¿Qué opina el nuevo Alto Representante?

Josep Borrell presenta el libro "Fragmentos Exteriores" el 28 de noviembre de 2019 en la Casa de América de Madrid, en su último acto público como ministro. [EFE/Javier Lizón]

Madrid (EuroEFE).- Josep Borrell Fontelles, exministro y expresidente del Parlamento Europeo, es, desde el 1 de diciembre (2019), Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, y vicepresidente de la Comisión Europea.

En un acto de presentación de su libro Fragmentos Exteriores, celebrado en la Casa de América el pasado 28 de noviembre, Borrell respondió a preguntas sobre la actualidad internacional planteadas por el moderador Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, y por el público.

Reproducimos a continuación algunas de sus respuestas:

España en la UE

– Europa es para nosotros algo imprescindible, se hace casi un problema de política interior.

– Los españoles somos y seguimos siendo muy, muy europeístas, probablemente porque hemos estado tanto tiempo alejados de Europa y durante tanto tiempo Europa ha significado una referencia a la que queríamos converger, que a pesar de todos los pesares, nos parece nuestro proyecto (…)

– España ha jugado en Europa hasta principios de los 2000 un papel mucho más importante del que le correspondía por su peso demográfico y económico.  Nuestra voluntad europeísta era muy clara, llegábamos entusiasmados por el proyecto y teníamos líderes políticos capaces de plasmarlo a través de una influencia personal.  No crean que estoy haciendo simplemente un panegírico de los gobiernos socialistas; también hay que reconocer que los gobiernos del señor Aznar tuvieron un papel influyente en Europa, quizás no influyente en la misma dirección que hubiéramos querido, pero influir, influyeron. Influyeron los unos y los otros, y mucho. Después hubo una cierta ausencia, gradual (…) En un cierto momento fuimos los discípulos más aplicados de los planteamientos de Alemania. Eso ciertamente ha cambiado con la llegada del gobierno socialista del que he formado parte.

Pedro Sánchez y el Aquarius

– Pedro Sánchez llega con una gran voluntad de volver a ocupar un papel en Europa, llega a recuperar el terreno perdido y lo hace de una manera que es objeto de muchas críticas, pero que fue un aldabonazo: la historia del barco que nadie quería y que España dijo: ‘pues que venga’. Es evidente que aquello era un golpe de efecto.  La solución al problema migratorio no consiste en repescar barcos humanitarios a 1.500 kilómetros del punto de rescate. Es evidente que esto no se hace así. Pero también es evidente que hacía falta un golpe a la conciencia dormida de  los europeos (…) La solución no es convertirse en el buen samaritano que recoge a todos los barcos del Mediterráneo estén donde estén, pero sí fue un aldabonazo que despertó la necesidad de volver a tomarse en serio la política de emigración y de asilo, que son dos cosas diferentes.

Marruecos

– Hemos (el Gobierno español) puesto a Marruecos en la órbita de la Unión Europea.  Hemos construido una relación más sólida entre Marruecos y Europa. Hemos hecho tomar conciencia a los europeos -y cuanto más al norte más difícil era- de que teníamos que ayudar a un país que era un país de tránsito, con un flujo de inmigrantes importante -no tanto como los millones de sirios en Turquía-, pero que tenían que incorporarlo dentro de una gran política de vecindad.

Italia

– En Italia hay treinta puntos menos (que en España) de adhesión (al proyecto europeo). Es cierto que Italia era de los más europeístas al principio. Probablemente, porque Italia lleva mucho tiempo con una economía plana, una estagnación absoluta. No diré yo que sea la culpa, ni mucho menos, de las restricciones que ha impuesto la pertenencia al euro, pero es fácil venderlo así (…) Los italianos también se han sentido abandonados por los europeos frente a los flujos migratorios y eso ha generado un síndrome de rechazo hacia esa Europa que no nos ayuda, que nos abandona, que, cuando pedimos ayuda, miran para otro lado o, incluso cuando mandamos la Marina de Guerra, en la operación que hizo el presidente (del Consejo, Enrico) Letta, nos la critican y dicen que estamos haciendo un efecto llamada. El problema de la inmigración ha tenido un gran impacto sobre Italia y lo ponen en el ‘debe’ de una Europa que no ha estado a la altura de la necesaria solidaridad con ellos.

Indo-Pacífico

– Allí van a pasar las cosas más interesantes en los próximos años. Europa se ha quedado un poco al margen, en su pequeño rincón, pero tiene un papel muy importante que jugar si tiene la voluntad para hacerlo y eso es lo que está por ver.

