Un llamamiento a la presidencia alemana: invierta con valentía e inteligencia en el futuro de Europa

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La canciller alemana, Angela Merkel y el presidente francés, Emmanuel Macron, hablan durante una reunión bilateral en el Castillo de Meseberg en Gransee, cerca de Berlín, Alemania, el 29 de junio de 2020. EFE/EPA/HAYOUNG JEON / POOL

La presidencia alemana del Consejo de la UE comienza oficialmente el 1 de julio de 2020.1 Hay muchas expectativas y esperanzas de que esta presidencia muestre liderazgo, y que la presidencia dé contenido a la declaración “Juntos por la recuperación de Europa”. Alemania tiene ante sí la nada envidiable tarea no sólo de guiar a la Unión en el camino de la salida de las crisis generadas por la pandemia de la COVID-19, sino también de alentar el diseño de una estrategia creíble para una reforma a largo plazo. De hecho, la emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto las numerosas grietas que tiene el proyecto europeo y que afectan a su capacidad de responder a las necesidades de los ciudadanos, lo que plantea dudas sobre la supervivencia de la UE. En este sentido, la pandemia ha servido de voz de alarma, recordando a los europeos que no hay más opciones que cambiar o desintegrase.

La larga lista de la agenda estratégica requiere un cuidadoso manejo de las expectativas de lo que la presidencia alemana será capaz de lograr. Llevar a cabo reformas valientes no es fácil y exige la suma de varios elementos: voluntad política por parte de los líderes, acción valerosa de las instituciones y apoyo de los ciudadanos. El gobierno alemán ya ha dado una muestra de su impulso político con la iniciativa franco-alemana para la recuperación europea, que allanó el camino para una propuesta sin precedentes de la Comisión Europea. No obstante, el motor franco-alemán es una condición necesaria pero no suficiente para un resultado exitoso. Una tarea fundamental para la presidencia alemana es tender puentes entre los Estados miembros.

Por ello, la presidencia alemana debería empezar por convencer a los Estados miembros, en particular a los “cuatro frugales”, de que apoyen el plan de recuperación de la Comisión Europea denominado Próxima Generación UE, así como un ambicioso marco financiero plurianual (MFP) para 2021-2027, incluyendo también el instrumento presupuestario de convergencia y competitividad (BICC), una herramienta permanente que sigue siendo un importante mecanismo para la durabilidad del euro. También son importantes las posibles reformas a largo plazo sobre la gobernanza económica de la UE, empezando por la conversación tanto tiempo evitada sobre el mandato y la rendición de cuentas del Banco Central Europeo. Nos jugamos no sólo los distintivos simbólicos de la integración de la UE, en concreto la moneda común y la Eurozona, sino, sobre todo, el bienestar de los ciudadanos europeos. La cohesión social debería estar en el centro de este plan.

La recuperación de la COVID-19 brinda un espacio de oportunidad para reforzar la sostenibilidad del modelo de desarrollo de la UE. Ello significa que la acción contra el cambio climático tiene que ser un objetivo central de los planes de recuperación y que la UE no debe desviarse de las aspiraciones del Pacto Verde y debe ser consciente y transparente sobre las desventajas potenciales inherentes en términos de aceptación económica. La presidencia alemana necesita activar todo el potencial de la diplomacia climática de la UE para restablecer los planes globales enfocados a incrementar los compromisos de contribución nacionales bajo el Acuerdo de París.

Una rápida transición digital también tendría que ocupar una buena parte de la agenda de la presidencia –así como en el plan de recuperación– como inversión fundamental para el futuro. Esta transición está directamente relacionada con el concepto más amplio de autonomía estratégica. La soberanía digital y tecnológica deberían ser asuntos claves de la agenda.

Si la UE desea reforzar su capacidad de resistencia y de adaptación en tiempos de crisis tendrá que reforzar su resiliencia. Esto consistiría principalmente en mantener los valores esenciales europeos: la democracia, el Estado de derecho, los derechos humanos, la libertad y la igualdad. Por encima de todo, es esencial la búsqueda de consensos básicos sobre el Estado de derecho que sean compartidos por todos los Estados miembros como condición previa para el futuro de Europa. Mucho antes de la pandemia de la COVID-19, la UE inició la tramitación del Artículo 7 contra Polonia y Hungría. La pandemia ha intensificado los desafíos a los valores comunes de la UE. La presidencia alemana necesita romper el silencio sobre este asunto. Por otro lado, la condicionalidad en materia del Estado de derecho debe convertirse en una característica básica no sólo del MFP sino también del plan de recuperación. Si los valores comunes están en peligro, el futuro de la UE lo estará también.

Ha habido informaciones de violaciones de derechos humanos en las fronteras exteriores de la UE antes y después de la pandemia. Junto con la apertura de las fronteras interiores y exteriores de la zona Schengen, el Sistema Europeo Común de Asilo (SECA) necesita urgentemente una reforma en aras de la solidaridad compartida.

La presidencia alemana también necesita fortalecer el papel de la UE en el mundo post-pandemia. Tanto las elecciones de EE.UU. en noviembre como la evolución de las rivalidades chino-estadounidenses deberían ser objeto de atención. A la vez que mira más lejos, la UE debe diseñar una estrategia más eficaz para su propio entorno: desde los Balcanes occidentales a Turquía, desde la zona mediterránea a África hay varios asuntos en la agenda. El Brexit es otra cuestión inaplazable de esta lista. La presidencia alemana tendrá que abordar este problema, ya que el gobierno del Reino Unido no está dispuesto a prolongar el período de transición.

La respuesta fragmentada y tardía europea tras el estallido de la pandemia, sumada a las profundas consecuencias económicas y sociales, podría minar la confianza de los ciudadanos respecto a las instituciones europeas, reavivando el euroescepticismo. Recuperar los corazones y las mentes de los ciudadanos europeos, requerirá una iniciativa simbólica potente para hacer que la UE sea más visible en sus vidas cotidianas. Una Conferencia sobre el Futuro de Europa revisada, con unos plazos más cortos, objetivos claros, y un sistema de movilización creíble podría preparar el terreno para una vacuna metafórica para la UE.

Las decisiones que se tomen en la segunda mitad de 2020 están destinadas a tener un impacto duradero en Europa y sus ciudadanos: la presidencia alemana tiene que elegir con cuidado sus prioridades para poder invertir con valentía e inteligencia en el futuro de la UE.

Para saber más:

Autores: Nicoletta Pirozzi, Istituto Affari Internazionali; Funda Tekin, Institut für Europäische Politik; e Ilke Toygür, Real Instituto Elcano

1 Una versión anterior de este texto fue publicado como parte de la publicación de la Trans European Policy Studies Association (TEPSA) “Recommendations from the members of the TEPSA network to the incoming German Presidency”, disponible en http://www.tepsa.eu/wp-content/uploads/2020/06/TEPSA-Recommendations-EU2020DE.pdf. Los autores desean agradecer sus aportaciones a Michele Chang, del College of Europe, Gaby Umbach, del European University Institute, y Saila Heinikoski y Niklas Helwig, del Finnish Institute for International Affairs.