¿Cómo será el nuevo curso escolar en Europa?

Un aula vacía en el colegio Lourdes en Valladolid. EFE/R.García/Archivo

A tres meses de la vuelta al cole en septiembre, el debate sobre cómo se van a organizar los colegios está presente en todos los países de la Unión Europea (UE). Un puzzle difícil de encajar por la incertidumbre ante un eventual nuevo brote de coronavirus, aunque la voluntad es que los niños vuelvan a las aulas con una serie de precauciones para evitar contagios.

Las propuestas de España para septiembre: clases “burbuja” con hasta 20 niños

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reconocido este domingo la “dificultad” de adaptar los centros educativos a la situación que deja la pandemia de coronavirus, pero ha asegurado que el regreso a las aulas se hará en un entorno “seguro y saludable”.

Lo ha hecho en la rueda de prensa que ha ofrecido al término de la videoconferencia con los presidentes autonómicos, a los que ha pedido trabajar y preparar esa vuelta a las clases “tan necesaria e imprescindible” a partir de septiembre y que sea “con todas las garantías” para los menores.

De momento, el Ejecutivo central ha hecho ya una parte y, a través de los ministerios de Sanidad y de Educación, ha elaborado un documento marco con recomendaciones a las comunidades, que son las que tienen las competencias en esta materia.

Así, ha explicado que en Educación Infantil y hasta 4º de Primaria, se establecerán grupos estables de alumnado de 15 alumnos, aunque podrían llegar hasta 20; para el resto de los cursos, los espacios se reorganizarán de forma que haya una distancia de un metro y medio entre los estudiantes.

La mascarilla será obligatoria a partir de 5º de Primaria, mientras que el alumnado de los cuatro cursos anteriores deberá llevarla cuando no esté con su “grupo estable de convivencia”. En Educación Infantil no será obligatoria la mascarilla.

Junto a ello, se priorizará el uso de espacios al aire libre para actividades educativas y también de ocio y se ha creado un protocolo pautado para la gestión de los posibles casos que presenten síntomas compatibles que correrá a cargo de Salud Pública.

Cada centro educativo tendrá que abrir en septiembre con un plan de inicio de curso y con uno de contingencia que detallará las actuaciones que deberán desarrollarse de cara a cualquier tipo de incidencia.

Está previsto que en cada centro una persona de referencia se encargue de los aspectos relacionados con la covid-19 y que un equipo formado por distintos representantes de la comunidad educativa garantice la información y el cumplimiento de los principios.

 

Un profesor coloca las mesas para mantener la distancia de seguridad en el colegio Jaime Vera en el primer día de vuelta voluntaria a las aulas para los niños de primaria de Torrejón de Ardoz, Madrid, el 8 de junio de 2020. EFE/Rodrigo Jiménez

“Las clases se reanudarán en septiembre, y gracias a estas recomendaciones, a este trabajo conjunto que está haciendo el Ministerio de Sanidad, el Ministerio de Educación y Formación Profesional, junto con las comunidades, esa vuelta en el mes de septiembre será en un entorno seguro y saludable”, ha subrayado Sánchez, quien ha admitido, no obstante, que son “conscientes de la dificultad de adaptar los centros a esta nueva situación”.

Por último, ha recordado que el Ejecutivo va a aprobar “en los próximos días” un fondo no reembolsable de 16.000 millones de euros para las comunidades, de los que 9.000 millones deberán ser destinados a la sanidad, y 2.000 millones a la educación.

Una parte importante de la comunidad educativa, la que representan los docentes y las familias, coinciden en expresar la “incertidumbre” que sienten a pesar de las medidas que van anunciando en los últimos días el Ministerio de Educación y las consejerías del ramo.

“Hay incertidumbre, pero lo que está claro es que los padres no aceptaremos que en septiembre los alumnos no vayan de forma presencial al colegio, y para eso hay que poner todos los medios”, afirma a Efe Camilo Jené, portavoz de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa).

Una vuelta presencial que sí ha asegurado la ministra de Educación, Isabel Celaá, tras reunirse el jueves con las comunidades, con las que ha acordado un documento de catorce puntos, que no firmó Madrid y País Vasco.

Las familias, como recalca también desde la Cepaa su presidenta, Leticia Cardenal, confían en que las medidas de las autoridades sanitarias sean “las que hay que cumplir”, aunque temen que haya diecisiete protocolos distintos, uno por autonomía, de vuelta al cole, “como ocurre en otras muchas cosas”.

