Migrantes en la pandemia

Cientos de inmigrantes guardan cola para ser atendidos por voluntarios de la Cruz Roja en un asentamiento del municipio almeriense de Níjar. La ONG les facilita alimentos e información sobre las medidas de higiene a seguir durante la crisis sanitaria por el COVID-19. EFE/ Carlos Barba

Roma (EuroEFE).- Malta cerró sus puertos a los migrantes a causa de la pandemia, al igual que Italia, mientras el barco Alan Kurdi permanece a la espera en el mar con 150 personas rescatadas en el Mediterráneo, una de ellas evacuada por razones médicas. Si la situación es complicada para los que intentan llegar a Europa, el nuevo coronavirus ha puesto más difícil aún el día a día de los que ya están en la Unión Europea (UE).

La organización alemana Sea Eye, que opera esa embarcación, ha informado de que uno de los 150 migrantes rescatados en el mar ha tenido que ser evacuado la pasada madrugada por la Guardia Costera italiana a la isla italiana de Lampedusa (sur).

La organización denuncia que los gobierno de Italia y Malta han rechazado su petición de recibir comida, medicinas y combustible, mientras que la capitán de la nave, Bärbel Beuse, ha afirmado que necesitan urgentemente comida para las próximas 48 horas.

El Alan Kurdi, con 150 migrantes a bordo y sin puerto donde desembarcar, se dirige hacia Sicilia “para buscar refugio del mal tiempo que se aproxima”, según un comunicado de Sea Eye.

Malta e Italia cierran puertos por pandemia

El Gobierno de Malta, al igual que el de Italia, ha cerrado sus puertos a los migrantes pues no puede garantizar recursos a los desembarcos masivos en este momento de pandemia por lo que se desconoce que ocurrirá con el Alan Kurdi y las personas a bordo.

Este jueves por la noche, el Gobierno maltés accedió a permitir que más de 60 migrantes desembarcasen en el país, pero posteriormente comunicó que sería la última vez que lo haría durante la crisis de la COVID-19.

Las Fuerzas Armadas de Malta habían estado vigilando el bote que se encontraba en la zona del SAR maltesa durante algún tiempo y después de acompañarles a puerto emitieron una nota en la que aseguraban que “no se permitirá ningún otro desembarco de inmigrantes en Malta, independientemente de la ONG o el barco en el que se encuentren. Malta no puede garantizar los recursos para rescates masivos”.

En la nota se afirma que, dado que se ha declarado el estado de emergencia, permitir desembarcos de migrantes anularía todo el trabajo de precaución que se realiza en el país.

“Malta no está en condiciones de ofrecer un lugar seguro para estos inmigrantes, especialmente en un momento de grandes desafíos en el sector de la salud y la aplicación de la ley. La situación actual requiere que todos los recursos locales, incluidas las Fuerzas Armadas, se centren en la lucha contra la propagación del coronavirus”, añadieron.

La nota agrega que “a pesar de nuestros recursos limitados y nuestro pequeño tamaño como el Estado miembro más pequeño de la Unión Europea (UE), Malta proporcionó un refugio para miles de personas. Pero ahora, Malta no tiene más remedio que tomar decisiones que reflejen las circunstancias extraordinarias en la actualidad”.

Malta ha escrito también a la Comisión Europea para explicarle los motivos de esta decisión, según adelantaron los medios del país.

La misma medida fue tomada el 8 de abril por el Gobierno italiano que, en un decreto interministerial firmado por los titulares de Exteriores, Luigi Di Maio; Interior, Luciana Lamorgese; Infraestructuras, Paola De Micheli; y Sanidad, Roberto Speranza, declara que actualmente sus puertos “no presentan los requisitos sanitarios” exigidos por el Convenio de Hamburgo para acoger a los rescatados en el mar.

En el decreto se explica que se basa “en los principios de protección de la salud de los pasajeros y de igualdad de trato con los ciudadanos italianos” que no pueden moverse en el país por las medidas de bloqueo y confinamiento.

El decreto llegaba justo después de que el 6 de abril el barco Alan Kurdi de la ONG alemana Sea Eye rescatase a unas setenta personas y posteriormente a otras 80 en una segunda operación por lo que se encuentra ahora con 150 inmigrantes a bordo.

La organización española Open Arms, la alemana Sea Watch, la italiana Mediterranea y Médicos Sin Fronteras expresaron en un comunicado conjunto la preocupación por el “cierre de puertos” a las personas salvadas.

