El medio ambiente: la incoherencia europea con el desarrollo sostenible

Miles de personas durante una manifestación dentro de la huelga global por el clima. [EFE/Alejandro García]

Madrid (EuroEFE).- El medio ambiente. Esa es la incoherencia europea con el desarrollo sostenible: el alto impacto que el bienestar de los países europeos, su producción y su consumo tienen sobre el planeta.

Esta es una de las conclusiones del Índice de Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible 2019 (ICPDS), con un análisis de 148 países a través de 57 indicadores agrupados en cinco componentes: económicos, sociales, productivos, globales y ambientales.

El índice, una medida alternativa al clásico Producto Interior Bruto (PIB), ha sido presentado este sábado por la Coordinadora ONG para el Desarrollo en el marco de las jornadas “Otra Economía está en marcha”, organizada por Economistas sin Fronteras.

En el ranking de coherencia con el desarrollo sostenible, entre los nueve primeros países hay siete europeos (Dinamarca, Islandia, Suecia, Noruega, Portugal, Finlandia y España, que ocupa la novena posición. Entre ellos se intercalan Nueva Zelanda y Australia).

Según las conclusiones del informe ninguno de estos países “puede ser considerado un modelo de referencia al que aspirar, pues su patrón de desarrollo es insostenible y no es extensible al conjunto del planeta”.

Una estudiante con la cara pintada con parte del globo terrestre participa en una manifestación organizada este viernes por “Youth Strike 4 Climate” (Jóvenes en huelga por el clima. EFE/ Facundo Arrizabalaga

Este grupo de países tienen un alto grado de bienestar y protección de derechos, aunque fallan en el componente ambiental, donde solo sacan 41,5 puntos sobre cien. ¿Qué quiere decir esto?: que otros países y otras personas, más allá de sus fronteras, son los que padecen su “incoherencia climática” y las consecuencias de su desarrollo.

Otro grupo de países europeos con renta alta (Francia, Alemania, Reino Unido e Italia) se integran entre los 26 países de “coherencia media” con el desarrollo sostenible: sus principales desafíos se encuentran en los impactos ecológicos de su modelo de desarrollo.

En este grupo medio también están Croacia, Irlanda, Chipre, Grecia, Hungría, Reino Unido, Austria, Letonia, Malta, Eslovaquia, Alemania, Italia, Serbia, la República Checa, Francia, Suiza, Estonia, Eslovenia, Lituania y Bélgica.

Entre los 46 países del grupo de coherencia “medio-baja” están Holanda, Luxemburgo, Polonia, Bulgaria y Rumanía. Ningún país de la UE está en el grupo de “coherencia baja”, donde sí está Estados Unidos en el puesto 93, ni en el de “muy baja”.

Cómo se mide el componente ambiental

El índice incluye ocho indicadores ambientales: aguas limpias, la participación en acuerdos internacionales sobre medio ambiente, la reserva o déficit de biocapacidad, la producción de electricidad a partir de fuentes renovables incluida la hidroeléctrica, el uso de fertilizantes, la huella ecológica por producción, la huella ecológica por importaciones y las toneladas métricas de dióxido de carbono por persona.

Con estos indicadores, Kenia es el país que mejor se comporta desde el punto de vista ambiental, seguido de Nicaragua y Bolivia. Ningún país de la UE está entre los 25 mejores, aunque sí entre los 25 peores: Luxemburgo, Bélgica, Holanda, Eslovenia, Malta, República Checa, Noruega, Austria, Estonia y Alemania.

El caso de España

España es uno de los países del mundo que más se acerca al desarrollo sostenible aunque, como el resto de la UE, no puede ser un modelo de referencia porque su nivel de bienestar conlleva un enorme impacto ambiental.

España se encuentra en el puesto número 9, con 69,37 puntos (sobre cien). Dinamarca, que ocupa el primer lugar, tiene 79,02 puntos. La India, con 26,76 puntos, ocupa el último.

España alcanza buenas posiciones en el ámbito global por su compromiso internacional con los derechos humanos, justicia y armamento y el compromiso con los derechos LGTBI e igualdad de género (séptimo puesto entre los países de la UE).

También puntúa bien en el componente productivo – mayor equilibrio en la dotación de infraestructuras con factores medioambientales y sociales- y aunque flaquea en lo ambiental –ocupa el puesto 80-, está mejor que otros países de su entorno que puntúan bien en materia económica, social y productiva.