Una idea compartida por el secretario general de la Enseñanza de CCOO, Francisco García, que dice a Efe que “todos” los alumnos, “vivan donde vivan” tienen derecho a unos “planes iguales” y a una “vuelta segura.

“El principal reto es conseguir la mayor presencialidad”, argumenta García, preocupado por el cambio de opinión en las medidas: principio se habló de un máximo de 15 alumnos por clase, luego de 20 en algunos grupos y el resto con las ratios de siempre (25 en Primaria, 30 en Secundaria y 35 en Bachillerato).

Francia quiere que todos sus niños vuelvan al cole

El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció este domingo que los colegios del país deberán prepararse para recibir a partir del próximo 22 de junio a “todos los alumnos de manera obligatoria y en condiciones normales” hasta el final del curso el 4 de julio.

En un discurso a la nación, Macron dijo que este lunes Francia “pasa la página del primer acto” de la lucha contra el coronavirus, y que para ello hay que acelerar el retorno a la normalidad y reactivar la economía.

Los pediatras y el Gobierno habían lanzado un llamamiento unánime en Francia para que todos los niños vuelvan al colegio, pero se encuentran por ahora con los recelos de profesores y padres, que en buena medida prefieren esperar al curso que viene.

El ministro de Educación Nacional, Jean-Michel Blanquer -uno de los nombres con mayor peso específico en el Ejecutivo-, no oculta que su objetivo es que la desescalada avance más rápido en las escuelas, apoyado en el consejo de los pediatras, que secundan mayoritariamente esa opción.

Por el momento, uno de cada cuatro escolares (1,8 millones sobre un total 6,7 millones) había regresado a las aulas desde el fin del confinamiento, el pasado 11 de mayo.

Hasta ahora, el 60 % de los profesores han regresado a los colegios de primaria y secundaria, mientras que otro 35 % continúan desempeñando su trabajo a distancia, explican en el ministerio.

Del otro 5 %, por una razón u otra, sus alumnos no han vuelto a tener noticias. Blanquer ha prometido que será contundente con estos últimos, habrá sanciones.

Los estudiantes esperan fuera de Cassignol College antes de regresar y reanudar las clases en Burdeos, Francia, el 18 de mayo de 2020. EFE/EPA/CAROLINE BLUMBERG

En una carta abierta difundida hace un mes, la Sociedad Francesa de Pediatría y la Sociedad Francesa de Medicina General afirmaban con rotundidad que “hay muchos más beneficios que riesgos” en que los niños retomen “la vida en colectividad”.

“Los conocimientos acumulados los dos últimos meses confirman que la infección por COVID-19 es una enfermedad benigna en la casi totalidad de los niños. Las formas graves son muy raras, menos frecuentes que en caso de gripe o bronquiolitis”, señalaron los especialistas.

Sin embargo, todos estos llamamientos no han llevado al aula más que a un 26 % de los niños. Y esa tasa es aún más baja entre los estudiantes de las capas más populares, justo lo que “a priori” quería evitar el Gobierno reabriendo las aulas.

El Ministerio de Educación reconoce que existen “razones mixtas” para explicar el absentismo.
Por un lado, hay muchos padres que no han querido mandar a sus pequeños a clase por temor a que se contagien, pero por otro lado hay ayuntamientos que no han querido abrir los centros debido a la falta de profesorado o a la incapacidad de garantizar el estricto protocolo sanitario que exigen las autoridades.

Quedan apenas tres semanas de clases, pero para Francia, donde la epidemia ha provocado unas 29.300 muertes, no hay tiempo que perder. El Gobierno quiere ya a los niños en clase y a sus padres en el trabajo.

Bélgica prepara una “reanudación completa” del sistema escolar en septiembre

La “vuelta al cole” de los estudiantes belgas en septiembre no se espera excesivamente anómala, según ha explicado esta semana la ministra de Educación de la Federación Valonia-Bruselas, Caroline Désir, quien sostiene que la intención de las autoridades es “restaurar completamente” el control de la obligatoriedad escolar presencial.

“La obligatoriedad escolar será plena a partir de septiembre, sean cuales sean las circunstancias”, señaló la ministra.

Estas previsiones no pueden sorprender a nadie, sobre todo teniendo en cuenta que los alumnos de infantil y primaria ya pueden acudir a los centros escolares con mínimas medidas de seguridad desde principios del mes de junio, aunque la asistencia sigue siendo voluntaria.