Y acusaron al Ejecutivo italiano de “instrumentalizar la situación de emergencia sanitaria para cerrar sus propios puertos a las personas salvadas en el mar por barcos extranjeros”.

El Alan Kurdi se encuentra en proximidades de la isla italiana de Linosa a la espera de saber qué ocurrirá visto que los dos países cercanos han cerrado los puertos.

 

El coronavirus ahonda en la vulnerabilidad de los migrantes en Italia

Mientras que el Gobierno ha declarado a los puertos italianos “no seguros” para evitar la llegada de barcos de rescate humanitario, los agricultores alertan de que faltan cientos de miles de trabajadores para recoger frutas y verduras, tareas que llevan a cabo en su mayoría jornaleros extranjeros.

“La Constitución italiana dice que todo el mundo tienen derecho a la salud, pero esto no se está cumpliendo con los migrantes. Están en riesgo, muchos no tienen acceso a material sanitario”, lamenta Andrea Costa, presidente de la asociación de apoyo a los migrantes Baobab.

“Llevamos la comida a la mesa, pero tenemos hambre”, es el lema de la campaña de recogida de fondos para los trabajadores del campo que puso en marcha hace pocos días el activista sindical y jornalero Aboubakar Soumahoro, y que ya ha recaudado 87.000 euros de los 100.000 que tiene previstos.

Soumahoro denuncia que trabajan “sin guantes, mascarillas o distanciamiento” y que al estar en situación irregular no pueden acceder a “subsidios, paro o vacaciones”, por lo que llama a Italia a apoyarles en una situación de “dolor y angustia compartidos”.

La asociación de agricultores Coldiretti advierte de que un 40 % de la producción de frutas y verduras se puede echar a perder en los campos debido a la falta de trabajadores extranjeros estacionales, unos 370.000, de los cuales un tercio proviene de Rumanía.

“Ahora cuando hace falta mano de obra en el campo muchos políticos se dan cuenta de cómo necesitan a los inmigrantes, o mejor dicho, cómo necesitan esclavos”, señala Costa, que critica que muchos jornaleros viven en condiciones de miseria, con poca seguridad laboral y con sueldos irrisorios.

Sindicatos y organizaciones sociales han reclamado en los últimos días que se regularice la situación de los migrantes por lo menos de forma temporal, mientras dura la emergencia sanitaria, algo que ya se ha hecho en Portugal.

En Italia se calcula que viven más de 600.000 inmigrantes irregulares, según datos del Instituto para el Estudio de Política Internacional (ISPI), que en un informe reciente observa cómo una gran parte de ellos no tienen protección jurídica tras el paso de Matteo Salvini por el ministerio de Interior.

Mientras, el coronavirus ha frenado el trabajo de prácticamente todas las organizaciones de salvamento humanitario que operan en el Mediterráneo. Fuentes de SOS Mediterranée, que opera el buque de rescate Ocean Viking, denuncian a Efe que esta crisis “puede aumentar la mortalidad en la ruta migratoria del Mediterráneo Central, que ya es la más mortífera”.

Tres personas murieron al día en el Mediterráneo hasta marzo, 290 en total

El colectivo Caminando Fronteras ha denunciado este jueves que 290 personas, tres al día, han perdido la vida en las rutas marítimas de acceso a España, sobre todo a Canarias, en el primer trimestre del año, aunque los servicios de rescate tan solo lograron recuperar los cuerpos de 27.

La ONG liderada por Helena Maleno ha llegado a esta conclusión mediante el monitoreo continuo que realiza a través de las comunidades de migrantes, servicios de rescate, redes familiares y defensores de derechos humanos.

De las 290 personas fallecidas, 263 se las ha tragado el mar; las víctimas procedían de nueve países (Argelia, Marruecos, Gambia, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Camerún, República Democrática del Congo e Islas Comores).

Casi tres de cada diez, el 28 %, eran mujeres (62) y menores (21).

En total, las vías marítimas de acceso a España contabilizaron 17 naufragios. Diez de las embarcaciones continúan desaparecidas.

Doce de las tragedias tuvieron lugar al tratar de llegar a Canarias, un intento en el que 245 inmigrantes han muerto o desaparecido; en la ruta de Argelia murieron 30, 14 en el Estrecho y una en el mar de Alborán