El Guadiana, “oasis de biodiversidad”, imán para atraer turismo

Un turista utiliza unos prismáticos para observar desde Alcoutim (Portugal) el pueblo de Sanlúcar de Guadiana (España), al otro lado del río, área en la que incurre el proyecto Valagua, coordinado por la Asociación de Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM). Socia del proyecto Valagua, la Diputación de Huelva ha desarrollado diferentes intervenciones en todo el área del Bajo Guadiana, incluido el punto más alto de Sanlúcar de Guadiana. Preservando dos antiguos molinos, en este espacio surgió un mirador con vistas a Alcoutim, lo que permite contemplar el río, así como observar las estrellas, a través de un planisferio celeste, en uno de los puntos con certificación Starlight. EFE/ Nuno Veiga

Mertola (Portugal) (EuroEFE/Lusa).- Serpenteando desde España hasta Portugal, el Guadiana refleja siglos de historia de los territorios transfronterizos, vividos al ritmo de la corriente de agua dulce. Hoy, se intenta preservar y dar valor al río, un “oasis de biodiversidad”, impulsando el turismo.

Inclinado sobre la orilla derecha del Guadiana, el pueblo portugués de Mértola, junto a la frontera y en el distrito de Beja, surge como “epicentro” del proyecto Valagua: Mejora Ambiental y Gestión Integrada del Agua y los Hábitats en el Bajo Guadiana Transfronterizo, en curso desde mediados de 2017 y cofinanciado con fondos europeos por el programa de cooperación transfronteriza Interreg VA España-Portugal (POCTEP).

Con una inversión total de alrededor de un millón de euros, la iniciativa involucra a cinco municipios en Portugal y diez en España. La coordinación está a cargo de la Asociación de Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM).

Varias ovejas pastan en el campo junto al río Guadiana en el pueblo de Mértola, junto a la frontera y en el distrito de Beja (Portugal), en el que la Asociación de Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM) coordina el proyecto Valagua: Mejora Ambiental y Gestión Integrada del Agua y los Hábitats en el Bajo Guadiana Transfronterizo, que se encuentra en curso desde mediados de 2017 y cofinanciado con fondos europeos por el programa de cooperación transfronteriza Interreg VA España-Portugal (POCTEP). EFE/Nuno Veiga

Los múltiples usos del agua 

“Esta masa de agua es extremadamente importante para el desarrollo de este territorio, en sus diferentes usos”, dice el presidente de ADPM, Jorge Revez, que destacó la necesidad de una constante articulación de quienes intervienen en la cuenca hidrográfica en Portugal y España, incluidos los decisores políticos.

Mientras un rebaño de ovejas recorre la margen izquierda del río, un pescador prepara el cebo en una pequeña embarcación y un joven monta en canoa. Es con este escenario, en la parte alta del pueblo, que Jorge Revez explica los  problemas inherentes a este inmenso curso de agua: la contaminación causada por nitratos de origen agrícola y la disminución del caudal debido al uso intensivo en algunos cultivos, poco ajustados a las condiciones ambientales.

Así, tras alertar sobre los problemas medioambientales “complejos” en la conservación de la biodiversidad, el presidente de ADPM indica que la respuesta es poner en consenso los datos técnicos de las universidades con las decisiones de carácter más político. “Este proyecto tiene el efecto de juntar en la misma mesa, de forma constante, a los diferentes actores que intervienen en el río”, refiere.

Con intervención en ocho espacios naturales clasificados a nivel europeo, dentro de la Red Natura 2000, de los cuales cinco en España y tres en Portugal, incluido el Parque Natural Valle del Guadiana, Valagua pretende que la masa de agua entre Mértola y Vila Real de Santo António, que es navegable, pueda servir como “trampolín para un proceso de desarrollo del interior”, en el Bajo Alentejo y en el Algarve, en el caso de Portugal.

A unos 25 kilómetros del centro histórico de Mértola, pero aún en el mismo municipio, en la parroquia de Corte do Pinto, el barranco de los Alcaides fue uno de los puntos de intervención del proyecto, en colaboración con el Instituto para la Conservación de la Naturaleza y los Bosques, para salvaguardar el saramugo, uno de los peces de agua dulce más amenazados de Europa.