Las clases en Bélgica se reanudaron el pasado 18 de mayo, comenzando por los alumnos de primero y sexto de primaria y último curso de secundaria.

Las consignas de seguridad iniciales incluían dejar una distancia de 4 metros cuadrados entre alumnos en las aulas y 1,5 metros cuando salían al recreo, así como el uso de mascarillas para los profesores.

Las autoridades habían advertido de que la situación se iría revisando a la luz de la evolución del virus, pero muchos daban por hecho que la mayoría de alumnos no volvería físicamente a la escuela hasta septiembre.

No obstante, el pasado 27 de mayo, el Ejecutivo federal y las entidades competentes en educación (las regiones y las comunidades lingüísticas) decidieron que todos los alumnos de preescolar y primaria podían reincorporarse al colegio desde principios de junio, prácticamente sin medidas de distancia social.

Alumnos con mascarillas protectoras ocupan sus pupitres en sus aulas durante la reapertura de una escuela en Izel, Bélgica, el 19 de mayo de 2020.EFE / EPA / JULIEN WARNAND

Para hacer posible esa vuelta generalizada, las consignas de seguridad han tenido que relajarse: en adelante ya no será necesario dejar distancia entre los alumnos en las clases ni en los recreos y tampoco será obligatorio llevar mascarilla para los profesores en las aulas, aunque sí cuando se relacionen entre ellos o con los padres.

A efectos de controlar de alguna manera los contactos, los grupos de cada clase serán considerados como una “burbuja” y deberán permanecer juntos durante las horas lectivas, el recreo y la comida, según explica la directora de la escuela Sainte-Agnès, en Rixensart (Valonia).

Además, se aplicarán medidas de higiene para todos los ciclos educativos, incluido el lavado frecuente de manos, y las aulas, los pasillos y las salas de profesores deberán estar ventiladas en todo momento, recurriendo a actividades en el exterior cuando sea posible.

Cada escuela tendrá que diseñar un plan de emergencia en caso de un brote de coronavirus.
Pese a la posibilidad de regresar a las aulas, muchos padres han decidido no enviar a sus hijos a las escuelas, ya que la asistencia no es obligatoria.

“La sociedad está profundamente dividida por la reanudación de la escuela y muchos padres aún temen por la salud de sus hijos, por lo que restaurar el control habría radicalizado demasiado el debate”, asevera la ministra.

Pese a este convencimiento, la asistencia voluntaria a la escuela ha planteado un debate general, pues la prolongada pérdida de contacto con la escuela de aquellos alumnos con un contexto socioeconómico y familiar más desfavorable puede hacer aumentar la desigualdad y el abandono escolar.

Es por eso que el Gobierno belga considera necesario que, a partir de septiembre, todos los niños reanuden su vínculo con la escuela, aunque sea a tiempo parcial.

Además, según adelantó Désir, el próximo curso se modificará la edad de escolarización obligatoria de los niños belgas, pasando de los 5 años a los 6 años.

Vuelta a clase en Holanda: bicicletas, distancia en institutos y más higiene

El Gobierno holandés no impone medidas estrictas para “la vuelta al cole” de los niños de primaria, que han regresado a las aulas a tiempo completo desde el 8 de junio, pero las autoridades establecen un protocolo más rígido para los alumnos de instituto, medidas que en principio se mantendrán también el próximo curso.

Las autoridades holandesas, que han optado por no esperar hasta septiembre y retomar las clases a tiempo completo dos meses después del parón por la epidemia, consideran imposible establecer normas de actuación contra el coronavirus para los menores de 12 años, por lo que las pocas restricciones que se aplican afectan a padres y maestros.

Las medidas que se les aplican son principalmente de higiene: los profesores tienen que asegurarse de que los niños se lavan las manos con frecuencia, “durante unos veinte segundos” y que no cambian de grupos en el patio, por lo que muchas escuelas han establecido varios horarios de recreo y los padres solo podrán recoger y dejar a sus hijos en la puerta del colegio, sin acceder a las instalaciones.

Este protocolo, que incluye colegios de Educación Primaria y Educación Especial, se explica en diferentes carteles colgados en las escuelas, donde se señala en especial mantener una distancia de metro y medio, incluso entre profesores y alumnos “siempre que sea posible”, sin mención alguna a las mascarillas, puesto que su uso en Países Bajos solo es obligatorio en el transporte público.

