Papa Francisco: la UE está ante un desafío histórico del que depende el mundo

El Papa Francisco preside el Vía Crucis en la plaza vacía fuera de la Basílica de San Pedro, debido al bloqueo para detener la propagación de la infección COVID-19 causada por el nuevo Coronavirus este viernes santo, en la Ciudad del Vaticano. EFE/ Massimo Percossi

Ciudad del Vaticano (EuroEFE).- El papa Francisco dedicó su mensaje de Pascua del Domingo de Resurrección a todos aquellos que se están viendo afectados por la pandemia del coronavirus e instó a la solidaridad en la Unión Europea, pues de su respuesta “dependerá no sólo su futuro, sino el del mundo entero”.

Desde el interior de una vacía basílica de San Pedro y no asomado al balcón de la logia central, como es habitual ya que la plaza está cerrada por las medidas de emergencia ante la pandemia, Francisco dedicó su mensaje de la Pascua a este “desafío histórico”, y subrayó que  “el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido” porque éste “no es el tiempo de la indiferencia”.

Después, impartió desde allí la tradicional bendición “Urbi et Orbi”, que concede la indulgencia plenaria a todos los que la siguieron por los medios de comunicación.

Se necesita una UE solidaria 

Dedicó un espacio en su discurso a Europa, al considerar que “es muy urgente, sobre todo en las circunstancias actuales, que las rivalidades no recobren fuerza, sino que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente”.

“Hoy, la Unión Europea se encuentra frente a un desafío histórico, del que dependerá no sólo su futuro, sino el del mundo entero. Que no pierda la ocasión para demostrar, una vez más, la solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras”.

“Es la única alternativa al egoísmo de los intereses particulares y a la tentación de volver al pasado, con el riesgo de poner a dura prueba la convivencia pacífica y el desarrollo de las próximas generaciones”, aseguró.

A todos los afectados por el coronavirus 

Francisco dedicó su mensaje “sobre todo a los que han resultado afectados directamente por el coronavirus: los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y que en algunos casos ni siquiera han podido darles el último adiós”.

Recordó especialmente a los ancianos y a las personas que están solas y también “a quienes trabajan en los centros de salud, o viven en los cuarteles y en las cárceles”.

Rezó por “los médicos y a los enfermeros, que en todas partes ofrecen un testimonio de cuidado y amor al prójimo hasta la extenuación de sus fuerzas y, no pocas veces, hasta el sacrificio de su propia salud”.

Y también por “quienes trabajan asiduamente para garantizar los servicios esenciales necesarios para la convivencia civil, a las fuerzas del orden y a los militares”.

Unidos frente a la pandemia 

En su mensaje, exhortó “a quienes tienen responsabilidades políticas a trabajar activamente en favor del bien común de los ciudadanos”.

También exhortó a que se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados y se reduzca, o incluso condone, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres.

Un llamamiento al alto el fuego global

Reiteró su llamamiento para que se produzca “un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo”, como ha pedido el secretario general de la ONU, Antonio Gueterres.

Citó expresamente a Siria, Yemen, Ucrania, Irak y el Líbano, así como al conflicto entre  y israelíes y palestinos, mientras que pidió que se “permita alcanzar soluciones prácticas e inmediatas en Venezuela, orientadas a facilitar la ayuda internacional a la población”.

Además, solicitó que no se dejen de lado tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas como en Asia y África.

Y también aludió a las “personas refugiadas y desplazadas a causa de guerras, sequías y carestías”, en especial “a los numerosos migrantes y refugiados -muchos de ellos son niños-, que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía”.

Edición: Catalina Guerrero