Es el momento de reforzar las competencias de la UE en materia sanitaria

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Un equipo sanitario de UVI 08 del Suma en la salida a un domicilio durante su turno de guardia de 24 horas en el Centro de Salud Las Águilas, Madrid, el 30 de abril de 2020. [EFE/Rodrigo Jiménez.]

Europa se está enfrentando a un reto sin precedentes provocado por la pandemia del coronavirus. Es una crisis sanitaria, económica, y, potencialmente, social. Supone un desafío existencial al proyecto europeo, pero: ¿estamos haciendo lo suficiente para proteger la salud de nuestros ciudadanos?, se preguntan Klaus Hänsch, Violeta Bulc y Vytenis Andriukaitis.

Klaus Hänsch fue el 18º presidente del Parlamento Europeo. Violeta Bulc es excomisaria europea de Transporte y fue viceprimera ministra de Eslovenia. Vytenis Andriukaitis ha sido comisario europeo de Salud, Seguridad Alimentaria, y ex ministro de Sanidad de Lituania.

Esta tribuna fue publicada inicialmente en el portal europeo EURACTIV.com, socio de EFE

La salud, según la define la Organización Mundial de la Salud (OMS), como ausencia de enfermedad o dolencia y el estado de completo bienestar físico mental y social, parece ser dos caras de la misma moneda. Pedimos a los líderes europeos que escuchen las lecciones aprendidas en estos duros tiempos y refuercen las competencias de la Unión Europea en el terreno de la política sanitaria pública.

Desde sus primeros pasos, el proyecto europeo tuvo como misión salvar vidas. Cuando el ministro francés de Asuntos Exteriores Robert Schuman, pronunció su famosa Declaración, el 9 de mayo de 1950, fue muy claro al señalar la importancia de erradicar la guerra en Europa. 70 años de desarrollo pacífico del continente son la muestra de que su proyecto para la paz, para salvar vidas, funciona.

En su búsqueda de la paz, Schuman señaló la importancia de unir la producción europea del carbón y del acero. El énfasis en la industria pesada y más tarde en la agricultura se convirtió en la columna vertebral de la integración europea. Objetivos de desarrollo como salvar vidas, impulsar la buena salud y la longevidad desaparecieron del foco de las prioridades de la política europea en ausencia de conflicto bélico.

Proteger y cuidar al sector sanitario de la UE

El artículo 4 del Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) habla de “asuntos de seguridad común en temas de salud pública”. “La Unión tendrá competencia para llevar a cabo una acción para el apoyo, coordinación y complemento de las acciones de los Estados Miembros” en el terreno de la “protección y mejora de la salud humana”, según el artículo 6, del TFUE. Desafortunadamente, esas declaraciones se han ido diluyendo a lo largo del tiempo, a menudo por motivos políticos.

El Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo que enmienda el Reglamento del Consejo (EC)Nº 2012/2002 aprobado en marzo de 2020 afirma: “El Fondo de Solidaridad de la Unión Europea está basado en el principio de subsidiariedad. Eso significa que la UE solamente debería intervenir en aquellos casos en que se considere que un Estado Miembro no puede gestionar una crisis en solitario y necesita ayuda”.

Esa muy limitada reflexión sobre cuestiones de salud en los Tratados Europeos contradice la principal tendencia de desarrollo socioeconómico en las sociedades modernas en la actualidad:

Desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, los ciudadanos europeos están mucho más interconectados, sobre todo gracias a la expansión del Mercado Único y del Espacio Schengen, con la libertad de movimientos para vivir, trabajar y viajar, y al crecimiento de los billetes aéreos de bajo coste;

“Que nadie se quede atrás”

Actualmente, por ejemplo, en la eurozona el sector sanitario en solitario emplea a más personas que la agricultura, la pesca, la minería y la industria siderúrgica juntas;

Las tecnologías de la salud son ya tan multidimensionales que los Estados Miembros más pequeños podrían no tener la capacidad de garantizar que “nadie quede atrás” en relación con enfermedades raras o complejas, y al tratamiento de raras formas de cáncer;

La emergencia de salud pública provocada por el coronavirus llega tras otras crisis como la del Ébola, el Zika, el aumento de la resistencia antimicrobiana y otros retos. En este tiempo de globalización y de cambio climático, este tipo de fenómenos se producen con frecuencia, y no pueden ser considerados algo que llega de manera “totalmente inesperada”.