Varios niños juegan en el patio de su escuela en La Haya (Holanda). EFE/Imane Rachidi

La situación difiere para los estudiantes de Secundaria, mayores de 12 años, que retomaron las clases el 2 de junio, pero con un protocolo más estricto que para los niños de Primaria, pues se les exige mantener una distancia de metro y medio, entre ellos y con los profesores, lo que implica organizar las clases por grupos y turnos para que no coincidan todos los alumnos al mismo tiempo.

Según una encuesta del Consejo de Educación Secundaria en Países Bajos, la mayoría de los institutos optan por una combinación de clases presenciales hasta dos veces por semana, y mantienen el resto de días en la red, dando prioridad a los alumnos que necesitan hacer exámenes o se encuentren en entornos vulnerables.

Las clases de educación física ya no podrán ser dentro de los gimnasios del instituto, puesto que solo podrán llevarse a cabo al aire libre, y las escuelas que lo prefieran podrán seguir ofreciendo clases a distancia, siempre que esta sea una opción conveniente y todos los alumnos cuenten con un ordenador y conexión a internet.

En cualquiera caso, el Gobierno pide mantener en casa a los niños, de todas las edades, que tengan síntomas de la Covid-19, puesto que contaría como una falta justificada y los profesores estarían obligados a ayudar al menor a recuperar la clase perdida.

Además, desde el 1 de junio, cualquier persona que considere que pueda estar contagiada por coronavirus, porque reconozca que tiene alguno de los síntomas de la Covid-19, entre los que se incluye la pérdida del gusto y olfato, podrá hacerse pruebas PCR sin necesidad de chequeo médico previo y solicitando personalmente una cita telefónica.

Según un estudio hecho por el Instituto holandés de Salud Pública, se considera que no hay evidencias de que los niños sean una fuente de contagio, ni hacia los adultos ni entre ellos, por lo que consideran que el riesgo a propagar el virus es muy pequeño, y, en caso de contagio, no suelen desarrollar síntomas graves de la Covid-19.

El Gobierno holandés ha invertido casi 500 millones de euros adicionales en la educación para hacer frente a los gastos que resulten de la pandemia, en especial para proporcionar el apoyo necesario a los alumnos que lo necesiten, lo que ha incluido préstamos de ordenadores para los niños sin recursos.

Desde la reapertura de escuelas, se han registrado varios casos de contagios en todo el país, entre ellos Limburgo y Utrecht, que han obligado a cerrar los colegios o a enviar a grupos completos de estudiantes de vuelta a casa para una cuarentena.

El pasado 3 de junio, una escuela de primaria de La Haya tuvo que seguir los protocolos y cerrar sus puertas a sus 500 estudiantes porque dos maestros dieron positivo en las pruebas de coronavirus, y varios alumnos mostraron síntomas de la Covid-19, con problemas estomacales e intestinales.

En principio, el Gobierno holandés espera continuar con este mismo sistema el próximo curso escolar, aunque las autoridades sanitarias están pendientes de lo que suceda en las próximas semanas, antes de decidir si definen un nuevo protocolo.

Incertidumbre en Italia: ¿mascarillas o plexiglás para volver al colegio?

Los niños italianos se despidieron el 8 de junio  “on line” de sus compañeros y profesores en este último día de curso tras más de tres meses sin colegio y con la incertidumbre de lo que ocurrirá en septiembre, lo que provocó una huelga y manifestaciones de docentes en toda Italia.

Las escuelas y universidades italianas cerraron desde el pasado 4 de marzo por la pandemia, antes de que el 9 de marzo se decretase el confinamiento total y, desde ese momento, los centros pusieron en marcha los programas de la llamada “didáctica a distancia” (DAD), con muchos problemas debido a que cerca del 30 % de los alumnos no han podido acceder a ella, según algunas asociaciones.

Quedan tan sólo los exámenes de acceso a la universidad, la “maturitá” italiana (la selectividad), que finalmente se realizarán de manera oral y presencial en solitario a partir del 17 de junio.

Con la prohibición aún en el país de las aglomeraciones, finalmente no se autorizó la posibilidad de que los alumnos se pudieran encontrar al menos en el último día del colegio, sobre todo aquellos que terminan un ciclo escolar.

Dibujos en cartulinas de niños napolitanos el 27 de abril de 2020. EFE/EPA/CIRO FUSCO

Para algunos, la educación y sobre todo los niños y adolescentes, han sido los grandes olvidados en esta pandemia y, por el momento, no existen tampoco soluciones para septiembre.

