La economía se vuelve experiencia sensorial en un nuevo museo en París

La economía se vuelve experiencia sensorial en un nuevo museo en París

París (EuroEFE).- Una tostadora que se chamuscó tras hacer su primera tostada sirvió al diseñador inglés Thomas Thwaites para concluir que la economía nace de la incapacidad del hombre para cubrir por sí mismo sus necesidades, una disciplina que pese a su tradicional aridez entra por primera vez en un museo en Europa.

Con ese banal objeto comienza la exposición permanente de la Cité de l’Economie (Citéco), el primer museo interactivo dedicado a la economía de Europa, que acaba de abrir sus puertas en París.

Tras diez meses reuniendo y juntando piezas para fabricar el aparato, Thwaites lo echó a perder al tostar su primer trozo de pan. Eso le sirvió para reflexionar sobre la dificultad de construir un objeto cotidiano de la nada, una conclusión reveladora para un diseñador.

“Lo que hacemos (los seres humanos) es especializarnos en la producción de un bien o un servicio, lo valorizamos y gracias a esto ganamos dinero, compramos otros productos o servicios, intercambiamos”, dice a Efe Philippe Gineste, director de la institución.

El museo se encuentra en un antiguo edificio en el corazón del distrito XVII de París (noroeste de la ciudad): el palacete Gaillard, monumento histórico considerado una obra maestra de la arquitectura neorrenacentista y antigua sucursal del Banco de Francia.

El museo, de hecho, ha conservado la distribución original del Gaillard.

 

 

Seis secuencias de la economía en la exposición permanente

La exposición permanente se divide en seis grandes secuencias de la economía. En cada secuencia, juegos visuales y de roles permiten al visitante ponerse en la piel de los principales actores de la actividad económica.

La tostadora junto con otros objetos cotidianos presiden el antiguo comedor, en el que comienza la primera secuencia de la exposición, “Intercambios”, que describe las distintas formas de comercializar, no solo con dinero, también con el trueque.

El saloncito da la bienvenida a las salas de recepción, pintadas en un intenso rojo, y recrean un control de pasajeros de un aeropuerto: objetos cotidianos pasan por un escáner y revelan la diversidad de las etapas y lugares de su fabricación.

Un dispositivo permite al visitante ponerse en la piel de un banquero que recibe a clientes y que debe responder a demandas de préstamos o preguntas sobre dónde invertir sus ahorros.

Unas salas después, en la secuencia dedicada a la “Regulación”, los visitantes pueden jugar a ser representantes de las principales potencias mundiales y encargarse de negociar un acuerdo internacional sobre el clima, teniendo en cuenta los intereses propios.

La sala de cofres acoge un emblemático espacio de la actividad bancaria, donde los visitantes pueden tocar un auténtico lingote de oro. “Tenemos un verdadero tesoro en la sala de los cofres, presentamos alrededor de 400 objetos: monedas antiguas, billetes de banco, máquinas”, expone Gineste.

Múltiples experiencias sensoriales como revivir la crisis de los años 30 o dialogar con los economistas John Maynard Keynes o Milton Friedman son solo algunas de las actividades que niños y mayores podrán experimentar en Citéco.

Descubrir la economía de una manera lúdica

“Es un lugar donde descubrir la economía de una manera lúdica e interactiva, de la misma manera que iríamos a ver un museo de ciencias”, describe el director del museo. “Hemos desarrollado una exposición en la que hay que jugar, manipular y estar en interacción con un conocimiento, la economía”, explica.

Para intentar responder a cruciales cuestiones sobre la economía, como la creación del dinero, el rol del Estado o las consecuencias de las crisis, Citéco da sobre todo protagonismo a la interacción con el visitante.

El director del museo explica que se trata de un espacio para todos los públicos: “Solo hace falta saber leer, es muy lúdico. Para los niños funciona bien, pero para los adolescentes funciona muy bien, ya que hay muchas cuestiones que se plantean a esa edad, y comprender mejor la economía les puede ayudar”.

Por Claudia Zapater (edición: Miriam Burgués)