Brexit

– El Brexit no ha sido una epidemia, más bien ha sido una vacuna, nadie ha seguido el ejemplo británico. Espero que dentro de pocos días se acabe de materializar el Brexit y dejemos de mirar al futuro por el retrovisor, que es lo que hemos hecho este año y medio. Los británicos están como en la canción: que dices que te vas, que te vas, que te vas, pero no te has ido. Y seguramente no se van porque no encuentran la puerta de salida. Pero les deseamos lo mejor, una vez que la hayan encontrado.

OTAN

– No es tan discrepante la posición (del presidente de Francia), lo que pasa es que se ha expresado de una manera muy fuerte, muy chocante: decir que la OTAN está en muerte cerebral. La muerte cerebral es la que no tiene remedio (…) Francamente, no creo que este sea el caso de la OTAN.  No lo es, afortunadamente. No podemos juzgar la entrevista del presidente Macron por una frase o dos, cuando dice ‘Europa está al borde del precipicio’ o ‘Si no despertamos, desapareceremos’ (…) Hace bien en llamar la atención sobre algo que a mi me parece evidente (…) La OTAN es y seguirá siendo la estructura de base de la defensa territorial europea para la mayoría de los países de la Unión, porque lo contrario significaría un esfuerzo financiero inasumible; en el supuesto de que quisiéramos, no podríamos.  Por lo tanto, no nos compliquemos la vida (…) Esto no es contradictorio, y ahí es donde creo que Macron tiene razón, con que Europa tiene que construir capacidades autónomas de defensa para hacer frente a problemas que no le va a resolver la OTAN.

La defensa europea

– La OTAN está pensada para que un país que es atacado por otro llame a los demás para que vengan en su ayuda.  Pero hay muchos problemas de seguridad que no consisten en que un país invada al vecino. Podemos no ser invadidos por nadie y tener gravísimos problemas de seguridad que no se pueden resolver apelando al artículo 5 de la OTAN, que tenemos que resolver por nuestros propios medios, porque son nuestros problemas, en nuestra vecindad y que nadie más que nosotros va a resolver.  El Sahel es un ejemplo clarísimo (…) Y si mañana hay un ataque cibernético que desestabilice las infraestructuras básicas de algún país, ¿va a ser la OTAN quien lo arregle?  Tampoco. Hay muchos problemas para los que la OTAN no aporta solución y que tenemos que resolver de la manera más comunitaria posible. Y en eso yo creo que Francia actúa como catalizador de una reflexión que otros países son más reticentes a hacer.

Los Balcanes

– Si los europeos no somos capaces de poner orden o de estabilizar los Balcanes, vamos a dejar de llamarnos potencia geopolítica.  Si no somos capaces de arreglar problemas de nuestra vecindad inmediata, y ninguna gran superpotencia nos impide hacerlo, es que realmente no somos capaces de enfrentarnos a nada.  Si no influimos en resolver el problema de las relaciones entre Serbia y Kosovo, pues es que nuestra influencia es más bien escasa (…) ¿Se puede negar la perspectiva europea a los países que resultan de la implosión de Yugoslavia ‘per secula seculorum’? Yo creo que no. ¿Se puede pensar que la Unión funcionaría añadiendo a los que ya somos cuatro países más? Francamente, tampoco lo creo.  Hay que modificar la forma de funcionar, pero no podemos esperar a que arreglemos nuestro problemas internos para empezar a ofrecer una perspectiva europea a los que están esperando.  Y además Macron hace una llamada de atención diciendo ‘esto no funciona’, ‘el proceso de adhesión de los países de los Balcanes no funciona’ (…) Llevamos tiempo que si capítulo para arriba, que si capítulo para abajo, pero aquello no marcha. Por lo tanto, tenemos que decirnos la verdad. Tenemos que cambiar la forma de proceder, pero hemos de hacerlo sin decirles ‘no, mire usted, para usted no hay sitio dentro de la Unión, porque si Yugoslavia no hubiera implosionado, sí hubieran tenido sitio’.  Y si les quitamos este incentivo, va a ser mucho más difícil que hagan las reformas que tienen que hacer. Y a nosotros nos interesa que las hagan, porque cuando uno ve los flujos migratorios desde Kosovo y Serbia, y desde Macedonia hacia Centroeuropa, son espectaculares. Como esto continúe un poco más, entonces sí que vamos a poder hablar de los Balcanes vacíos (…) Hay que exigirles un esfuerzo de reforma y de coexistencia.

