¿Por qué la crisis del coronavirus será, probablemente, una mala noticia para la derecha radical en Europa?

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Inmigrantes subsaharianos rescatados en alta mar en aguas de Gran Canaria, el 17 de abril de 2020. [EFE/Ángel Medina G.]

A pesar de que la pandemia de coronavirus pueda tener ahora un efecto negativo en la opinión de la población europea respecto a la inmigración, la crisis sanitaria de la COVID-19 acabará pasándole factura a la derecha radical europea, aseguran James Dennison y Andrew Geddes.

El professor Andrew Geddes es Director del “Centro de Política Migratoria” del Instituto Universitario Europeo de Florencia, y el doctor James Dennison es “Visiting Scholar” en el “Centro para Estudios Europeos” de la Universidad de Harvard.

Esta tribuna ha sido publicada inicialmente en el portal EURACTIV.com, socio de EFE

La pandemia de coronavirus podría haber brindado a la derecha radical europea una versión perversa de todo cuanto han estado reclamando durante tanto tiempo: los gobiernos han cerrado las fronteras internacionales y suspendido la libertad de movimientos en la Unión Europea (UE).

La crisis sanitaria ha reducido la inmigración más incluso de lo que habrían podido soñar los más extravagantes xenófobos, los nacionalistas étnicos y los populistas que componen la derecha radical europea. Pero esas tendencias podrían, irónicamente, robar a los partidos de la extrema derecha europea su principal activo político: el discurso anti-inmigración.

Al menos desde el punto de vista teórico, una devastadora pandemia global podría activar algunas de las predisposiciones psicológicas que se han asociado con las actitudes hostiles a la inmigración, entre ellas sobrevalorar la seguridad o recurrir a cimientos morales basados en la autoridad y en la lealtad del grupo.

Pero la pandemia también ha puesto muy claramente de relieve el papel fundamental desempeñado por los inmigrantes en las sociedades y economías europeas. Los ciudadanos en los países donde se han establecido cuarentenas han visto a diario en sus telediarios a inmigrantes desempeñando denodadamente tareas esenciales en servicios sanitarios al límite de sus capacidades, además de (verles desarrollar) múltiples tareas, que van desde el trabajo agrícola hasta el reparto de comida.

Para desentrañar y buscar el sentido de esas fuerzas potencialmente contradictorias, en primer lugar tenemos que considerar cómo han ido cambiando las actitudes en Europa en relación con la inmigración y porqué, y cómo esas actitudes han influido en el respaldo a la derecha radical.

Opinión más favorable a la inmigración en los últimos años

Los sondeos paneuropeos más serios en la materia –entre ellos del “European Social Survey”- demuestran que la opinión respecto a todos los tipos de inmigración en la mayor parte de países europeos es, en realidad, más favorable, o al menos, menos negativa, en los últimos años. Esto podría parecer ilógico debido al crecimiento simultáneo de la derecha radical y porque las actitudes políticas básicas, entre ellas la clasificación ideológica entre “izquierda o derecha”, suele mantenerse estable, sobre todo a medida que nos hacemos mayores.

El cambio que suele haber es resultado de un cambio generacional: las generaciones más antiguas y las más jóvenes, que interactuaron socialmente en contextos diferentes.

Lo llamativo es que el cambio de opiniones favorables a la inmigración se ha producido de manera tan veloz que parece improbable que sea solo producto de un porcentaje más elevado de ciudadanos que interactuaron socialmente en contextos heterogéneos.

Puntos de vista más matizados sobre inmigración

Puede ser que la población, genuinamente, esté cambiando su opinión sobre la inmigración. Esto solo suele suceder cuando un problema es muy importante y, a veces, como resultado, hay nueva información disponible.

Mientras que hace solo 10 o 20 años, los ciudadanos habrían considerado la inmigración en términos binarios relativamente simples, ya sea a favor o en contra, la mayor atención prestada al tema en los últimos años significa que los ciudadanos tienen ahora puntos de vista más matizados.

Esto explica por qué las actitudes hacia la inmigración, de manera global, están siendo más favorables en toda Europa, pero también por qué, en algunas preguntas más matizadas sobre políticas específicas, entre ellas si los barcos de las ONG pueden atracar en Italia, pueden darse, de manera simultánea, respuestas muy desfavorables.

¿Cómo encaja todo esto con el auge de la derecha radical y los efectos de la pandemia? El asunto esencial es que el resurgir de la derecha radical no fue impulsado por una amplia reacción violenta contra la inmigración, sino por una mayor preocupación de un segmento importante pero cada vez más reducido de la población, en especial durante y después de la “crisis migratoria” de 2015.

La preocupación política por la inmigración ha bajado

Según el Eurobarómetro, el porcentaje de europeos que considera la inmigración uno de los problemas más importantes que afectan a su país y, por lo tanto, el porcentaje de personas que tiene ese asunto en mente a la hora de emitir su voto, pasó de apenas un 10% en 2013 al 36% a fines de 2015. Desde entonces, ha ido bajando parcialmente y, para finales de 2019, el 17% de los europeos consideraba la inmigración como uno de los asuntos más relevantes.

La pandemia y las respuestas (a la crisis sanitaria) ponen de relieve que la preocupación política por el problema de la inmigración ha vuelto a retroceder drásticamente. Las tasas de inmigración aumentarán a medida que los efectos de la pandemia se suavicen, pero actualmente están en niveles mínimos. Ha quedado demostrado que las cifras de migrantes (que llegan a Europa) determina la atención política que se presta al problema migratorio.

Más importante aún, la pandemia y las respuestas a la misma significan que los problemas económicos y de bienestar dominarán la agenda política en los próximos años. En los meses y años venideros, las actitudes hacia la inmigración pueden estabilizarse o incluso podrían regresar a una posición más negativa a medida que los votantes vuelvan al contexto relativamente pobre en información de las décadas pasadas.

Los partidos de la derecha radical se verán obligados a idear respuestas políticas alejadas de su ámbito nacional en materia de inmigración, pero es probable que eso les resulte difícil.

El auge de la derecha radical en la mayoría de los países europeos fue precedido en general tanto por un aumento en importancia de la inmigración como por una estrategia de desacreditación del partido de centro-derecha tradicional en los temas de inmigración, a menudo simplemente a través del mandato.

Pero, incluso si los partidos de gobierno están desacreditados por los temas sanitarios o económicos, hay pocas razones para pensar que los ciudadanos mirarán en primer lugar a la derecha radical para recoger las piezas.

A menos que los partidos de la derecha radical europea sean capaces de cambiar de rumbo rápidamente, su futuro dependerá mucho de cuánto tiempo dure la pandemia del coronavirus y de hasta dónde las respuestas a esta crisis dominen la agenda política.