La bióloga del Instituto para la Conservación de la Naturaleza y los Bosques, Ana Cristina Cardoso, observa una de las especies de flora existente en la zona del barranco de los Alcaides, en Mértola (Portugal), en el que incurre el proyecto Valagua, coordinado por la Asociación de Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM), en este caso para la conservación del Saramugo, uno de los peces de agua más amenazados de Europa. EFE/Nuno Veiga

 

Salvar el saramugo 

“El saramugo es como una especie de emblema para la conservación de los ecosistemas ribereños”, dice Ana Cristina Cardoso, bióloga del instituto. Una de las amenazas tiene que ver con el acceso del ganado al agua, ya que está limitado a un área y ejerce “una mayor presión sobre el recurso hídrico que cruza el área delimitada”, en lugar de lo que sucedía en el pasado, cuando se explotaba de forma más extensa.

Antes del proyecto Valagua, alrededor de 400 cabezas de ganado pasaban y pastaban todos los días durante la temporada de verano en este barranco. Hoy, en el contexto de crear conciencia entre los explotadores agrícolas, hubo un pastor que se puso a disposición para cambiar su comportamiento en beneficio de la conservación de la naturaleza. Fue una plusvalía, pero el desafío ahora es superar la resistencia al cambio de otras personas.

“No estamos hablando de que el ganado vaya a beber y luego vuelva. Estamos hablando de la presencia de ganado continuo, que es un problema general en la cuenca del Guadiana”, afirma la bióloga.

Con la recalificación fluvial del barranco de los Alcaides se intentó “demostrar que es posible compatibilizar las dos cosas, es posible que las personas desarrollen su explotación ganadera, pero teniendo en cuenta la preservación de la línea de flotación y el ecosistema ribereño, todo eso está detrás”.

Para acelerar la recuperación del ecosistema, el Instituto para la Conservación de la Naturaleza colocó una cerca en ambas orillas del barranco e hizo plantaciones con especies de vegetación ribereña, con estacas de sauce y fresno. Los resultados ya son visibles, “podemos ver que, en términos de arbustos, hay una cobertura de juncos que ahora cubren el suelo y la margen, algo que no sucedía antes”.

La idea es dar sombra, para que se reduzca la evaporación, se mantenga la masa de agua y se estabilice la temperatura del agua, lo que es importante para la calidad y para los seres vivos presentes en estos hábitats, “en ese Arca de Noé, en ese oasis de biodiversidad”, destaca la bióloga. La recuperación de la vegetación creará mayores nichos ecológicos y una mayor posibilidad para el desarrollo de más macroinvertebrados, que es la alimentación de los peces.

El barranco de los Alcaides, donde se instaló un parque de picnic y un panel de información para concienciar a la población sobre esta intervención de dos kilómetros, beneficia “a toda la biodiversidad que hay en esta poza de agua”, desde almejas de agua dulce a libélulas.

“Ya sea a nivel de macroinvertebrados o a nivel de libélulas, existen especies identificadas como bioindicadores de la buena calidad de las riberas y el hecho de que aparezcan indica que estamos trabajando en una buena dirección”, subraya Ana Cristina Cardoso.

Dejando atrás el Alentejo, rumbo al sur de Portugal, en un trayecto de cerca de 40 kilómetros, en el que la montaña toma el lugar de la llanura, Alcoutim (distrito de Faro) destaca por tener al Guadiana, apodado como el “grande río del sur”, como frontera con España.

Dos mujeres utilizan el planisferio celeste instalado en el mirador de Sanlúcar de Guadiana (Huelva) por el proyecto Valagua. Dicho proyecto coordinado por la Asociación de Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM), consiste en la Mejora Ambiental y Gestión Integrada del Agua y los Hábitats en el Bajo Guadiana Transfronterizo, en curso desde mediados de 2017 y cofinanciado con fondos europeos por el programa de cooperación transfronteriza Interreg VA España-Portugal (POCTEP). EFE/ Nuno Veiga

 

Turismo concienciado y responsable 

Esta barrera administrativa se supera fácilmente en menos de cinco minutos en barco, en una especie de taxi que flota en agua dulce. Desde Alcoutim se puede llegar a Sanlúcar de Guadiana, pueblo fronterizo español en la provincia de Huelva, Andalucía. En otros tiempos, esta travesía se utilizaba para el contrabando de productos entre los dos países.

Socia del proyecto Valagua, la Diputación de Huelva ha desarrollado diferentes intervenciones en todo el área del Bajo Guadiana, incluido el punto más alto de Sanlúcar de Guadiana. Preservando dos antiguos molinos, en este espacio surgió un mirador con vistas a Alcoutim, lo que permite contemplar el río, así como observar las estrellas, a través de un planisferio celeste, en uno de los puntos con certificación Starlight.

