Tour por el corazón desierto de Hebrón

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Hebrón (EuroEFE).- “Hemos echado el cierre a la vida aquí”, en Hebrón. El que habla es Yehuda Shaul, un exsoldado israelí convertido en activista contra la ocupación de los territorios palestinos, que hace de guía para un grupo de diputados europeos por el corazón desierto de la ciudad palestina más grande de Cisjordania.

“Ahora estamos en la calle Shuhada, que solía ser una de las principales de la ciudad, la estación central de autobuses está a cien metros (…) Hoy, los palestinos no tienen permitido abrir tiendas, no pueden conducir sus vehículos por aquí”, describe el director de la ONG Rompiendo el Silencio.

Otrora bulliciosas y llenas de comercios, las callejuelas del abandonado casco antiguo de Hebrón no permiten imaginar cómo era hace 20 o 30 años. Shaul les enseña fotografías llenas de vida mientras va mostrando dónde estaba el mercado de la carne, el de las especias o el de la fruta.

Hoy imperan las alambradas y los cristales rotos, los murales en recuerdo de colonos asesinados en ataques palestinos, los comercios cerrados y los puestos de control militar israelíes en el centro de una ciudad donde habitan 200.000 palestinos y 800 judíos en cuatro asentamientos.

Fractura entre la clase politica y la sociedad civil

La delegación visitante es del Grupo Socialistas y Demócratas (S&D) del Europarlamento y la encabeza la española Elena Valenciano. Junto a ella, han viajado Eugen Freund (Austria), Norbert Neuser (Alemania), Linda McAvan (Reino Unido), Soraya Post (Suecia) y Maria Arena (Bélgica).

Su misión, de cinco días, incluye entrevistas con autoridades israelíes y palestinas y encuentros con activistas por la paz de ambos pueblos.

“Realmente lo que nos estamos encontrando, aparte de las reuniones políticas, son situaciones humanas muy intolerables y sobre eso queremos intervenir. No solo en las conversaciones políticas, sino también tratar de llevar al espíritu de los europeos cómo vive la gente, cómo viven los palestinos en un sitio como Hebrón”, explica a Efe Valenciano.

Un grupo de eurodiputados socialistas atienden las explicaciones del exsoldado israelí Yehuda Shaul sobre los efectos de la ocupación en el centro de la ciudad palestina de Hebrón, el 26 de marzo de 2018. (FOTO: Patricia Martínez/EFE)

“Hemos encontrado una gran fractura entre lo que la clase política piensa frente a lo que piensa la sociedad civil organizada. Desde mi punto de vista, la sociedad civil está mucho más comprometida con la solución (del conflicto) que la propia clase política”, agrega.

Su colega austríaco Eugen Freund dice que la Unión Europea debería, al menos, presionar a Israel para que atenúe el control: “Por ejemplo, que las ambulancias no pueden llegar hasta aquí porque tienen que cruzar un puesto de control militar, no creo que nadie en Bruselas sepa eso. Les tenemos que decir a los israelíes que se trata de una situación de vida o muerte que tienen que cambiar”.

Medio siglo de ocupación

Hebrón es la única urbe en Cisjordania que aloja asentamientos judíos en su centro, obligando a una forzada convivencia que se tensa en cada encuentro. 

“¿Os ha contado cómo junto a esa puerta mi hijo recibió el impacto de un proyectil en la cabeza?”, le espeta una colona judía al grupo de eurodiputados cuando estos escuchan las explicaciones del palestino Isa Amro, activista del movimiento Juventud contra los Asentamientos, sobre la vida diaria en Hebrón.

Casi al mismo tiempo, unos soldados obligan a otros dos palestinos que acompañan a Amro a abandonar la calle porque es una zona “no autorizada” para ellos.

