El fantasma de la repetición de elecciones acecha a Bélgica

Vilmes

La primera ministra belga en funciones, Sophie Wilmes, en una imagen de archivo. [EFE-EPA]

Bruselas (EuroEFE).- Con 320 días con Gobierno en funciones, transcurridos más de cinco meses de bloqueo desde los comicios federales del 26 de mayo, Bélgica apura las negociaciones para intentar dotarse de un Ejecutivo central mientras en esta húmeda planicie europea asoma el fantasma de la repetición electoral.

La situación de inestabilidad política en Bélgica persiste desde el 21 de diciembre de 2018, cuando el partido nacionalista flamenco N-VA rompió la coalición que integraba desde 2014 con el Movimiento Reformador (MR, liberales francófonos), los democristianos flamencos (CD&V) y los liberales flamencos (Open Vld).

A seis meses de las elecciones de mayo, la N-VA dejó caer al Gobierno federal por su oposición al pacto migratorio de la ONU, que finalmente firmó el primer ministro, el liberal Charles Michel, con el respaldo del Parlamento, junto a otros 150 líderes mundiales en Marrakech (Marruecos).

Las elecciones quinquenales de mayo arrojaron un Parlamento federal aún más fragmentado y los intentos por acercar posturas entre partidos se han demostrado inútiles hasta ahora.

NEGOCIADORES

El rey Felipe de los belgas ha tomado nota esta semana del fracaso del último tándem encargado de explorar la formación de Gobierno, compuesto por el nacionalista flamenco Geert Bourgeois y el socialista francófono Rudy Demotte, quienes a su vez habían sustituido en la misma tarea al socialista flamenco Johan Vande Lanotte y al liberal francófono Didier Reynders.

El jefe del Estado ha trasladado ahora la misión de intentar desbloquear políticamente el país al presidente del Partido Socialista francófono, Paul Magnette, quien desde este miércoles trabajará como interlocutor entre los ochos partidos políticos de los que podrían surgir coaliciones y entregará un informe al Palacio Real el próximo 18 de noviembre.

Lo hará en calidad de “informador” y no de “preformador” de Gobierno, lo que supone un paso atrás respecto de sus predecesores e ilustra las escasas opciones de éxito que parece tener Magnette, político que se dio a conocer más allá de Bélgica cuando en 2017 bloqueó el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá, el llamado CETA.

ARITMÉTICA PARLAMENTARIA

El principal escollo parlamentario al que se enfrenta el país sede de las instituciones de la UE es la profunda división entre Flandes, acaudalada región del norte donde la derecha nacionalista flamenca de la N-VA es la primera fuerza política, y Valonia, región del sur con menor poder adquisitivo donde el Partido Socialista (PS) francófono es el más votado.

Aritméticamente, esa separación lingüística e ideológica en un país de 11,4 millones de habitantes se traduce, en el norte, en 25 escaños para la N-VA, de los 150 que componen el Parlamento federal, seguidos de los 18 de la ultraderecha flamenca del Vlaams Belang, 12 de los democratacristianos de la CD&V, otros 12 de los liberales del Open Vld, 9 de los socialdemócratas flamencos y 8 de los ecologistas de Groen.

En la mitad sur del país, sin embargo, los socialistas ganaron las elecciones de mayo con 20 escaños, seguidos por los 14 escaños de los liberales del Movimiento Reformador del primer ministro saliente, los 13 diputados de los medioambientalistas de Écolo, los 12 del izquierdista Partido de los Trabajadores y los 4 de los conservadores de la cdH.

Desde las elecciones, los esfuerzos se han concentrado en buscar un acercamiento ente nacionalistas flamencos y socialistas valones que parece imposible, especialmente en el plano institucional pues los socialistas francófonos se niegan a discutir sobre “confederalismo”, el caballo de batalla de un partido nacionalista flamenco que en sus estatutos se declara independentista y que, como paso intermedio, busca ahondar en la separación institucional entre norte y sur.

“No vamos a discutir de confederalismo, del fin de Bélgica y del fin de la Seguridad Social (como mecanismo redistributivo interregional) porque pensamos justo lo contrario”, ha explicado Magnette.

El nuevo “fontanero” federal ha hecho saber que no ignorará a la N-VA, pero que priorizará otro tipo de alianzas.

“Empezamos de cero (…). La N-VA no es ineludible, otras fórmulas de coalición son posibles”, ha dicho Magnette antes de lanzarse conversar con las distintas formaciones para dar con una fórmula alternativa sin los nacionalistas flamencos, que en Bélgica se conoce como “coalición arco iris” y que, previsiblemente, se enfrentaría a una feroz oposición de la N-VA y de la extrema derecha flamenca del Vlaams Belang.

ELECCIONES ANTICIPADAS

Algunos medios de comunicación, como la radiotelevisión pública “RTBF”, especulan ya con una convocatoria de elecciones anticipadas, pese a que en Bélgica suele primar la cultura de la negociación, como demuestra que entre 2010 y 2011 hicieran falta 541 días para formar gobierno, un récord mundial.

Para regresar a las urnas, existen dos posibilidades formales y en ambos casos sería necesario el respaldo de una mayoría absoluta de al menos 76 de los 150 escaños de la cámara baja.

La primera pasa por que el rey decida disolver el Parlamento, con apoyo del hemiciclo, lo que daría pie a que los nuevos comicios se celebrasen 40 días después.

La segunda opción, más enrevesada, precisaría que Parlamento y Senado se pusieran de acuerdo sobre una lista de artículos de la Constitución a reformar en la siguiente legislatura que, en caso de ser aprobada por mayoría parlamentaria simple, también conduciría a elecciones en un plazo de 40 días.

Entre tanto, y ante las escasas posibilidades de salir del “impasse” político, Charles Michel ha abandonado la política nacional para convertirse en el presidente del Consejo Europeo a partir del 1 de diciembre, de forma que la también liberal Sophie Wilmès ha heredado el puesto de primera ministra en funciones, convirtiéndose en la primera mujer al frente del Gobierno de Bélgica en 189 años de historia.