¿Trabajará la UE en favor de la paz o se preparará “para la guerra”?No puede hacer ambas cosas

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armas

El presidente de Francia, Emmanuel Macron (3-izq), conversa con Eric Trappier (4-izq), consejero delegado de Dassault Aviation, durante su visita a la 53ª edición del Salón Aeronáutico de Le Bourget, cerca de París, en junio de 2019. [EFE-EPA]

La Unión Europea (UE) tiene ante sí una enorme responsabilidad para decir cómo será el futuro, y debe tomar una decisión clave: trabajar en favor de una paz sostenible afrontando con seriedad las raíces de los conflictos, o seguir transitando por la senda del militarismo y “prepararse para la guerra”, según asegura Laëtitia Sédou, jefa de proyectos europeos en el “think tank” de Bruselas Red Europea contra el Comercio de Armas (European Network Against Arms Trade -ENAAT).

Esta tribuna se ha publicado originalmente en el portal EURACTIV.com, socio de EFE

El Alto Representante de la UE, Josep Borrell, ha declarado que “el mundo que surgirá de esta crisis será muy distinto al que conocemos hoy” y “dependerá de lo que hagamos ahora”.
La actual pandemia era previsible: tanto documentos estratégicos nacionales (de Estados Unidos y de Reino Unido) y uno de 2016 del European Global Strategy alertaron durante años de la necesidad de prepararse ante graves pandemias.

Pero muchos países europeos tomaron medidas de austeridad, en parte debido a las reglas presupuestarias de la UE, que impactaron negativamente en los sistemas sanitarios nacionales.

En paralelo, el gasto militar global registró su mayor aumento en 2019, y la UE no es ninguna excepción: su gasto militar colectivo es el segundo más elevado del mundo desde hace dos décadas, y alcanzó los 268.000 millones de dólares en 2019, incluido Reino Unido: cuatro veces más que Rusia.

Esas decisiones tomadas en el pasado nos parecen especialmente graves hoy, cuando sabemos que el precio de un avión de combate F-35 (fabricado en EE.UU – cerca de 85 millones de dólares) podría servir para comprar 3.244 camas de hospital, y una hora de vuelo de ese avión de caza equivale al sueldo anual bruto de una enfermera, o que con el coste de un carro de combate Leopard 23 se podrían comprar 440 respiradores, o que el precio unitario de un misil Trident II serviría para adquirir 17 millones de mascarillas.

¿Cambiará la actual crisis sanitaria, económica y social la historia?, y ¿Hará que quienes toman las decisiones en Europa modifiquen su enfoque de seguridad militar tradicional por un enfoque humano de seguridad que abarque todos los aspectos de un modo de vida decente, entre ellos atención sanitaria, educación, seguridad alimentaria, o medio ambiente saludable….?

Es poco probable.

Los grupos de presión de la industria de armamentos y sus aliados en el seno de influyentes “think-tanks” están uniendo sus fuerzas y piden mantener o incrementar el gasto militar. Un argumento (a favor de ello) pasa por poner de relieve el papel desempeñado por los actores (del sector) militar en la lucha contra el COVID-19, aunque olvidando que eso fue necesario por las carencias existentes.

Otro argumento es que las pandemias no son la única amenaza futura, y tienen razón:

Según el Global Risks Report 2019 del Foro Económico Mundial, las tres principales amenazas en términos de probabilidad (de suceder) son todas de tipo climático (condiciones climáticas extremas, cambio climático, desastres naturales). Y el “Indice Normandy” para la UE identifica la inseguridad energética como el mayor peligro para la autonomía estratégica de la UE.

El armamento nos brinda poca protección contra esas amenazas. Seguir aumentando nuestro arsenal no contribuirá a la tan necesaria cooperación internacional, a la confianza o a la diplomacia, sino que alimentará el temor y la desconfianza, en otras palabras, abren la puerta a guerras potenciales, consecuencia de los retos sin resolver.