Según Shaul, “las restricciones de movimiento que el ejército impone, la esterilización de las zonas, prohibir a los palestinos conducir, abrir tiendas” tienen un objetivo más allá de las “razones de seguridad”. Se trata, opina este exmilitar, de “avanzar la ocupación” porque “cada centímetro cuenta”.

“Estamos a punto de cumplir 51 años de ocupación, en abril, 50 años de asentamientos (judíos) en Hebrón. Durante un tercio de la existencia de Israel, este es el proyecto nacional del Estado: asegurarse de que nuestros recursos diplomáticos, económicos y políticos van para mantener, preservar y consolidar un absoluto estado de control militar sobre los palestinos”, denuncia.

“La gran mayoría de nosotros no podemos ni imaginar una realidad en la que no existe la ocupación, así de mala es la realidad”, se lamenta.

“Apartheid”

“Lo que hemos visto hoy es algo parecido al ‘apartheid’, así que no podemos mantenernos en silencio”, dice a Efe el alemán Norbert Neuser, comparando la ocupación israelí en Hebrón con el régimen de segregación racial que imperó en Sudáfrica hasta principios de la década de 1990, una década en la que los acuerdos de paz de Oslo para Oriente Medio infundieron esperanza en el fin del conflicto en la región.

Dos décadas y media después, casi no quedan esperanzas.

“Lo puedes sentir, es un espíritu de odio”, resume a Efe la sueca Soraya Post, convencida -como otros compañeros en este viaje- de que muchos de sus colegas en el Parlamento Europeo ignoran la realidad cotidiana de Hebrón.

“Ni siquiera se nos permite -se queja- estar donde queremos en la calle. Queremos mirar, queremos tener nuestra propia experiencia sobre esto y en el futuro veremos qué podemos hacer para ayudar a ambas partes (…) Queremos paz, queremos amor en este país”.

Shaul les pide intervención internacional. Sin ella, argumenta, “no vamos a ver un cambio en las políticas de la ocupación; vamos a ver más de lo mismo (…) la consolidación de la ocupación, la expansión de los asentamientos”.

“Para muchos de los israelíes, tristemente la ocupación es como una fuerza de la naturaleza, un orden natural: necesitamos seguir controlando a los palestinos, no hay un incentivo para pararlo”, agrega.

Falta de voluntad política para el diálogo de paz

“Nosotros pensamos que la UE tiene que hacer más, pero es verdad que la UE hace mucho en términos de tratar de crear las condiciones para la conversación”, admite Valenciano. 

Pero, destaca, “todos sabemos que la conversación tiene que producirse entre israelíes y palestinos, que la comunidad internacional puede servir de influencia, pero al final necesitamos voluntad política de ambas partes para que esa conversación se produzca”.

Neuser aporta que la Unión siempre está atenta a la cuestión palestina pero razona que tiene margen para actuar más: “Creo que en lo relativo a asuntos comerciales con Israel, tenemos que presentarnos con una posición clara. No podemos tener un acuerdo con Israel e ignorar las violaciones de los derechos humanos” que comete.

Parecida opinión tiene Freund, para quien “la Unión Europea tiene que desempeñar un papel más fuerte como sujeto de política exterior”.

“El problema de la Unión Europea es que no habla con una sola voz. Y creo que es importante para los 500 millones de europeos que haya una política exterior fuerte, sólida, común. Sólo eso será capaz de cambiar la situación aquí o en cualquier otro sitio donde las cosas van mal”, se convence.

Freund además recuerda que conflictos como el de Siria y el del Yemen o la situación en Irán han motivado que “la causa palestina pase al segundo o incluso tercer plano de debate en la agenda” europea. “Siempre he argumentado que lo más importante en esta región es resolver el problema palestino”.

“”Cuando volvamos a Bruselas (…) me gustaría contarles a mis colegas cómo es la vida en Hebrón o en el resto de los territorios ocupados, porque no creo que tengan la menor idea”, promete.

Por María Sevillano, con edición de Julia R. Arévalo

 

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