España se apresta a sumarse al vecindario europeo de gobiernos en coalición

El presidente del Gobierno español en funciones, el socialista Pedro Sánchez, durante su intervención tras llegar a un acuerdo con el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, para la formación de un Ejecutivo en España tras las elecciones del 10 de noviembre de 2019. EFE/Paco Campos

París (EuroEFE).- Han sido necesarios meses de dudas y desencuentros, además de unas nuevas elecciones, pero España parece lista para incorporarse tras más de cuatro décadas de democracia al nutrido grupo de gobiernos de coalición en Europa, donde este tipo de pactos son más una costumbre que una excepción.

El fin de la era de las mayorías absolutas se ha cobrado un peaje en forma de inestabilidad. En algunas ocasiones, las inesperadas parejas de baile han dado frutos valiosos. En otras, los matrimonios se han convertido en una pesadilla.

El acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos para avanzar en esa vía tiene su reflejo en las variopintas alianzas que han encontrado países como Alemania o Italia para desbloquear situaciones políticas en ocasiones más complejas que la española.

Otros Estados más pequeños como Bélgica, Holanda, Finlandia, la República Checa o Eslovenia también han debido explotar a fondo la paleta cromática para formar gobiernos de todos los colores.

Ni siquiera la afinidad ideológica es imprescindible para conformar un Ejecutivo en Europa, donde aparentes rivales se convierten en compañeros de viaje por mor de un arco parlamentario endiablado.

Apenas Francia, gracias a su sistema presidencialista y a dos vueltas, se puede permitir gobiernos monocolor entre los grandes países de la Unión Europea (UE).

Así está el panorama de los principales gobiernos de coalición en Europa:

ALEMANIA

La “Gran Coalición” está tan asentada en la mente colectiva que a veces cuesta recordar que la conservadora Angela Merkel sólo ha gobernado Alemania cuatro años -de los 14 que lleva como canciller- sin sus presuntos adversarios socialdemócratas (SPD) dentro del Consejo de Ministros.

Y la única legislatura en que no pactó con los socialistas tuvo que hacerlo de todos modos con los liberales del FDP (2009-2013).

La “Gran Coalición” ha erosionado la popularidad de sus integrantes, aunque al mismo tiempo ha permitido una estabilidad política poco común en alianzas “contra natura” como la de democristianos y socialdemócratas.

El SPD cuenta con seis de los 16 ministerios y tiene la potestad de decidir quién los ocupa.

La pujanza de la extrema derecha de Alternativa por Alemania (AfD) o el resurgir de los Verdes, junto al debilitamiento de los dos grandes partidos tradicionales, apuntan a un futuro de alianzas todavía más complicadas.

ITALIA

El paradigma del baile de parejas se puede encontrar en Italia. Allí, el antisistema Movimiento 5 Estrellas (M5E) pasó de coaligarse con la supuestamente incompatible Liga de Matteo Salvini a echarse en brazos del Partido Demócrata (PD, centroizquierda) cuando el líder ultraderechista se salió del Gobierno en agosto de este año.

Poco importó que los líderes del PD y del M5E se hubiesen dedicado durante años las más duras invectivas.

El notorio pragmatismo italiano hizo posible que Giuseppe Conte se mantuviese al frente de un gabinete compuesto por 22 ministros, tanto del PD como del Cinco Estrellas, y con una ministra independiente, Luciana Lamorgese, al frente de la polémica cartera de Interior.

La miríada de partidos y grupúsculos representados en el Parlamento italiano hace que la necesidad de alianzas haya sido una constante en Italia… y que pueda seguir siéndolo.

HOLANDA

Si en algún lugar las coaliciones son norma y no excepción, ese país es Holanda. Desde el final de la II Guerra Mundial, no ha habido un Ejecutivo con menos de dos partidos en su seno.

El actual engloba desde 2017 a cuatro socios tan improbables como los liberales del primer ministro, Mark Rutte, los progresistas D66, Llamada Democristiana y los conservadores de Unión Cristiana.

Los tres primeros buscaron el apoyo de los Verdes, pero las diferencias en inmigración o medio ambiente cerraron las puertas a esa alianza y se las abrieron a Unión Cristiana, el eslabón más frágil de la coalición por sus opiniones discrepantes en asuntos como la eutanasia o el cannabis.

Para acomodar a los cuatro socios, los partidos no han dudado en llegar a soluciones “imaginativas” como poner al frente de algunos ministerios a dos responsables de distinto color político o dejar aparcados los temas más sensibles.

BÉLGICA

Bélgica colecciona gobiernos con sopas de siglas en su seno que dan lugar a todo tipo de apelativos: está la coalición violeta, la arco iris, la olivo, la sueca…

En este momento, la liberal francófona Sophie Wilmès, recién convertida en primera ministra, comparte labores gubernamentales con sus correligionarios flamencos y con los democristianos flamencos.

Sin embargo, ejerce sólo en funciones, a la espera de que el Legislativo surgido de las elecciones del pasado mayo consiga definir un nuevo gobierno multicolor.

Esta situación de inestabilidad persiste desde el 21 de diciembre de 2018, cuando el partido nacionalista flamenco N-VA rompió la coalición que integraba desde 2014 con los liberales francófonos, los democristianos flamencos y los liberales flamencos.

OTROS

Las alianzas son necesarias de Sur a Norte y de Este a Oeste de Europa, como sucede en países como Finlandia o Letonia, donde hasta cinco formaciones componen sus respectivos ejecutivos.

Mientras, en otras naciones, los gobiernos en minoría, como los socialdemócratas de Antonio Costa en Portugal y de Mette Frederiksen en Dinamarca, requieren del apoyo externo de aliados en el Parlamento, pero que no forman parte del gabinete.

La creciente irrupción de partidos nacionalpopulistas, en torno a los cuales proliferan los llamados “cinturones sanitarios”, hace que los gobiernos en coalición sean una realidad en aumento en todo el continente europeo.

Editado por Miriam Burgués