Panorama incierto en Bolivia y más despejado en España

La senadora opositora Jeanine Áñe asume la Presidencia interina de Bolivia el 12 de noviembre de 2019 tras la renuncia de Evo Morales. EFE/STRINGER

La senadora opositora Jeanine Áñez es desde este martes presidenta interina de Bolivia, dos días después de la renuncia de Evo Morales, quien denuncia desde el exilio una “autoproclamación” golpista. Los militares siguen en las calles tras ocho muertos y cerca de quinientos heridos desde las fallidas elecciones del 20 de octubre, con el país sumido en una de las peores crisis de su historia reciente. El Parlamento Europeo debatirá este miércoles sobre lo que está sucediendo en Bolivia.

 

 

Panorama incierto en el país andino y algo más despejado en España de la mano del acuerdo para formar un gobierno de coalición alcanzado por los dos mayores partidos de la izquierda, el socialista PSOE y Unidas Podemos (UP), solo dos días después de las elecciones del domingo. El presidente del Gobierno en funciones, el socialista Pedro Sánchez, y el líder de UP, Pablo Iglesias, escenificaron en el Congreso de los Diputados la reconciliación entre ambos partidos, y también personal, tras meses de disputas que impidieron formar gabinete después de las elecciones del 28 de abril pasado. El futuro gobierno, si es avalado por el Parlamento, sería el primero de coalición desde la restauración de la democracia española en 1977 y también el primero con la presencia de dirigentes más a la izquierda del PSOE.

Han sido necesarios meses de dudas y desencuentros, además de unas nuevas elecciones, pero España parece lista para incorporarse al nutrido grupo de gobiernos de coalición en Europa, donde este tipo de pactos son más una costumbre que una excepción. Países como Alemania o Italia han recurrido a variopintas alianzas para desbloquear situaciones políticas en ocasiones más complejas que la española. Otros Estados más pequeños como Bélgica, Holanda, Finlandia, la República Checa o Eslovenia también han debido explotar a fondo la paleta cromática para formar gobiernos de todos los colores.

Lo que no se desbloquea de momento en España son las protestas contra el encarcelamiento de nueve líderes soberanistas catalanes que fueron condenados judicialmente el 14 de octubre por su responsabilidad en el proceso independentista ilegal catalán de 2017. Grupos independentistas cortaron este martes tres de las principales avenidas de acceso y salida de Barcelona, así como la autopista AP-7 en la provincia de Gerona, después de mantener interrumpido el tráfico en esa misma vía durante más de treinta horas en la frontera entre España y Francia.

Mientras, Moldavia ha entrado en una nueva fase de inestabilidad política con la caída tras solo cinco meses en el poder del Gobierno de la primera ministra europeísta Maia Sandu, crisis que es seguida muy de cerca por la Unión Europea (UE) y el Kremlin, que se disputan la influencia sobre el país más pobre de Europa. Fiel a su amenaza, el Partido Socialista de Moldavia (PSM) presentó el viernes una moción de censura contra el Gobierno, que se votó este martes y recibió el apoyo del Partido Democrático de Moldavia (PDM) del oligarca Vladímir Plahotniuk, en búsqueda y captura internacional por corrupción. La UE, el principal apoyo internacional de Sandu, no tardó en reaccionar a la moción que, bajo su punto de vista, “envía preocupantes señales para el proceso de reforma en el país”.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, acude este miércoles a Washington para entrevistarse con el mandatario estadounidense, Donald Trump. La visita de Erdogan a la Casa Blanca se produce poco más de un mes después del anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses en el noreste de Siria, lo que propició la invasión de esa región por parte de las Fuerzas Armadas turcas.