España, Irlanda y Luxemburgo se disputarán la presidencia del Eurogrupo

La vicepresidenta de Asuntos Económicos de España, Nadia Calviño. EFE/Kiko Huesca/ARCHIVO

Bruselas/Madrid/Dublín (EuroEFE).- Los ministros responsables de las competencias de Finanzas de España, la socialista Nadia Calviño; Irlanda, el conservador Pachal Donohoe; y Luxemburgo, el liberal Pierre Gramegna, competirán por la presidencia del Eurogrupo, que quedará vacante tras la dimisión de Mário Centeno como titular del ramo de Portugal.

“El plazo de candidaturas para la presidencia del Eurogrupo ha terminado. Nadia Calviño, Paschal Donohoe y Pierre Gramegna han presentado sus candidaturas. Saludo su iniciativa. Este excelente grupo de candidatos muestra la relevancia del Eurogrupo para garantizar la estabilidad y prosperidad en la eurozona”, anunció Centeno, todavía presidente de este foro.

Uno de los tres sucederá al exministro de Finanzas portugués a partir del 13 de julio para un mandato de dos años y medio, que estará marcado por las tareas de recuperación económica tras la profunda recesión generada por la pandemia de coronavirus.

Elección por votación secreta el 9 de julio

El plazo para presentar candidaturas terminó este jueves a las 18:00 horas y la elección tendrá lugar en la reunión del Eurogrupo del 9 de julio en una votación secreta en la que, para imponerse, hace falta el apoyo de 10 de los 19 Estados miembros de la eurozona.

Hasta entonces, los gobiernos de los tres países que optan al puesto intentarán amarrar los apoyos necesarios para una elección en la que, al margen del perfil profesional, pesan la familia política, el país de origen y el género, así como los equilibrios con otros altos cargos comunitarios.

La candidata española sería la primera mujer en liderar este foro, algo que puede jugar a su favor dada la escasa presencia femenina en puestos de relevancia y la creciente demanda para paliar esta falta.

 

Hasta ahora el Eurogrupo solo ha tenido tres presidentes permanentes, el luxemburgués Jean-Claude Juncker (2005-2013), el holandés Jeroen Djisselbloem (2013-2015 y 2015-2017) y Mário Centeno (2018-2020).

Su principal escollo serán los llamados países “frugales” o “austeros” -Holanda, Austria, Dinamarca, Suecia- y en general los del Norte de Europa, ya que Calviño encarna la posición de los países que, como Italia, Francia o Portugal, entre otros, han abogado por la emisión de deuda común y condiciones mínimas para acceder a las ayudas europeas tras la crisis del coronavirus.

En las negociaciones sobre la reforma de la eurozona, ha defendido el sistema común de garantía de depósitos o el instrumento presupuestario para la eurozona, iniciativas que convencen al sur pero generan muchos recelos en el norte.

Frente a su claro posicionamiento, tanto el candidato irlandés como el luxemburgués se han presentado como “constructores de puentes” entre los socios, haciendo valer la posición intermedia de sus países.

En el debate sobre el plan de recuperación, Luxemburgo e Irlanda se han aliado con España, Francia, Italia, Bélgica, Portugal, Grecia y Eslovenia en la demanda de una respuesta ambiciosa, con emisión de deuda común.

En materia tributaria, sin embargo, ambos países encabezan la oposición, y con frecuencia provocan el bloqueo, de cualquier iniciativa en materia de armonización tributaria o creación de impuestos europeos, como la tasa a los gigantes digitales, más en sintonía con países del norte como Holanda, Dinamarca o Suecia.

A nivel personal, tanto Donohoe como Gramegna gozan de buena reputación y fama de moderados en el seno del Eurogrupo.

En contra del candidato irlandés pesará que el Partido Popular Europeo ya ostenta la presidencia de la Comisión Europea y que Irlanda tiene un asiento en el directorio ejecutivo del Banco Central Europeo (Philip Lane). Su victoria, sin embargo, tendría sabor a recompensa para un país que tuvo que ser rescatado en 2010.

En cuanto a Gramegna, de vencer sería el segundo presidente luxemburgués del foro, tras Jean-Claude Juncker, aunque actualmente apenas hay políticos de países pequeños al frente de las grandes instituciones.

Calviño, la guardiana de la ortodoxia

Calviño, guardiana de la ortodoxia dentro del Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos en España, es respetada por sus colegas europeos y reconocida por su labor después de doce años de trabajo en la Comisión Europea donde los últimos cuatro (2014-2018) desempeñó el cargo de directora general de Presupuestos.

Su credibilidad fue clave para que Pedro Sánchez la aupara a una vicepresidencia del Gobierno cuando la economía empezaba a desacelerarse y las políticas pactadas con Podemos despertaban recelos en algunos ámbitos económicos, aunque al final ha tenido que enfrentarse a una crisis económica inédita en la historia reciente del país.

Su departamento ha coordinado muchas de las medidas para frenar el impacto en la economía de las restricciones para contener la epidemia, como la línea de avales de 100.000 millones de euros del Instituto de Crédito Oficial (ICO) para sostener la liquidez de las empresas ante la falta de actividad.

En la anterior legislatura ya dejó claro que le parecía poco productivo deshacer la reforma laboral de 2012 y en la actual zanjó la reapertura del debate forzando el cambio del acuerdo parlamentario de PSOE y Podemos con EH Bildu, que incluía la derogación íntegra de la reforma a cambio del respaldo al estado de alarma.