Hay “graves debilidades” en el sector sanitario de la UE

Esta pandemia muestra que la Unión Europea no está bien preparada para el reto de proteger la salud de nuestros ciudadanos. Hay graves debilidades:

Pobre coordinación de actividades entre Estados Miembros;

Reservas limitadas de suministros esenciales;

Falta de una adecuada cooperación entre sistemas nacionales de salud para mitigar la presión de una mortalidad que crece exponencialmente;

Déficits de personal sanitario y de suministros sanitarios;

Falta de capacidad operativa y de solidaridad para ayudar a los Estados Miembros afectados por la pandemia de manera eficaz y a tiempo.

Las manos de las instituciones de la UE están “atadas”

Queda muy claro que durante la crisis del Covid-19, nuestros ciudadanos piden a la UE que haga más, pero las manos de las instituciones de la UE están atadas. La Unión solo puede actuar en base a las competencias que le confieren los Tratados. En consecuencia, la Comisión Europea no tiene asidero legal para reforzar sus propios recursos a la hora de gestionar crisis de salud pública.

A corto plazo, los líderes de la UE están tomando medidas para confrontar la crisis sanitaria en función del marco (de actuación) consagrado en el Tratado de Lisboa. No obstante, a largo plazo, se puede y se debe, hacer más a escala europea.

Hace apenas unas semanas, el compromiso de “Salud en todas las políticas” fue considerado por muchos como un simple compromiso “de boquilla” frente a grupos de pacientes activos y profesionales sanitarios.

Pero las cosas han cambiado: se han cerrado empresas y fronteras en toda Europa, y se han aplicado en la mayor parte de países restricciones a caminar libremente por los parques o a charlar con los vecinos.

Una “asimetría constitucional”

La salud es esencial cuando se habla de desarrollo justo y sostenible de nuestras sociedades. La salud es la mayor riqueza que tenemos, contribuye al bienestar de las personas y despeja el camino para sociedades prósperas.

Habría que reconsiderar el papel de la política sanitaria en los Tratados europeos, para abordar la “asimetría constitucional” que supone contar con normas potentes pero competencias de aplicación (de esas normas) débiles en la UE.

Los objetivos que no hay que olvidar son: una salud pública más proactiva, más solidaridad en Europa, y más cooperación para construir sistemas sanitarios y de atención más “resilientes”.

En palabras de Robert Schuman “la fusión de los mercados y la expansión de la producción” del carbón y del acero fue la máxima prioridad para Europa en 1950. Reforzar los sistemas sanitarios públicos es la máxima prioridad en 2020:
Las acciones de salud pública deberían llevarse a cabo no solo a escala nacional sino también de la UE;

¿Competencias propias de Bruselas en materia sanitaria?

La Comisión Europea no solo debería regular, coordinar, complementar y cooperar con los Estados Miembros. La Comisión tendría que contar con sus propios recursos y competencias en las áreas de salud pública y en el derecho, amparado en el tratado, de reaccionar con la mayor celeridad posible cuando se trate de gestionar determinadas emergencias de salud pública, en coordinación con los Estados Miembros;

La UE debería compartir responsabilidades de “cuidar y sanar” en el ámbito de tipos raros de cáncer y enfermedades raras, al tiempo que mantiene la subsidiariedad como principio central.
Los europeos nos enfrentamos a una crisis considerable de cobertura sanitaria pública y universal.

Tendríamos que aprovechar esta emergencia como “palanca” para impulsar iniciativas que han quedado olvidadas en un cajón durante demasiado tiempo. No deberíamos dejar pasar la oportunidad de reforzar nuestra solidaridad, unidad, e integración de la UE en el ámbito de la política sanitaria.

Es el momento de debatir cómo podemos modificar los Tratados Europeos para que recojan esas nuevas prioridades. El foro más adecuado para que se produzca ese debate es la Conferencia sobre el Futuro de Europa, que tendría que arrancar este año y (podría) extenderse durante dos años.

El debate enriquecerá el relato de la interconectividad entre salud y asuntos sociales y económicos, lo cual redundará en beneficios de todos los europeos a largo plazo.