Pero, ¿qué es lo que la UE está a punto de hacer?

Mientras varias medidas del Pacto Verde se retrasarán, la pandemia de coronavirus en nada ha afectado a la aplicación de la fase piloto del Fondo Europeo de Defensa: nuevos proyectos de investigación militar fueron seleccionados sin retrasos, y nuevas convocatorias han puesto 160 millones de euros sobre la mesa para el desarrollo de nuevas tecnologías militares.

Para cuestiones de relaciones públicas, probablemente se dedique una pequeña cantidad a un proyecto relacionado con la pandemia, pero eso no modifica el principal objetivo del Fondo, que es apoyar la competitividad global de la industria de armamentos y el desarrollo de una nueva generación de armas.

Eso refuerza a las industrias militares y de seguridad, no la seguridad de los ciudadanos de la UE. Al reducir los costes de R&T que se pagan con recursos públicos, los fabricantes de armas mejorarán su posición en el mercado mundial del sector bélico, lo cual se traduce en más exportación de armas, lo cual a su vez alimenta tensiones y conflictos armados.

Pero eso no ayudará a la autonomía estratégica de la UE ni a su capacidad de responder a una (muy) hipotética agresión de Rusia: tal como muestran las cifras de gasto militar, el problema no es de dinero, sino de preponderancia de los intereses industriales y geoestratégicos nacionales.

Si la industria europea de armamento es tan importante, los gobiernos europeos deberían dejar de comprar sistemas de armas de Estados Unidos.

En los próximos días, la Comisión Europea presentará a los Estados miembros una nueva propuesta de presupuesto plurianual (2021-2027) que debería incluir un ambicioso plan de recuperación.

Ese nuevo presupuesto podría ser la oportunidad de cambiar el modelo, uno que ponga fin a la desviación de recursos de la UE (tanto financieros como humanos) al sector de la seguridad y los fabricantes de armas.

Pero las señales no son muy alentadoras.

La Comisión Europea se ha comprometido a seguir impulsando un “ambicioso” Fondo Europeo de Defensa para 2021-2027, con ayuda de su presidenta y exministra alemana de Defensa Ursula von der Leyen, y del comisario francés Thierry Breton, un ex CEO de empresas que serían potenciales candidatas a recibir recursos de ese Fondo.

Y un posible aumento sustancial del presupuesto global de la UE podría despejar el camino para volver a las cantidades iniciales propuestas por la Comisión (13.000 millones de euros para el Fondo Europeo de Defensa, 6.500 millones para la movilidad militar, y 10.500 millones para la denominada Facilidad Europea para la Paz), o incluso para incrementarlas.

Pero no queda tiempo para medias tintas, ni para fingir que podemos seguir ambos caminos. El Pacto Verde llegó (¿también?) demasiado tarde y no cumplió las expectativas, según las organizaciones defensoras del clima. Su aplicación tendría que acelerarse y extenderse gracias al próximo plan de recuperación.

Dedicar recursos a la lucha contra el cambio climático

Ese plan de recuperación debería apoyar la reubicación de la producción en Europa, en especial para sectores clave como equipos médicos, energía renovable y seguridad alimentaria. Eso no solo crearía puestos de trabajo (incluida la reconversión de trabajadores del sector armamentístico, cuya alta especialización será muy requerida), sino que también reforzaría la autonomía de la UE respecto a presiones externas.

Cada euro del presupuesto de la UE empleado en el (sector) militar es un euro perdido para enfrentar retos que están conectados entre sí, como el medioambiental, el climático y el sanitario, que representan hoy en día las amenazas más tangibles a la seguridad mundial, y son las causas profundas de muchos conflictos.

Los legisladores de la UE y nuestros gobiernos tendrán que tomar decisiones fundamentales en el futuro próximo. Será su responsabilidad decidir si la UE estará al servicio de sus ciudadanos o del sector militar-industrial, en otras palabras: tendrán que escoger entre sembrar para la paz o prepararse para la guerra.