés reducidos para las inversiones estratégicas;
  • adoptar un sistema fiscal justo que priorice el valor de las partes interesadas sobre la especulación y el fraude fiscal;
  • establecer un presupuesto sustancial para la zona del euro;
  • promover las asociaciones público-privadas, y
  • orientar la asignación de los fondos europeos hacia los objetivos de desarrollo sostenible para 2030.

 

Estas propuestas responden a las necesidades de los ciudadanos y las empresas y pueden ser promovidas y acompañadas por los interlocutores sociales y la sociedad civil, que son actores indispensables para su aplicación, así como para determinar su utilidad, e incluso pertinencia.

Esta es la recomendación de los miembros del Comité Económico y Social Europeo (CESE) a las instituciones europeas para lograr una sociedad de bienestar para todos y todas, en la que los populistas dejarán de encontrar un terreno fértil para su ideología retrógrada.

Para saber más:

Anne Demelenne, la autora de la tribuna, es miembro del Comité Económico y Social Europeo y ponente del dictamen de iniciativa “Estudio Prospectivo Anual sobre el Crecimiento para 2019″