Según el informe, donde mayor margen de mejora presenta es en su componente económico y social: está entre los países de la UE con menores ingresos gubernamentales como porcentaje del PIB , tiene margen de mejora en la capacidad redestributiva de su política fiscal y su sector bancario es 3,4 veces el PIB del país.

Lo peor es el capítulo social: es el segundo país de la UE en tasa de desempleo, está por debajo de otros países de su entorno en población por encima de la edad legal de jubilación que recibe una pensión de vejez, ratio alumnado-profesorado en educación infantil, latasa de permanencia en el último curso de educación secundaria y en el acceso a internet en las escuelas.

No todos podemos ni debemos ser Noruega…ni Suiza

El informe pone a Noruega como ejemplo de esta contradicción: ocupa el cuarto lugar del índice con 72,75 puntos, pero es uno de los principales exportadores de petróleo y gas del mundo, con todos los costes ambientales que eso conlleva.

Noruega combina unos resultados discretos en las variables que contribuyen a mejorar el componente ambiental (reserva de biocapacidad, aguas limpias, participación en acuerdos, producción de electricidad) con resultados altos en los componentes que penalizan (uso de fertilizantes, huella ecológica por producción e importaciones y emisión de dióxido de carbono).

Resultado: el impacto de su modelo de desarrollo es incompatible con la sostenibilidad del planeta.

Fotografía de archivo que muestra la plataforma petrolífera Statfjord A en el Mar del Norte. EPA/StatoilHydro / Oyvind Hagen

Suiza, otro de los paradigmas del bienestar y del desarrollo, resulta penalizado porque no es capaz de mantenerse sin consumir los recursos de otros y porque es uno de los países con mayor opacidad financiera.

La opacidad financiera y la enorme proporción de su sector bancario con respecto al PIB es lo que le lleva a Luxemburgo hasta el puesto 42 –en el grupo de coherencia media baja- y a Estados Unidos hasta el puesto 91 –grupo de coherencia baja- porque, aunque puntúa bien en el componente social y productivo, tiene puntuaciones muy bajas en el ambiental y el global –derechos, respeto a los tratados internacionales, posesión de armas,etc-.

Alemania es un caso parecido: su índice se ve penalizado por el acceso de las mujeres a los servicios financieros, el nivel financiero de su economía y la opacidad financiera.

Por qué este índice es diferente

Las fronteras se diluyen en un mundo interconectado. Este índice trata de reflejar los efectos de las políticas públicas en el bienestar de las personas y la sostenibilidad de la vida en el planeta, porque la renta ya no sirve para hablar de desarrollo.

Según Pablo Martínez, uno de los investigadores que ha participado en la elaboración del índice .es “una propuesta que emana de la sociedad civil”, para salir de la “lógica donante receptor” y adoptar una responsabilidad global

Maite Serrano, directora de la coordinadora, cree que hay que dar un paso hacia la coherencia de las políticas. Coherencia integrada y que todas las políticas se orienten hacia el desarrollo sostenible y el impacato global.

“Queremos que este índice sea una herramienta que pueda ser utilizada en el diseño de las políticas”, dijo.

El índice se divide en cinco componentes, con 19 políticas y un total de 57 variables.

Económico: dividido en política fiscal y financiera y un total de 5 variables.

Social: Educación, protección social, igualdad, salud, ciencia y tecnología y empleo, con un total de 20 componentes..

Global: Justicia y derechos humanos, defensa, paz y seguridad; cooperación; y movilidad humana y migraciones, con un total de 16 componentes.

Ambiental: Pesca, Desarrollo rural y agrícola, biodiversidad y energía, con un total de 8 componentes.

Productivo: urbanismo, infraestructura y transporte e industria, con un total de 7 componentes.

De los 57 indicadores, 38 contribuyen positivamente al desarrollo (un 67 por ciento) y 19 (33 por ciento) lo penalizan.

El índice incorpora además la perspectiva de genero. Un total de 11 indicadores evalúan la situación específica de las mujeres en ámbitos relevantes de su vida económica, social y política (como el número de mujeres parlamentarias o las mujeres con un trabajo vulnerable), mientras que otros indicadores miden las políticas que impulsan su calidad de vida y ayudan en la igualdad.