Kosovo

– Da la sensación de que la Unión Europea ha reconocido a Kosovo, pero los españoles no. Y no, la Unión Europea no reconoce a nadie ni deja de reconocer, porque no tiene la competencia para ello. Hay algunos estados que lo han reconocido y otros que no.  ‘Pero usted, como vive en un país que no lo ha reconocido, no tiene credibilidad’.  Vaya hombre, no tendré credibilidad para los kosovares, pero sí para los serbios. ¿Y si fuera al revés? Si fuera de un país que sí ha reconocido a Kosovo, ¿no pasaría al revés, que tendría credibilidad para unos y no la tendría para otros? Esta asimetría, francamente, no la comprendo (…) Pero iré a Pristina cuando haya gobierno en Pristina.

Rusia

– Lo que nos pasa a los europeos es que no tenemos una percepción común de los riesgos a los que nos enfrentamos (…) Cuando yo dije una vez que Rusia representaba una amenaza para Europa, quería decir que algunos países la perciben de esa manera y otros no.  Pero es que nosotros tenemos dos escuadrillas de F-18 y un regimiento de tanques Leopard patrullando en el Báltico, y yo me pregunto qué hacen allí; si no hay ninguna amenaza, ¿a qué han ido? Digo yo que será porque hay alguna clase de amenaza que queremos compartir (…) ¿Hasta qué punto la percepción de una amenaza responde a un hecho real o es un reflejo histórico? ¿De verdad cabe la posibilidad de que en la frontera entre los países bálticos y Rusia ocurran incidentes bélicos? Yo creo que no.  Y, a pesar de eso, la OTAN moviliza tropas en un ejercicio para asegurar a países que temen que sí (…) Es evidente que, después de la anexión de Crimea, ese sentimiento ha crecido y es evidente que la relación con Rusia divide mucho a los países europeos, y eso no lo vamos a resolver. Hay que lidiar con posiciones como la de Francia, y probablemente también la de España, que dice que las relaciones con Rusia no pueden ser simplemente un conjunto de sanciones inamovibles, y los que no quieren cambiar nada mientras no ocurran cosas que es difícilmente imaginable que ocurran, como la devolución de Crimea a Ucrania.

Ucrania

– No es una crisis congelada, no.  Allí hay bajas mortales casi todos los días.  Es un conflicto con frentes abiertos  (…) Vamos a ver qué pasa en la conferencia de la semana que viene en París.  Pero, una vez más, los europeos solo podemos propiciar el diálogo y el acuerdo, que pasa por que las llamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk encuentren un encaje dentro de Ucrania.  Los acuerdos de Minsk lo deberían hacer posible (…)  De momento, lo que hay que hacer allí es estabilizar la situación, antes de pensar en hacer una nueva Suiza, lo que hay que intentar es que deje de haber combates cotidianos en la línea del frente.

Mediterráneo

– Es evidente que las expectativas que se levantaron hace veinticinco años con el Proceso de Barcelona no se han cumplido, para nada.  La primavera árabe ha acabado en una desestabilización de algunos países y una reproducción de los mismos regímenes que había antes en otros; que ha provocado una terrible guerra civil en Siria, donde los europeos nos hemos pasado años diciendo ‘esto no tiene solución militar’.  Y al final ha tenido solución militar, pero no europea (…) Desde el momento en que el presidente Obama dijo ‘por mucho que haya pasado la línea roja, yo no intervengo’ y Francia se quedó frenada en seco, pues Europa no pudo o no quiso aportar ninguna clase de solución militar, pero otros países lo han hecho.  Esta claro que la solución militar en Siria se debe, en buena medida, a la intervención de Rusia y a la retirada americana.

Oriente Medio

– El Mediterráneo está mucho más desestabilizado de lo que estaba hace veinticinco años.  Los problemas de Oriente Medio parecen tener peor solución que entonces, porque entonces todavía nos creíamos lo de Camp David, nos creíamos que era posible llegar a la solución de los dos estados, pero después de la última decisión de EE.UU. de decir que lo de las colonias está muy bien, pues francamente ¿cuál es la virtualidad que tiene la solución de los dos estados? Muy poca.

África

– En África los europeos tendríamos que ‘pensar grande’.  No sirve de mucho la ayuda al desarrollo en dosis homeopáticas, que no cambian sustancialmente nada más que el entorno inmediato donde se producen.  En África está desembarcando China, está desembarcando Rusia y nosotros nos estamos replegando. Sin embargo, es allí donde la pequeña Europa se juega su futuro a medio plazo. Si no estabilizamos el crecimiento demográfico de África, y si no estabilizamos sus instituciones políticas, vamos a hacer frente a un flujo migratorio, que en parte necesitamos pero en parte no, y a una situación convulsa que va a dar lugar a una amenaza terrorista permanente.  Pero eso los europeos no lo acaban de aceptar. La prueba es que, si fuéramos conscientes de eso, desplegaríamos en el Sahel muchos más efectivos de los que estamos desplegando.  España es el país que más participa en todas las misiones militares de paz de la Unión Europea. Somos el país que más despliega sus tropas en todo el mundo. Esto nadie lo sabe, pero lo hacemos.

