Isabel Caño Aguilar: Es necesario luchar contra la desinformación

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Isabel Caño Aguilar

Fotografía cedida por el Comité Económico y Social Europeo de Isabel Caño Aguilar, la autora de la tribuna y vicepresidenta responsable de Comunicación del CESE. EFE

“Vivimos en una época en la que las fronteras entre las opiniones y los hechos desaparecen y en la que los hallazgos de la ciencia ya no cuentan”, dice el periodista alemán Patrick Gensing en su libro “Hechos contra las noticias falsas”. Además, a fuerza de repetir noticias falsas, se acaba por hacer creer que los hechos alternativos y, con el tiempo, las realidades alternativas son ciertas.

En el Comité Económico y Social Europeo (CESE) nos hemos preocupado desde hace años por esta evolución y hemos dedicado algún seminario y también dictámenes a este tema. Nuestro Seminario Anual de Medios de la Sociedad Civil tuvo como tema en 2017 “El papel de la sociedad civil en un mundo de comunicaciones globalizadas”, con especial énfasis en los temas del populismo y las noticias falsas.

El problema de las noticias falsas no es solo que las personas reciban información errónea; es que la gente puede ser fácilmente manipulada por la desinformación. La desinformación puede viajar por el mundo sin obstáculos en pocos minutos, porque los controles son inadecuados y la información inexacta se corrige casi siempre con demasiada lentitud.

Las consecuencias para la sociedad son desastrosas, e incluyen:

► la difusión de mensajes alarmistas contra ciertos grupos, la política y los líderes políticos; o los inmigrantes;

► campañas en contra de personas que se esfuerzan por alcanzar ciertas metas (basta pensar en cuánta gente ha ridiculizado a Greta Thunberg);

► y consecuencias a más largo plazo, como la desconfianza hacia quienes transmiten las noticias, incluidos periódicos y cadenas de televisión.

La libertad de expresión es una parte importante de nuestros sistemas democráticos; sin embargo, no estábamos preparados para la comunicación en una era digital. La mayoría de nosotros no estamos capacitados para manejarla adecuadamente, ya que el progreso tecnológico ha sido abrumadoramente rápido.

Desafortunadamente, los movimientos políticos de extrema derecha que utilizan noticias falsas como herramienta política tienen mucho éxito. Su mensaje es sencillo y siempre el mismo: los culpables son los otros: los refugiados, los judíos, los musulmanes, los socialistas, la Unión Europea….

Con los problemas económicos y sociales y la desigualdad creciente, las personas son más vulnerables ante la desinformación: desconfían de las declaraciones oficiales y recurren a teorías de la conspiración, por lo que son más proclives a creer en noticias falsas. Además, el populismo atrae a la gente a los colegios electorales y podemos ver los resultados no solo en Polonia y Hungría, sino también en Austria, Italia y otros países de Europa.

Se trata de una deriva muy peligrosa que puede crear divisiones entre nuestras sociedades y nuestros países o en el proyecto europeo común. Esto me preocupa especialmente porque tenemos que permanecer unidos para hacer frente a los retos de hoy.

¿Qué ha cambiado en los últimos 10 o 15 años?

En primer lugar, hasta hace poco tiempo los periodistas tenían la posibilidad de filtrar la información que recibían y contrastar las noticias recurriendo a las fuentes, y todo el proceso estaba en manos de profesionales. Hoy en día, las redes sociales permiten que cualquier usuario pueda crear contenidos, convirtiéndose al mismo tiempo en emisor y transmisor de la información, lo que hace más difícil contrastarla.

En segundo lugar, el exceso de información hace que la gente se refugie en su burbuja y acceda solo a contenidos que refuerzan sus propias opiniones y no ponen en cuestión sus creencias. Las redes sociales, que nacieron con la vocación de proporcionar un vasto espacio para el ejercicio de la libertad y la democracia, se han compartimentado y el debate es ahora más pobre.

Por último, las redes sociales carecen de normas deontológicas, y en este contexto es mucho más fácil propagar bulos e incluso practicar un discurso de incitación al odio. Es imprescindible crear reglas, un código ético que impida actuar con impunidad a quienes creen o propaguen noticias falsas.

¿Qué habría que hacer?

Necesitamos aprender a gestionar la era digital y sus consecuencias y sensibilizar a los usuarios.

No todos tenemos que convertirnos en periodistas, pero necesitamos hacernos las mismas preguntas que se haría un periodista. ¿Cuál es la fuente? ¿Existen otras fuentes? ¿Qué dice la víctima, la parte contraria, etc.? Además, ¿merece la pena difundir la información? ¿Vale la pena comentarlo?

La educación es clave en este punto, y debería comenzar muy pronto. Creo que cuando nuestros hijos e hijas empiezan a aprender matemáticas también deberían tener acceso a un curso que cubra temas digitales. Se les debe enseñar un enfoque crítico del mundo digital.

Todos tenemos que llegar a ser «maduros como los medios de comunicación». Los cursos también deberían estar disponibles para todo tipo de usuarios. Los ciudadanos y ciudadanas debemos aprender a utilizar una amplia gama de fuentes de información y motores de búsqueda para algo más que hacer preguntas. Deberíamos ser capaces de acceder a las fuentes y comprobar la fiabilidad de la información y entender que somos responsables de lo que escribimos y compartimos.

De hecho, yo iría más lejos: necesitamos un programa de ética en materia digital para nuestra sociedad, y que forme parte de nuestra educación.

En Europa estamos orgullosos de los valores que compartimos, pero como representantes de la sociedad civil, en el CESE nos sentimos en la obligación de preguntarnos cómo estamos tratando la cuestión de la dignidad humana, sobre todo en lo que respecta al uso de las redes sociales. ¿Hasta qué punto nos tomamos en serio la libertad individual, la igualdad de género, las minorías y el respeto por los disidentes políticos o los extranjeros?

Estas preguntas importantes deben ser contestadas críticamente porque el hábitat de la democracia merece ser protegido.

Para saber más:
Isabel Caño Aguilar es vicepresidenta responsable de Comunicación del Comité Económico y Social Europeo