La etapa “post coronavirus”: ¿Qué puede esperar la región del Mediterráneo?

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UpM

El secretario general de la Unión por el Mediterráneo, Nasser Kamel, durante una entrevista con Efe en la cumbre del clima de Madrid (COP25), el 11 de diciembre de 2019. [EFE/Juan Carlos Hidalgo]

La región euro-mediterránea necesita construir su propia estrategia de desarrollo en respuesta a la crisis del coronavirus, pero para poder superar esta fase de crisis es necesario un cambio global de paradigma, asegura Nasser Kamel.

Nasser Kamel es Secretario General de la Unión por el Mediterráneo (UpM)

Esta tribuna ha sido publicada inicialmente por EURACTIV.com, socio de EFE.

Ya no queda duda: la COVID-19 nos ha empujado a una nueva era. Tenemos que preguntarnos cómo la región mediterránea y el mundo pueden unirse para salir de la crisis mundial más fuertes y “resilientes”. La pandemia de coronavirus es, sin duda, una de las mayores crisis a las que nos hemos enfrentado en más de un siglo, y supone un claro e implacable recordatorio de la necesidad de una cooperación transfronteriza tangible entre sectores y entre los ciudadanos y sus representantes.

Analizado el promedio global, la OCDE estima que por cada mes de confinamiento, se producirá una pérdida del 2% en el crecimiento anual del PIB. Se prevé que el impacto económico sea peor que la recesión de 2008. Sin embargo, esta realidad, válida a escala mundial, es más grave todavía para la región mediterránea, donde las condiciones de fragilidad y exposición (a las crisis) están todavía más concentradas.

El “efecto dominó” de las crisis en los más vulnerables

Al igual que los efectos dominó de las enfermedades transmisibles, las dificultades económicas y los efectos del cambio climático no conocen fronteras. De hecho, el efecto multiplicador de amenazas para la salud y la riqueza que supone el cambio climático es especialmente intenso en la cuenca mediterránea, donde el calentamiento avanza un 20% más rápido que el promedio mundial.

Pero los desafíos de este complejo conglomerado (pandemias globales, cambio climático y la exposición económica resultante) no se pueden resolver uno por uno y no se pueden abordar de forma aislada.

Tampoco deberíamos hacerlo. Existen nexos claros entre todos ellos. Para empezar, en la forma en que profundizan las desigualdades existentes al golpear a los grupos y economías vulnerables de manera desigual y con un efecto devastador. Las comunidades que no pueden “confinarse”, debido a la precariedad (o lo exiguo) de su vivienda, aumentarán las tasas de contagio.

Un enfoque “holístico” de la estrategia

La presión sobre los sistemas de salud pública reducirá los recursos de la economía que de otro modo podrían invertirse en la mitigación del cambio climático. Y así, la historia continúa y es por eso que la “resiliencia” debe construirse mediante un mayor compromiso con enfoques holísticos que protejan e impulsen la recuperación ambiental, social y económica.

Hay que admitir que nuestra respuesta colectiva al abordar problemas globales determinará la velocidad a la que nos recuperemos y lo bien (o mal) que gestionemos estos desafíos urgentes.

Para lograrlo, la región euro-mediterránea tiene que construir una estrategia de desarrollo basada en el impulso de las economías locales, regionales y circulares que puedan explotarse como motores de un crecimiento sostenido y sostenible, distribuido de manera justa pero que impulse la competencia, y que ponga a la igualdad de género y a los jóvenes como prioridad.

Un necesario cambio de paradigma

A medida que nos recuperamos, debemos aprovechar la oportunidad de crear nuevas sociedades inclusivas que garanticen que los jóvenes y las mujeres puedan alcanzar su potencial como agentes de cambio que aportan a la economía de la región en su conjunto.

Ya existen nuevos conceptos, nuevos modelos de negocio que incluyen el impulso para crear una cadena de suministro orientada a la región, y nuevas estrategias públicas para ayudar a realizar un necesario cambio de paradigma, por lo cual no hay que reinventar nada.

Sin embargo, todos estos beneficios se basan en una mayor cooperación y conectividad, que son los requisitos previos del cambio. Mientras que actualmente el 57% de ciudadanos de la Unión Europea asegura poseer destrezas digitales básicas, poco más del 50% de los hogares en la región MENA tiene acceso a Internet. Y los pronósticos ya vaticinaban que la transformación digital registraría un aumento de dos dígitos.

Acciones concertadas e integradas

La crisis del coronavirus ha situado la necesidad de la digitalización de la economía y los servicios todavía más arriba en la agenda euro-mediterránea. En las últimas semanas son estas tecnologías las que han traído la esperanza de un futuro mejor con “cerebros globales” capaces de sumar fuerzas entre diferentes países para colaborar con sus ideas.

Y esas ideas se han escuchado. Solo a través de estos valores compartidos de igualdad, cooperación y diálogo combinados, superaremos los complejos desafíos a los que nos enfrentamos. La Unión por el Mediterráneo (UpM) plantea acciones concertadas e integradas que abordan los problemas fundamentales de las crisis, con un enfoque global de su complejidad. Esa es la manera de asumir los desafíos sociales, ambientales y económicos que todos compartimos en este espacio común en la encrucijada de tres continentes.

Ese es el mensaje que quiero transmitir, un mensaje de esperanza y confianza para todos nuestros ciudadanos.

El camino hacia un futuro mejor nos pertenece a todos, y estamos decididos a ser audaces en nuestras promesas para lograr un mañana mejor para las próximas