Los muros en Europa 30 años después de la caída del Muro

El muro de Calais. [EPA/ETIENNE LAURENT]

Madrid (EuroEFE).- En la mañana del 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, símbolo de la guerra fría y de la división de Alemania y de Europa. Treinta años después, cerca de mil kilómetros de vallas y muros están diseminados por todo el continente.

Estos mil kilómetros de muros, vallas y alambradas construidos en Europa desde la década de 1990 y el final de la guerra fría hasta hoy equivalen a más de seis muros de Berlín. La mayoría tienen el mismo objetivo: impedir la entrada de personas desplazadas por la fuerza por culpa de la guerra o de la penuria.

No solo en Europa. Al final de la Segunda Guerra Mundial había en el mundo 7 muros, quince en 1989 y 77 en la actualidad, con más de 18.000 kilómetros, según la Conferencia de Estoril, un foro de debate anual en el que participan jefes de gobierno, empresarios y estudiantes.

En la década de los 90 se construyeron en Europa dos muros. Hasta el año 2017 ya se han construido quince: durante 2015 se experimentó el mayor incremento, de 5 a 12, según cifras publicadas por el Centro Delàs de Estudios para la Paz.

Según este informe, diez de los 28 Estados miembros de la UE (España, Grecia, Hungría, Bulgaria, Austria, Eslovenia, Francia, Letonia, Estonia y Lituania -más Noruega que no pertenece a la UE pero sí al espacio Schengen) han construido muros para prevenir la inmigración.

¿Qué ha pasado desde 1989 hasta hoy?

“Hay dos tipos de muro: los que impides que salgan y los que no te dejan entrar”, dijo el expresidente del Gobierno español Felipe González en un reciente debate sobre la caída del Muro de Berlín organizado por el Club de Madrid.

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Según el índice de libertades mundial de 2019 elaborado por “Freedom House”, una organización mundial que tiene como objetivo la protección de los derechos y de la democracia, el mundo ha registrado una disminución global en los derechos políticos y civiles entre 2005 y 2018.

Wolfgang Dold, el embajador de Alemania en Madrid, dijo en un reciente debate sobre la caída del Muro de Berlín, que desde el año 2000 hasta hoy se ha producido en el mundo un estancamiento y retroceso de las libertades y lo achaca a dos hechos.

“En primer lugar, por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas, que se percibieron como un ataque al modo de vida occidental; en segundo lugar por la crisis económica de 2008, que ha erosionado la confianza de la gente en sus gobernantes”.

El centro Dèlas de Estudios para la Paz dice que los ataques del 11 de septiembre “cambiaron los paradigmas de la seguridad occidental” porque dio pie a un terrorismo de un nivel desconocido hasta entonces para occidente “globalizado y transnacional”.

Eso vino acompañado de una retórica política de miedo e inseguridad: “cualquier ataque era posible, en cualquier lugar y en cualquier momento, contra cualquier sujeto de la nación”.

Europa se amuralla frente a la inmigración

Hace 30 años cayó el muro que dividía a Europa en dos. Pero desde 2010 hasta hoy muchos países de Europa se han amurallado frente a la inmigración, tanto frente a la económica como frente a la política, provocada esta sobre todo por las guerras en Afganistán y Siria.

Un operario húngaro en la construcción del muro en 2015. EPA/SANDOR UJVARI HUNGARY OUT

Toda la ruta de los Balcanes, desde Grecia y Turquía, se ha jalonado de muros para frenar los flujos de inmigrantes. Entre Grecia y Turquía (12 kilómetros), en Bulgaria en su frontera con Turquía (201 km), entre Hungría y Croacia (300 km), en la frontera entre Hungría y Serbia (151 km), de Macedonia con Grecia (33 km), de Austria con Eslovenia (3,7 km) y en la frontera de Eslovenia con Croacia (200 km).

Todos ellos tienen un denominador común: la razón que justificó su construcción fue la inmigración.

Hungría incluso llegó a decir que estaba obligado a defender la frontera exterior de la UE. Vallas de alambre y cemento, sistemas electrónicos, cámaras de visión nocturna, cámaras de infrarrojos y sensibles al calor, sensores ópticos, acústicos, torres de vigilancia y hasta drones.

Pero no solo hay muros antiinmigración en la ruta de los Balcanes. En España, en las fronteras con Marruecos en Ceuta y Melilla; y en Francia, en el puerto de Calais.

En Ceuta, un muro de 8,3 kilómetros de largo y 6 metros de alto que empezó a construirse en 1993 y se terminó en 2005. En Melilla, de 10 kilómetros de largo y 6 de alto que empezó a construirse en 1996 y se finalizó en 2007.

En Calais está el único muro construido en el interior de un Estado miembro de la UE. Se trata de un muro de hormigón y alambre con el que se pretende impedir la entrada de inmigrantes al puerto y a acceder a cualquier medio de transporte que les permita cruzar el canal de la Mancha. A ambos lados de la carretera que lleva al puerto, es un muro de un kilkómetro de longitud y 4 metros de alto de hormigón y alambre.

Pero hay otro muro…y más reciente. En 2016 Noruega, que aunque no pertenece a la UE si pertenece al Espacio Schengen, construyó un muro en su frontera con Rusia (200 metros de largo y 4 de alto) para frenar la entrada de inmigrantes.

Muchos inmigrantes procedentes sobre todo de Siria y Afganistán que habían visto cerrada la ruta de los Balcanes por culpa de los muros y las políticas restrictivas optaron por desviarse y abrir la llamada “ruta del Ártico”. Esa fue la razón por la que Noruega construyó su muro.

La valla de Ceuta en una foto de archivo, de 2016. EFE/Reduan

Los muros de seguridad

Las repúblicas bálticas no se fían de su vecino ruso. Entre 2015 y 2018 se construyen varios muros justificados no solo por la inmigración, sino también por la seguridad y la tensión territorial. Entre Letonia y Rusia, de 23 kilómetros; entre Estonia y Rusia en el que están previstos más de 100 kilómetros; y entre Lituania y el enclave ruso de Kaliningrado, de casi 45 kilómetros.

Y el muro más peligroso: el mar Mediterráneo

El mar Mediterráneo se ha convertido en un muro demasiado peligroso. Organizaciones humanitarias –que insisten en solicitar un protocolo de puerto seguro y en continuar con sus labores de rescate- han denunciado que las sucesivas operaciones navales que lo han patrullado no han hecho más que convertir a ese mar en un muro más.

Al menos 1.087 personas han muerto en las tres rutas marítimas del Mar Mediterráneo a lo largo de dos diez meses de 2019, según las últimas cifras de la Organización Internacional para las Migraciones. Aún así, un 53 por ciento de las 2.044 muertes confirmadas durante el mismo periodo en 2018.

Pero además de la muerte, la realidad para el inmigrante de que puede ser devuelto al país desde el que embarcó. La OIM en Libia ha reportado que al 15 de octubre, más de 7.300 migrantes fueron interceptados en el mar y retornados a Libia en 2019.