Calviño aclaró que no se iba a generar inseguridad jurídica en un momento en que el tejido productivo y el empleo del país están en riesgo por una crisis económica sin precedentes, e invitó a volver a la mesa de diálogo social al presidente de CEOE, Antonio Garamendi, después de que los empresarios reaccionaran con dureza al pacto con Bildu, firmado hace poco más un mes cuando el país iniciaba la desescalada.

Hace un año ya se postuló a la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero el Gobierno retiró su candidatura para favorecer un acuerdo europeo que permitiera presentar un candidato común.

Donohoe, el candidato para mediar entre norte y sur

El irlandés Donohoe aspira a presidir el Eurogrupo en un momento en que la UE podría necesitar un perfil de gestor capaz de limar las diferencias que mantienen los países del norte y el sur en materia económica.

Los observadores opinan que los socios comunitarios pueden verle como el representante de un país que se encuentra a medio camino entre los que defienden la ortodoxia económica y los que abogan por una mayor flexibilidad para poder afrontar la recuperación tras la pandemia de la COVID-19.

Desde que asumió la cartera de Finanzas, Gasto Público y Reforma en 2017, Donohoe, de 45 años, ha establecido estrechos lazos con sus colegas del norte, a través de la participación de Irlanda en el Grupo Hanseático.

Pero también ha forjado importantes alianzas con sus socios del sur, después de situarse del lado de los que han pedido que Bruselas establezca instrumentos de deuda conjuntos para luchar contra los efectos del coronavirus.

Aunque el Gobierno en funciones de Dublín le ha presentado como candidato, Donohoe deberá aún esperar a que su partido, el Fine Gael, el centrista Fianna Fáil y los Verdes acuerden formar en los próximos días un Ejecutivo de coalición -más de cuatro meses después de las elecciones generales- y lo ratifiquen en su puesto, condición para presidir el Eurogrupo.

Llegado a ese punto, el político irlandés, casado y padre de dos hijos, cuenta con “la simpatía” y el “aprecio” de los miembros del Eurogrupo, al que “escuchan con atención” y consideran un “buen comunicador”, según explicó una fuente al diario “Irish Times”.

Asimismo, le atribuyen parte del éxito de Irlanda para salir de la crisis financiera de 2008, que obligó a Dublín a pedir en 2010 un rescate a la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 85.000 millones de euros y a aplicar durante tres años un durísimo plan de austeridad.

Más recientemente, se ha ganado el respeto de sus socios durante las tortuosas negociaciones sobre la salida del Reino Unido de la UE, pues reconocen que Irlanda es uno de los países más afectados por el Brexit.

Gramegna y la etiqueta de paraíso fiscal

El liberal Pierre Gramegna es desde 2013 ministro de Finanzas de Luxemburgo, sillón desde el que brega con la imagen de paraíso fiscal que se ha granjeado el Gran Ducado a base escándalos sobre su trato preferencial a las multinacionales.

Diplomático de carrera reconvertido en lobista, Gramegna, de 62 años, tiene fama de moderado en el foro de ministros de Economía y Finanzas de la eurozona, donde la crisis ha forjado una dicotomía entre defensores y detractores de la austeridad.

En las recientes negociaciones sobre al plan de recuperación tras la pandemia de coronavirus, Luxemburgo se ha alineado con Francia, España, Italia o Alemania en la defensa de una respuesta ambiciosa, financiada con deuda común y basada sobre todo en subvenciones para apoyar a los países más afectados por la misma.

En materia fiscal, sin embargo, el ministro suele coincidir con sus homólogos de Holanda, Dinamarca, Suecia o Irlanda en la defensa férrea de la autonomía nacional en cuestiones tributarias.

Esta postura, a caballo entre el Norte y el Sur, podría jugar a su favor en la carrera por la jefatura del Eurogrupo, a la que ya fue candidato en 2017.

Nacido en 1958 en Esch-sur-Alzette, la segunda ciudad más importante de un país de apenas 600.000 habitantes, y trilingüe, Gramegna se licenció en Derecho y Economía en la Universidad Panthéon-Assas de París.

Nada más salir de la universidad, en 1983, comenzó su carrera diplomática, primero en el Ministerio de Exteriores en Luxemburgo y desde 1988 como consejero de la Embajada en París, hasta ser nombrado en 1992 cónsul en San Francisco (Estados Unidos) y embajador ante Japón y Corea del Sur en 1996, cargo que ejerció hasta 2002.

En 2003, Gramegna dio el salto al sector privado y hasta 2013 asumió la presidencia de la Cámara de Comercio, compaginando el puesto con su actividad como presidente de la compañía de transporte aéreo de mercancías Cargolux Airlines y en el consejo de administración de otras empresas, como la Bolsa de Luxemburgo o BNP Paribas Luxemburgo.

En octubre de 2013 fue nombrado ministro de Finanzas en el Gobierno liderado por su formación, el liberal Partido Democrático del ya primer ministro Xavier Bettel, todavía en el cargo, con la misión de consolidar las finanzas públicas y mantener el atractivo de Luxemburgo para las grandes empresas y la banca, pero reforzando la transparencia y colaborando con sus socios europeos en los esfuerzos para atajar la evasión fiscal.

Editado por Miriam Burgués