En un informe del comité científico-técnico creado para estudiar como desconfinar el país, se indicó hace algunos días que para reabrir los colegios en septiembre se necesitará distanciamiento físico de al menos un metro en las aulas y espacios comunes y mascarillas obligatorias para los mayores de seis años.

En el documento se explica que se obligará el uso de la mascarilla para todas las instalaciones de la escuela, excepto durante la actividad física, las comidas o cuando sean sometidos a exámen.

Se trata de un documento base sobre el que tiene que trabajar el Ministerio de Educación y la ministra del ramo, Lucia Azzolina, propuso que la vuelta al colegio en septiembre se haga con máscaras faciales completas y barreras de plexiglás entre los pupitres, como lo han hecho en otros países europeos.

Una propuesta que ha sido criticada tanto por los directores de los centros y por la oposición política que la ha calificado como inviable, sobre todo por el gasto económico que conllevaría.

En total, los sindicatos calculan que para dividir las clases y garantizar la distancia entre los alumnos se necesitarán 200.000 profesores más.

Escuelas alemanas acusan insuficiente digitalización durante la pandemia

El cierre de las escuelas en Alemania a causa de la pandemia ha dejado en evidencia problemas como la falta de digitalización y la escasez de recursos en los colegios, una situación que ha llevado a muchos niños a quedarse descolgados de la educación en los últimos meses.

“Hubiéramos deseado, además, directrices sencillas, orientadas a la práctica”, declaró a Efe el presidente de la Asociación de Profesores, Heinz-Peter Meidinger.

Se refiere a las instrucciones recibidas de la Conferencia de Ministros de Educación de los diversos “Länder”, que contemplan que las clases vuelvan a la normalidad tras las vacaciones de verano.

Los centros de primaria y secundaria cerraron sus puertas de mediados de marzo hasta finales de abril, cuando comenzó el regreso escalonado a las aulas en grupos reducidos; aunque el sistema es diferente en cada región, por lo general los alumnos reciben ahora dos o tres clases presenciales por semana.

Pero mientras el resto de sectores presionan al Gobierno para el levantamiento de restricciones, la Asociación de Profesores advierte de las consecuencias de una reapertura demasiado acelerada.

Los alumnos aplican medidas de distanciamiento social en clase en la escuela secundaria Benzenberg en Duesseldorf, Alemania, el 19 de mayo de 2020. EFE / EPA / SASCHA STEINBACH

“Hacen falta medidas adicionales para proteger a las escuelas de los brotes de infección si alguien enferma: por ejemplo, garantizar medidas de ventilación y realizar test regulares al profesorado para detectar e interrumpir cadenas de infección”, señaló Meidinger.

Sin embargo, mientras que otros sectores han sido capaces de desplazar su actividad al ámbito virtual de forma más o menos exitosa durante los meses del confinamiento, gran parte de los enseñantes y padres coinciden en que el sistema educativo alemán ha fallado a los 10,9 millones de niños y adolescentes en edad escolar.

Según datos de la agencia alemana de estadística, el porcentaje de estudiantes de secundaria que usan recursos digitales para aprender se ha incrementado en los últimos años, hasta situarse en el 54 % de los mayores de 16 años en en el primer trimestre de 2019.

Sin embargo, las diferencias entre localidades e incluso entre escuelas públicas de un mismo municipio son abismales; según denunciaba el mes pasado un profesor en un artículo del diario “Die Zeit”, existen centros que carecen de red wifi, de suficientes ordenadores para los profesores y donde estos carecen incluso de direcciones de correo electrónico.

Para Nathalie Dimmer, una pedagoga que acompaña a niños que requieren un apoyo extra en la escuela, los más afectados por esta situación son los alumnos procedentes de familias sin recursos tecnológicos o con pocos conocimientos de alemán, que se han quedado totalmente “descolgados” en la crisis.

Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno simplificó los requisitos para acceder a las ayudas para la digitalización y destinó 500 millones de euros para la compra de portátiles y tablets para familias de escasos recursos, unas medidas que sin embargo han tenido escaso impacto por el momento.

“Esta crisis demuestra los problemas del sistema educativo en el país más rico de Europa”, explicó, advirtiendo de que no se puede prever una solución rápida debido a la excesiva burocratización del sector.

Edición: Catalina Guerrero