Donald Tusk, la voz atrevida que quiso sacar a la Unión Europea de su letargo

Tusk

Donald Tusk, en una imagen de archivo. [EFE-EPA]

Bruselas (EuroEFE).- El polaco Donald Tusk (Gdansk, 1957) dice este sábado adiós al Consejo Europeo que ha presidido durante cinco turbulentos años, enfrentando crisis como la del “brexit” o la de Grecia y sin rehuir nunca la confrontación con otros líderes para salvaguardar su idea de Europa.

“Es la unidad, estúpido” es la inscripción que preside, desde un póster, su oficina en el edificio del Consejo Europeo y que le permite recordar “qué es lo más importante”.

Porque Tusk creció en la Polonia comunista y se politizó al llegar a la universidad, donde organizó la publicación y distribución de boletines contra la violación de los derechos humanos en su país y tuvo que esconderse tras la ley marcial en diciembre de 1981.

Con 32 años, asistió a la caída del comunismo en 1989 y poco tiempo después comenzó su andadura política mostrándose como una alternativa moderada al ultraconservadurismo de Ley y Justicia, una visión que convenció a los polacos para elegirle como primer ministro entre 2007 y 2014.

En su cargo al frente del Consejo, la unidad ha significado conjugar un consenso entre 28 intereses y prioridades, de Estados miembros grandes y pequeños, del Norte y Sur, Este y Oeste, cada uno con sus dificultades domésticas y diferentes ideas sobre el futuro de la UE.

El carismático Tusk imprimió a su cargo un carácter mucho más político que diplomático, marcadamente diferente de su predecesor, el belga Herman van Rompuy. A golpe de declaración ante la prensa, ha intentado moldear la política europea y no ha dejado a nadie indiferente por el camino.

El infierno de quienes promovieron el brexit sin planearlo

“Me he estado preguntando qué aspecto tiene ese lugar especial en el infierno para aquellos que promovieron el ‘brexit’ sin ni siquiera un esbozo de un plan de cómo llevarlo a cabo de forma segura”, declaró Tusk en febrero de 2019 junto al primer ministro de la República de Irlanda, Leo Varadkar.

Aún con los micrófonos encendidos, Varadkar le advertía de que ese comentario no sentaría nada bien en Londres. “Lo sé, lo sé”, contestaba Tusk con una sonrisa.

El intercambio y la sonrisa de Tusk reflejan bien la visión del polaco sobre el “brexit”: una partida en la que siempre fue más jugador que árbitro y en la que nunca se cortó en pedir al Reino Unido que reconsiderara su decisión de marcharse.

Tusk, que una vez tildó de “impensable” una UE sin el Reino Unido, logró sin embargo mantener la unidad de los Veintisiete a la hora de dar sus guías a la Comisión para negociar el “brexit”, y también ahuyentar el fantasma del “no acuerdo” en maratonianas noches de negociación para conceder una extensión al proceso ya en el tiempo de descuento.

La crisis griega: “no saldréis de aquí sin un acuerdo”

También maratoniano fue el verano de 2015, con Grecia al borde del abismo de la salida del euro y un bloque liderado por Alemania que exigía a Atenas condiciones que Alexis Tsipras, entonces primer ministro heleno, no estaba dispuesto a aceptar.

Tusk cuenta que a las cuatro de la madrugada del 13 de julio, cuando Angela Merkel y Tsipras estaban a punto de rendirse y considerar un fracaso la situación para iniciar las negociaciones del tercer rescate en favor de Grecia, él se plantó y cerró la puerta de la sala de reuniones.

“Lo siento, pero no vais a salir de esta habitación hasta que os pongáis de acuerdo”, les dijo. Cuatro horas después, había pacto. “La eurozona estaba salvada y hoy Grecia es una de las economías más prometedoras de la eurozona”, aseguró Tusk en un discurso reciente.

Los dos “Donalds”

Durante más de la mitad de su presidencia del Consejo, Tusk ha tenido un tocayo al otro lado del Atlántico con Donald Trump al frente de la Casa Blanca, un mandatario con el que, sin embargo, coincide en poco más que en su nombre de pila.

“Con amigos así, ¿quién quiere enemigos?”, se preguntó en público Tusk sobre Trump, quien desde su llegada a la presidencia anunció que retiraría a Estados Unidos del Acuerdo de París y que mantiene amenazada a la UE con aranceles proteccionistas y ha roto unilateralmente el acuerdo nuclear iraní.

Siendo Tusk un multilateralista convencido, uno de los pocos puntos que ha tenido en común con el presidente estadounidense ha sido su afición a escribir en Twitter y también a subir fotografías a Instagram, un ‘hobby’ que le ha traído algún que otro problema diplomático con, por ejemplo, la anterior primera ministra británica, Theresa May.

La siguiente aventura: dirigir el partido popular europeo

Tusk, en cualquier caso, no deja la política. Su siguiente reto será dirigir el Partido Popular Europeo en pleno cuestionamiento de los partidos tradicionales y con la extrema derecha y el populismo comiéndole espacio político a los conservadores.

De hecho, el PPE tendrá que decidir en los próximos meses qué hacer con Fidesz, la formación del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, suspendida del partido por violar los valores europeos y de la familia popular.

“Mantengámonos juntos en el campo de batalla político más importante: a un lado, los partidos de populismo irresponsable y, al otro, nuestro partido de popularidad responsable”, reclamó Tusk poco antes de ser elegido como presidente del PPE, consciente de que ese será su gran reto de su próxima etapa política.