Ha llegado la hora de una unión económica y monetaria más fuerte y sostenible

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Imagen cedida por el CESE de Stefano Palmieri, presidente de la Sección de Unión Económica y Monetaria y Cohesión Económica y Social del Comité Económico y Social Europeo. EFE

La unión económica y monetaria (UEM) se estableció en 1992 para coordinar las políticas económicas y presupuestarias en toda la UE y crear una política monetaria y una moneda —el euro— comunes. La integración de las economías de la UE tenía por objeto alcanzar la estabilidad económica, impulsar el crecimiento y crear más empleo en el mercado único, lo que redundaría claramente en beneficio de los ciudadanos y las empresas de la UE en un mundo cada vez más globalizado e incierto. Sin embargo, las recientes crisis económicas, financieras y políticas a escala internacional han puesto de manifiesto una serie de limitaciones estructurales y contradicciones en el seno de la UEM que representan una amenaza para la consecución de estos objetivos.

A pesar de los continuos esfuerzos realizados por los responsables políticos para reformar y fortalecer la UEM, el Comité Económico y Social Europeo (CESE) considera que sigue siendo necesario completar su arquitectura. La capacidad de la zona del euro y de la UE en su conjunto se vería reforzada por una UEM más integrada, más democrática y más desarrollada desde el punto de vista social, de modo que pueda resistir cualquier perturbación económica y repuntar rápidamente, fomentando al mismo tiempo una economía europea justa y sostenible que cumpla las expectativas de los ciudadanos.

Las instituciones europeas y los gobiernos nacionales tienen que avanzar hacia una UEM que apoye en mayor medida el crecimiento sostenible y la estabilidad en Europa

Las previsiones económicas de invierno de 2020 para la UE, presentadas por la Comisión, acaban de confirmar las expectativas de unos resultados económicos moderados continuados  a corto y medio plazo, ya que en el horizonte se perfilan múltiples factores de riesgo a escala nacional e internacional. Estamos profundamente preocupados por las consecuencias sociales de esta situación y, en particular, por la falta de cohesión social entre los Estados miembros y dentro de ellos.

Cuando se apruebe la Resolución del Parlamento Europeo sobre la Estrategia Anual de Crecimiento Sostenible de la Comisión se conocerá la respuesta del colegislador europeo a la propuesta de la Comisión sobre las prioridades económicas y sociales para 2020. El CESE también contribuirá a este debate con dos dictámenes, uno sobre las perspectivas de crecimiento para el conjunto de la UE y otro centrado más específicamente en la zona del euro.

Sobre la base de estos documentos, el Consejo Europeo adoptará en el mes de marzo las prioridades económicas que marcarán el rumbo de nuestra economía durante el próximo año.

Una de las principales prioridades ha de ser la continuación del proceso de profundización de la UEM, que en última instancia debería traducirse en una mayor confianza de los inversores y consumidores y en un mayor rendimiento económico, social y medioambiental en todo el continente.

Todavía faltan muchos de los elementos necesarios para una verdadera UEM

Hasta ahora, la UEM ha sido esencialmente un conjunto de normas económicas y monetarias. En el Comité Económico y Social Europeo, nuestra visión de la UEM otorga igual importancia a la integración financiera, económica, social y política.

Esto incluye, entre otras cosas, una unión bancaria completa, una profunda unión de mercados de capitales y los instrumentos fiscales pertinentes que permitan a los Estados miembros de la zona del euro complementar la política monetaria del Banco Central Europeo y estabilizar la inversión y el empleo en caso de perturbaciones exteriores.

También se aprecian graves desequilibrios macroeconómicos y sociales entre los Estados Miembros que, tarde o temprano, bien podrían pasar factura al erario y repercutir en el bienestar de las personas a menos que se aborden mediante políticas estructurales adecuadas. Si se financian y aplican como es debido, el recientemente propuesto instrumento presupuestario de convergencia y competitividad para la zona del euro y el Programa de Apoyo a las Reformas de la UE podrían contribuir a la realización de las necesarias reformas e inversiones orientadas al futuro en todos los Estados miembros. A fin de compartir los beneficios de la integración en toda Europa y garantizar que nadie se quede atrás, también pedimos que se establezcan normas sociales en los Estados miembros para ofrecer un elevado nivel de protección a los ciudadanos vulnerables.

La necesidad de contar con un proceso decisorio más inclusivo y democrático, con una mayor participación de la sociedad civil, a escala tanto nacional como de la UE, es un aspecto transversal de todas estas iniciativas. Al mismo tiempo, los países de la UE deberían tener el valor de poner fin a la competencia fiscal desleal que los perjudica a ellos, a sus ciudadanos y a sus empresas, en particular las pymes. Asimismo, deberían simplificar la legislación empresarial e impedir la evasión y la elusión fiscales para preservar los recursos públicos destinados a la inversión productiva. No es de recibo que cada año la evasión fiscal dé al traste con unos ingresos fiscales potenciales por valor total de 46 000 millones EUR, lo que representa el 0,32 % del PIB de la UE. Por último, a fin de completar la UEM y liberar su pleno potencial, todos los países de la UE que se comprometieron a adoptar el euro conforme a lo dispuesto en los Tratados deben hacer todo lo posible para pasar a la moneda única cuanto antes.

La interconexión entre la solidaridad, la concertación social, el medio ambiente y la sostenibilidad económica

Las opiniones divergentes entre los Estados miembros que impiden la culminación de la UEM no son insuperables. No obstante, debemos abordarlas urgentemente para que nuestra economía esté en condiciones de hacer frente a desafíos como el cambio climático, la evolución geopolítica —incluido el auge de la economía china— y el envejecimiento de la población. Asimismo, una UEM más profunda y equilibrada permitirá reforzar el papel internacional del euro y dará mayor peso a la UE en la escena económica internacional. Para este empeño, las palabras clave han de ser la solidaridad, la confianza y una percepción común de los objetivos entre los Estados miembros.

Sin embargo, las recientes derivas populistas y nacionalistas en la UE demuestran que las decisiones económicas y sociales deben contar con un amplio apoyo de los ciudadanos europeos. A este respecto, la participación activa del Parlamento Europeo, los interlocutores sociales y la sociedad civil en el diálogo económico y social a escala de la UE sienta las bases para unas políticas más integradoras.

Por último, no hay que olvidar nuestro compromiso con una Europa neutra en emisiones de carbono para 2050. Esto permitirá preservar el planeta del que dependen nuestras vidas, por lo que debe verse reflejado en la política económica. Tenemos que compartir por igual los efectos de las políticas climáticas y gestionar la necesaria transición hacia industrias más ecológicas junto con los interlocutores sociales y otras partes interesadas de la sociedad civil. Además, debemos esforzarnos por neutralizar las consecuencias sociales negativas de esta transición. Para ello, sería conveniente introducir una «regla de oro» para la inversión pública ecológica.

El último decenio ha sido difícil para Europa y los europeos, pero estoy convencido de que conseguiremos acercar la Unión a los corazones y las mentes de sus ciudadanos si aprovechamos esta oportunidad para reformar la UEM, mejorando su arquitectura de gobernanza y encontrando la combinación de políticas adecuada para garantizar la resiliencia y la sostenibilidad.

Para saber más:

Stefano Palmieri, el autor de la tribuna, es presidente de la Sección de Unión Económica y Monetaria y Cohesión Económica y Social del Comité Económico y Social Europeo