El acuerdo entre la UE y Canadá levanta ampollas entre los agricultores alemanes

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A pesar de las protestas generalizadas en Europa, Bruselas todavía apuesta por cerrar un acuerdo comercial con Canadá (CETA) en las próximas cinco semanas. El asunto ha abierto una profunda brecha en el sector agrícola alemán: mientras las explotaciones agrarias extensivas destacan los beneficios del futuro acuerdo, los pequeños agricultores temen una dura y desleal competencia, según informa EurActiv, socio de EuroEFE.

A pesar de los numerosos obstáculos, la Unión Europea (UE) y Canadá quieren votar el próximo día 17 la adopción del CETA. Al margen de algunas peticiones de enmiendas y de varios retrasos por parte de algunos Estados miembros del bloque comunitario, parece que las cosas avanzan por buen camino y el CETA, antes o después, verá la luz. Las protestas de la sociedad civil y de los partidos de oposición contra el tratado comercial parecen ya destinadas al fracaso.

La profunda división de opiniones entre los agricultores alemanes sobre el CETA es muy clara: la Asociación de Agricultores Alemanes (DBV, por sus siglas en alemán), que representa a cerca del 90% de los agricultores germanos, ha destacado la importancia del mercado canadiense para las exportaciones alemanas.

No obstante, a pesar de que la DBV ha admitido que habrá muchos retos derivados de la creciente competencia del CETA, la organización subraya que el acuerdo con Canadá se traducirá en nuevas oportunidades y en la apertura de nuevos mercados para los agricultores alemanes y europeos.

Leche y carne, dos productos muy sensibles

Los temas más controvertidos y complejos de las negociaciones están directamente relacionados con los mercados de productos lácteos y la carne. Contrariamente a muchos productos comercializables, los cuales a menudo cruzan el océano Atlántico libres de impuestos, tanto la UE como Canadá imponen aranceles por encima de la media a leche y carne.

El queso europeo, por ejemplo, está gravado en Canadá con un arancel del 245% de media. La UE por su parte carga un 37% de arancel al porcino canadiense y un 407% a la carne de vacuno del país norteamericano. Las cargas arancelarias para otros productos oscilan entre el 2% y el 3% por término medio.

Los métodos empleados para proteger esos “productos sensibles” no quedan totalmente eliminados en el CETA, pero se han reducido de manera notable. No obstante, los contingentes arancelarios tendrán un impacto sustancial en la leche europea y en la carne de Canadá.

Muchos pequeños agricultores alemanes temen que los elevados aranceles acaben beneficiando sobre todo a las empresas más poderosas, que estarán en mejor posición de sobrevivir y competir en un mercado liberalizado.

La asociación alemana de agricultores tradicionales (productos ecológicos, AbL) prevé que el sector de la carne tendrá que soportar una “presión de precios considerable” derivada de las importaciones canadienses. Mientras los productores de carne de la UE pueden confiar en que aumentarán los beneficios, “los pequeños productores podrían quedar ahogados”, asegura la AbL.

A pesar de que la DBV se mostró, en un principio, favorable al CETA, la organización ha admitido que el acuerdo con Canadá supondrá “una tormenta en el mercado de la carne”. Los productores locales estarán cada vez más presionados y tendrán que sufrir “ajustes estructurales”, todo lo cual se traducirá en una caída de la producción, advierten.

Además, muchos agricultores alemanes también temen que el CETA sirva para dejar entrar por la puerta de atrás a productos agrícolas derivados de la manipulación genética.

Posturas totalmente irreconciliables

En esencia, partidarios y detractores del CETA en Alemania mantienen posturas irreconciliables sobre este asunto. En Canadá, si los resultados de las investigaciones científicas demuestran que un determinado producto no provoca daños a la salud, entonces recibe el visto bueno. En la UE se aplica el principio de precaución, y los organismos genéticamente modificados pueden ser prohibidos incluso si existen mínimas dudas sobre su seguridad.

Los críticos más acérrimos al CETA, entre los que se encuentra AbL, temen que determinados tipos de plantas genéticamente modificadas puedan entrar al mercado de la UE en base al artículo 25 del acuerdo, que se refiere a la cooperación en asuntos de biotecnología.

Los detractores del CETA también sospechan que las instituciones de la UE puedan, a la postre, dejarse presionar por temor a no cumplir con sus obligaciones, y acaben abriendo de par en par las puertas de Europa a los organismos genéticamente modificados (OGM).

Por ejemplo, la asociación canadiense de productores de soja escribió recientemente una carta al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en la cual instaba al ejecutivo de los 28 socios a cumplir “con sus compromisos en el marco del acuerdo CETA”.

La Comisión, por su parte, se comprometió a tratar el tema “lo antes posible teniendo en cuenta los requisitos establecidos en la estructuras de toma de decisión de la UE”.

Queda por ver si la UE acabará defendiendo sus procedimientos de salvaguarda o si de manera gradual irá cediendo a las presiones que ejerza un acuerdo CETA ya en vigor. No obstante, lo que sí parece bastante probable es que se producirán fuertes disputas en torno a la posible introducción de organismos genéticamente modificados en la UE. Eso, como mínimo.

Por Daniel Mützel y Fernando Heller

Para saber más:

Acuerdo UE-Canadá (Comisión Europea)

Asociación de Agricultores Alemanes (DBV)

Organización de Agricultores Tradicionales Alemanes (AbL)