China

– Tecnológicamente también, parece haber un cierto consenso en decir que Europa está quedándose atrás y que los grandes protagonistas de la cuarta revolución industrial son los países asiáticos (…) Muy probablemente sea cierto que estamos perdiendo lo que ha sido nuestro gran activo histórico, que es la superioridad tecnológica (…) China está invirtiendo masivamente en inteligencia artificial.  Es un estado dirigista, que tiene muchos recursos, que sabe lo que quiere, que genera ingenieros y saber tecnológico a escala de su dimensión y que está galopando mucho más aprisa que los demás en ese campo.

Nueva Ruta de la Seda

– China ha tomado la iniciativa, está muy bien tomada y hay que felicitarles, porque han concebido un proyecto geoestructurante de largo alcance.  La Ruta de la Seda para China llega hasta Chile, lo cual es un poco exagerado, pero llega hasta allí.  Es un proyecto de conectividad extraordinariamente importante.  Se le critica porque dicen que eso implica sobreendeudamiento de algunos países, pero está estructurando el territorio al servicio de una visión expansiva de su papel en el mundo.  Los europeos, en vez de quejarnos de lo que hacen los demás, deberíamos tener nuestros propios planes de conectividad. (…) ¿Quién nos lo impide? Hace poco hubo en Bruselas un gran encuentro de conectividad donde Japón y la Unión Europea firmaron una serie de compromisos.  Un parlamentario me dijo: ‘la conectividad será la palabra de este siglo’ y es verdad. Y olvidémonos de la conectividad a base de túneles de ferrocarril y de carreteras; la conectividad es hoy algo mucho más importante que eso:  son las redes informáticas, es todo el sistema de cableado virtual, es ¿a dónde llegan las tecnologías de la información y la comunicación?, porque hay enormes ‘calvas’ en la geografía del mundo (…) Esas calvas tecnológicas, esos huecos hay que llenarlos y el que los llene será capaz de asentarse en el territorio de una forma mucho más productiva y competitiva.  China está tomando el liderazgo porque entre ella y Europa hay todo el mundo, ignoto para nosotros, de Asia Central.  Los europeos debemos tener nuestra propia estrategia y estamos intentando construirla, con algún retraso.

Venezuela

– La situación en Venezuela está bloqueada.  El presidente Guaidó fue reconocido por la mayor parte de la comunidad occidental, el bloque europeo y americano, pero la situación sigue siendo prácticamente la que era, con el efecto desgraciado de que las sanciones económicas impuestas, muy fuertes en los últimos tiempos, por Estados Unidos,  están provocando una situación que está pagando el pueblo venezolano de una forma cruel (…) Hay una crisis humanitaria en Venezuela, sí, que está fuera de solución, fuera de solución si lo que pretendemos es que la caridad internacional la resuelva, porque no hay común medida entre algunos centenares de millones que se puedan recoger apelando a la buena voluntad de la gente y los siete mil millones al año que importa Venezuela de alimentos.  Yo creo que hay que sacudir el tablero, hay que plantearse seriamente una revisión de la forma con la que se aborda el problema, porque pretender que las sanciones que están causando un verdadero estrago entre el pueblo venezolano  sean el instrumento, la palanca para cambiar el régimen, suponiendo que eso llegara a ocurrir, tendría un coste humano inaceptable, al menos para nosotros europeos.  Se pueden y se deben poner sanciones a los líderes de un gobierno con el que discrepamos y condenamos su comportamiento., pero que afecten a la población de la manera masiva en que la están afectando (…)  no es una solución.

¿Mayoría cualificada para la PESC?

– Yo estaría encantado de que las decisiones se tomaran por mayoría cualificada (…) Pero hay una cosa que me hace gracia: ¿por qué no se plantea abandonar la unanimidad  en la discusión de las perspectivas financieras?  O sea, para repartir el 1% del PIB, del cual el 80% ya está predeterminado, esto es, para repartir el 0,2% del PIB, se pide unanimidad y nadie lo discute (…)  En cambio, para enviar nuestras tropas a una misión militar que implica riesgos de pérdidas de vidas humanas, para eso ¿pensamos que lo podemos hacer por mayoría cualificada? ¿Alguien va a participar en una misión militar en la que no quiere participar?  Francamente, creo que vamos a empezar haciendo las cosas por la parte más fácil y, si no somos capaces de hacer lo fácil, no me pida que haga lo dífícil.  Dicho esto, ¡claro que hay que intentar avanzar en mayorías cualificadas en política exterior, claro que sí!, pero empezando por aquellas cosas que son menos polémicas.