También hay un mirador en San Silvestre de Guzmán. Otras intervenciones en la provincia fueron dos centros de visitantes, uno en Puebla de Guzmán, con una exposición sobre el agua, y el otro en Puerto de La Laja.

Para una gestión integrada del río, las universidades de Huelva y el Algarve realizaron estudios sobre la calidad y el estado de las aguas de todo el Bajo Guadiana, así como “un inventario de todos los recursos turísticos” y de los hábitats naturales más relevantes.

“Tuvimos muy presente lo que es el agua, porque ha sido el motor y el eje del proyecto, pero también el turismo. Esto explica la creación de estos espacios y la dotación de estos equipos”, dice Rocío García Mora, técnica de Valagua en la provincia de Huelva.

Entre las casas blancas, el pequeño pueblo de Sanlúcar de Guadiana, con alrededor de 400 habitantes, la mitad extranjeros, quiere dejar de ser “un área que a menudo es desconocida” y convertirse en un refugio capaz de atraer visitantes sin descuidar el medio ambiente.

En el camino de regreso, se parte hacia Castro Marim, también en el distrito de Faro, en un recorrido de 40 kilómetros por carretera, para visitar la Reserva Natural del Sapal de Castro Marim y Vila Real de Santo António, otro sitio que se va a intervenir.

En nombre de Odiana: Asociación para el Desarrollo del Bajo Guadiana, Filomena Sintra elogia la reserva como el “activo biológico más grande” del Algarve, donde se rehabilitaron los recursos, con nuevos paneles de información y nueva señalización.

Un pescador navega en el río Guadiana, junto al pueblo de Mértola (Portugal), fronterizo con España, en el que la Asociación de Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM) coordina el proyecto Valagua, que consiste ne la Mejora Ambiental y Gestión Integrada del Agua y los Hábitats en el Bajo Guadiana Transfronterizo, que se encuentra en curso desde mediados de 2017 y cofinanciado con fondos europeos por el programa de cooperación transfronteriza Interreg VA España-Portugal (POCTEP). EFE/Nuno Veiga

 

Un río que une

Con vistas a las salinas de Castro Marim, Sapal de Venta Moinhos es una de las rutas principales, que depende del “gran oro que es el agua”. Entre las rutas disponibles, está previsto instalar observatorios de aves; al fin y al cabo, “esta es una de las reservas del país que tiene más aves, en número y en especie”, con un número creciente de visitas.

“Portugal ha visto el río, durante siglos, como una frontera, pero este río es lo que nos distingue, es lo que nos une al otro lado de España. La naturaleza no tiene estas barreras administrativas y deberíamos haber aprendido, hace mucho tiempo, a valorar y enfocar nuestro desarrollo hacia el río”, defiende Filomena Sintra.

Rechazando el turismo de masas, esta reserva natural quiere proporcionar una experiencia diferente, con el visitante como el “guardián” del territorio.

“Queremos personas que aprecien, valoren y nos ayuden a contribuir al mantenimiento de este activo, que ha estado aquí durante milenios y queremos dejarlo otros milenios”, enfatiza el representante.

Acompañando el viaje a los diversos puntos de intervención, Rogério Cangarato, de ADPM, insiste en valorar el binomio agua-biodiversidad, valores naturales que pueden “contribuir al desarrollo regional y local, a varios niveles”.

“Actualmente, hay evidencias de que el recurso es escaso, por lo tanto, como cualquier recurso escaso debe ser manejado de manera sostenible, para que los diversos usos sean viables: para las poblaciones urbanas y para los diversos sectores de la economía, como la agricultura o el turismo, que es fundamental para el desarrollo de esta región”, declara.

Con un total de más de 860 kilómetros, desde las lagunas de Ruidera, en España, el Guadiana comienza a avistar su desembocadura desde Castro Marim, entre Vila Real de Santo António y Ayamonte, con el Atlántico ya con los brazos abiertos esperando al viejo “Ouadiana”.

 

 

Texto:  Sónia Miguel

Vídeo y foto: Nuno Veiga

Edición y coordinación: Catalina Guerrero

(Este reportaje forma parte de la serie “Historias Ibéricas de cohesión europea”#HistoriasIbéricas, un proyecto pionero de colaboración entre Efe y la agencia portuguesa Lusa patrocinado por la Dirección de Política Regional de la Comisión Europea)

Para saber más: 

 Política Regional de la Comisión Europea en España 

► Programa Interrreg V-A España-Portugal (POCTEP) 2014-2020